Esencia rossiniana en el Villamarta

Jerez de la Frontera

14 / 06 / 2021 - Nicolás MONTOYA - Tiempo de lectura: 3 min

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barbiere Vilamarta 'El barbiere di Siviglia' en el Villamarta © Teatro Villamarta

Teatro Villamarta

Rossini: IL BARBIERE DI SIVIGLIA

Manel Esteve, Clara Mouriz, Quintín Bueno, Fabio Capitanucci, Núria García-Arres, David Lagares, Juan Guerrero. Dirección musical: Carlos Aragón. Dirección de escena: Giulio Ciabatti. 10 de junio de 2021.

La apuesta por una ópera tan popular como Il Barbiere di Siviglia siempre es segura. Lo que hace la producción de Amigos Canarios de la Ópera es un intento de volver a los orígenes para ofrecer la sencillez que impuso su autor en los años en que la compuso logrando un recorrido genial por el bel canto rossiniano.

El conflicto dramatúrgico se plantea desde la obertura, en la cual el staccato crea impronta. La tensión teatral la plantea Figaro desde su primera aria tejiendo, a su antojo, poder abrirse paso en su querida Sevilla con su «Largo al factotum». La dirección escénica de Giulio Ciabatti, cargada de maestría, consiguió crear el ambiente apropiado. La orquesta y su director musical, con un trabajo exhaustivo, hicieron el resto. Una orquesta disminuida por las necesidades de distancia entre atriles, pero entregada a las necesidades instrumentales, destacando las cuerdas y el apoyo del clavicémbalo en el bajo continuo. Una serie de voces solistas bien coordinadas fue el complemento perfecto, destacando la labor de los dos protagonistas, un Figaro cómico y redondo en la voz y en la expresividad corporal, con el cual Manel Esteve acierta en el fraseo destacando el timbre en los tramos medios, y una Clara Mouriz como una Rossina de buena proyección, ductilidad, calidad en los graves y una coloratura agraciada y muy acorde a las exigencias de la partitura.

"Un Figaro cómico y redondo en la voz y en la expresividad corporal, donde Manel Esteve acierta en los fraseos destacando el timbre en los tramos medios

El tenor ligero Quintin Bueno, estrenándose en papeles de envergadura, interpretó a un Conde de Almaviva seguro en los agudos y con ductilidad, con potencia, también en los concertantes, y con una interpretación correcta. Fabio Capitanucci consiguió un Don Bartolo limpio con buena articulación en los agudos y fiel al libreto en los rápidos sillabati propios de un bajo cómico. David Lagares, un Don Basilio muy conseguido, añadió contundencia a su voz cálida y profunda, destacando en su aria de «La calumnia» el recorrido desde el pianísimo hasta el forte con destreza de glotis. Los personajes de Berta (Nuria García-Arres) y Fiorello (Juan Guerrero), precisos y muy dignos, estuvieron perfectamente encajados en sus apariciones aportando frescura y calidad vocal. Y como anexo a los solistas, el notario de marras, un homenaje necesario y atrevido a la mascarada de la commedia dell’arte.

El subtexto musical de Rossini fue fiel al principio de desnudar a sus protagonistas. La cavatina de Figaro y sus dúos son propios de la desfachatez. Las arias de Bartolo son lentas y monótonas. Las de Rossina, frescas y juguetonas. Las del Conde, repletas de romanticismo y las de Don Basilio, embaucadoras. Mención especial merece la actuación del coro masculino, con muy buen hacer, perfectamente engranado y siguiendo en todo momento la mano del director musical. Consiguieron transmisión y cohesión en los momentos de acoplamiento de voces en los concertantes con los solistas a pesar del hándicap de cantar con mascarillas.

En definitiva, una oda a la ópera bufa por excelencia. Las candilejas decimonónicas del escenario fueron el mejor guiño a un espectáculo de corte clásico ideado para dejar huella y divertir desde la sencillez. La trama, por su parte, y la profesionalidad de todos los integrantes, por otra, hacen el resto.  * Nicolás MONTOYA, colaborador de ÓPERA ACTUAL en Jerez de la Frontera