Estrasburgo: El peligro de las relecturas

12 / 07 / 2019 - Francisco J. CABRERA - Tiempo de lectura: 4 minutos

Print Friendly, PDF & Email
La propuesta de Marie-Eve Signeyrole sacrificó el libreto de Mozart por la contemporaneidad del montaje © ONR / Klara BECK
La propuesta de Marie-Eve Signeyrole sacrificó el libreto de Mozart por la contemporaneidad del montaje © ONR / Klara BECK
La propuesta de Marie-Eve Signeyrole sacrificó el libreto de Mozart por la contemporaneidad del montaje © ONR / Klara BECK
La propuesta de Marie-Eve Signeyrole sacrificó el libreto de Mozart por la contemporaneidad del montaje © ONR / Klara BECK

Opéra National du Rhin

Mozart: DON GIOVANNI

Nueva producción

Nikolay Borchev, Michael Nagl, Jeanine De Bique, Sophie Marilley, Alexander Sprague, Patrick Bolleire, Anaïs Yvoz, Igor Mostovoi. Dirección: Andreas Spering. Dirección de escena: Marie-Eve Signeyrole. 25 de junio de 2019.

Cuando la crítica de un clásico absoluto como Don Giovanni tiene que empezar explicando el concepto que la regista ha ideado para sustituir al libreto de todos conocido, mal vamos. Resumiendo: para Marie-Eve Signeyrole, Don Giovanni es una especie de estrella mediática que realiza una performance ­–copiada de la realizada por Marina Abramović en el MoMA de Nueva York en 2010– en la que el protagonista está sentado inmóvil y los espectadores son invitados por turno a sentarse enfrente y hacerle lo que le venga gana a cada uno. Todo esto en el primer acto, en el que, según Da Ponte, Don Giovanni intenta a seducir a Donna Anna y Leporello le canta el catálogo a Donna Elvira. Toda similitud es pura coincidencia.

El segundo acto se desarrolla durante una cena con numerosos invitados en la que Don Giovanni aparece comportándose como un animal, escena ésta copiada literalmente de la película sueca The Square, de Ruben Östlund. ¿Dónde está, entonces, la originalidad en copiar performances o escenas de una película? ¿La ONR ha tenido que pagar royalties a los autores? Si otras personas, incluidos críticos de ópera, se dejaron seducir (o engañar) por la propuesta de la regista, quien firma estas líneas se quedó como el Comendador, de piedra… Por supuesto, ni este resultó ser de piedra ni tampoco el padre de Donna Anna, sino el camarero de un bar. Para más inri, Don Giovanni muere envenenado por Leporello. Casi nada.

Esta producción ni siquiera se libró de un pequeño escándalo entre bambalinas. Tras dirigir un par de representaciones y sufrir duras críticas de la prensa especializada, el director de orquesta Christian Curnyn cedió su puesto a Andreas Spering, quien dirigió las representaciones restantes, como la de esta crítica. Por desgracia, el cambio no consiguió evitar un gran número de desajustes lamentables entre foso y escenario.

A todo esto, el canto resultó más bien discreto. El Don Giovanni de Nikolay Borchev estuvo muy metido en su papel, pero vocalmente resultó poco interesante; la Donna Anna encarnada por Jeanine De Bique fue intensa pero evidenció una urgente necesidad de mejorar su dicción italiana; el Don Ottavio interpretado por Alexander Sprague fue frustrarte y la Zerlina de Anaïs Yvoz sufrió más que nadie los desajustes orquestales acompañada de un Masetto muy poquita cosa. Solo se salvaron el Leporello de Michael Nagl, la Donna Elvira de Sophie Marilley y el Comendador de Patrick Bolleire, sin que ninguno de ellos fuera como para tirar cohetes.

Resumiendo, un espectáculo ciertamente impactante pero que no tuvo absolutamente nada que ver con la ópera de Mozart, cosa que, como ya se sabe, no tiene ninguna importancia hoy en día.