Bieito y Ausrine Stundyte aúnan la inconexión de Schoenberg

Bilbao

03 / 05 / 2022 - José Miguel BALZOLA - Tiempo de lectura: 3 min

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ERWARTUNG (LA ESPERA) Ausrine Stundyte y el actor Gaizka Chamizo © Teatro Arriaga
ERWARTUNG (LA ESPERA) Ausrine Stundyte, protagonsita de 'Erwartung' © Teatro Arriaga

Teatro Arriaga

Schoenberg: ERWARTUNG

Ausrine Stundyte, soprano. Dirección musical y piano:  Andrej Hovrin. Dirección de escena: Calixto Bieito. 30 de abril de 2022.

Inusitada y a la vez formidable presentación de esta insólita obra, nunca oída, sobre todo si no va acompañada de otras óperas breves de aquel tiempo, por ejemplo –usual compañera–, El castillo de Barba Azul. La partitura de Erwartung, y su estreno ahora hace unos 110 años, era en origen para soprano solista y gran orquesta, y en esa forma obtuvo éxitos y adhesiones a la vez que críticas y desafecciones despiadadas.

Su libreto, dramaturgia, color orquestal y música son sumamente abstrusos, irreales y difíciles de captar. La música está más allá del tardo romanticismo del primer Schoenberg, situándose claramente en su período de libérrima atonalidad anterior al puro dodecafonismo; en ella no se encuentra una serie de notas, ni cuatro quizá, que parezcan sugerir un ápice de una posible melodía, ni que se pueda recordar que han aparecido en algún otro momento de la narración. Todo es desestructurado en esta partitura, con sonoridades aparentemente inconexas que, sin embargo, poseen un algo que atrae y que, si no gusta, igualmente sorprende que funcione tan bien como soporte musical, tanto que con frecuencia agarra y subyuga. El argumento, acaso lo más abstruso de la obra, cuenta en verso libre los distintos estados mentales de una mujer que, de noche, sale al jardín y al bosque a buscar a su amante, y al no encontrarlo se desespera expresando una serie de cambiantes ilusiones, miedos, anhelos y desilusiones hasta que haya a su hombre muerto. Alguien ha propuesto que se trata de los estados anímicos de una mujer, durante un minuto de ansiedad y desesperación, que Marie Pappenheim, la libretista, transforma en un monólogo de media hora de duración.

"Bieito propone una eficaz reducción a piano de la obra e invierte las posiciones de espectadores y actuantes en el escenario"

Calixto Bieito muestra en su propuesta, y una vez más, su excelente mano como hombre de teatro. No osa poner la obra en su original versión con orquesta masiva, sino con una compleja y sorprendentemente eficaz reducción para piano. No solo eso, sino que invierte las posiciones de espectadores e intérpretes: aquellos ahora en el escenario y estos en todo el patio de butacas, donde la protagonista actúa moviéndose como por su jardín seguida por distintas luces móviles cambiantes de color, trasladables por la propia cantante y en medio de las cuales aparecerá el amante muerto (el actor Gaizka Chamizo), ensangrentado al más puro estilo Bieito. Convenció el pianista Andrej Hovrin, que pareció dominar la enrevesada partitura hasta hacerla parecer fácil.

Poca duda hay de que será difícil encontrar intérprete más adecuada que Ausrine Stundyte para hacer el rol de la protagonista; no hay lugar en su papel para que se pueda hablar mucho de las características de su voz, pero sí se oyó en ella todo un muestrario de calidades expresivas en los complicados recitativos y un dominio de los piani e forti en las pocas figuras musicales de su discurso. Se vio también que proyecta bien una voz rica y potente, pudiendo añadir que su actuación como actriz, además, fue verdaderamente sobresaliente. Repítase: corta, pero inusitada y formidable sesión. Y un pequeño ¡bravo! para el Teatro Arriaga que, aunque a conteo, se anima a traer a su público apuestas arriesgadas.  * José Miguel BALZOLA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL