Eros y Tánatos pernoctaron con James Shirley

Massy

14 / 02 / 2022 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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cupidanddeath-massy-operaactual (3) Una escena de la producción de Jos Houben y Emily Wilson © Opéra de Massy / Alban Van WASSENHOVE
cupidanddeath-massy-operaactual (3) Una escena de la producción de Jos Houben y Emily Wilson © Opéra de Massy / Alban Van WASSENHOVE
cupidanddeath-massy-operaactual (3) Perrine Devillers en una escena de 'Cupid & Death' © Opéra de Massy / Alban Van WASSENHOVE

Opéra de Massy

James Shirley: CUPID & DEATH

Nueva producción

Perrine Devillers, Liselot De Wilde, Yannis François, Lucile Richardot , Nicholas Merryweather, Antonin Rondepierre. Dirección musical: Sébastien Daucé. Dirección de escena: Jos Houben y Emily Wilson. 12 de febrero de 2022.

Si bien la música de esta mask se atribuye a Christophe Gibbons (1615-1676) y a Matthew Locke (1621-1677), precursores de Henry Purcell (1659-1695), la obra lleva por delante la firma del poeta y dramaturgo James Shirley (1595-1666). Este género propio de la Inglaterra del siglo XVII, mezclaba música, ballet, canto y pantomima. En desuso al cabo de pocos decenios, sus libretos y partituras han ido degradándose o desapareciendo con el tiempo. Cupid & Death es una excepción. Su argumento deriva de una fábula de Esopo: Cupido y la Muerte pernoctaron una noche en un mismo albergue. Mientras dormían un personaje intercambió sus arcos lo cual creó una confusión total en la casa: los amantes se detestaron de golpe, los enemigos se amaron en un abrir y cerrar de ojos… Todo se iba a pique hasta que el dios Mercurio restableció la paz y la concordia. En este contexto se adivinan las inmensas posibilidades que se ofrecían al director de escena y a su escenógrafo.

"Jos Houben y Emily Wilson pidieron a los cantantes acompañar con el gesto el ritmo musical y añadieron tramas secundarias afines a las intenciones del libreto"

Jos Houben y Emily Wilson entendieron perfectamente la propuesta. Buscaron, encontraron y respetaron la quintaesencia del espectáculo y, aun no teniendo en cuenta soluciones de pasado y sin transgredir las intenciones de los creadores, lo presentaron a su manera. Pidieron a los cantantes acompañar con el gesto el ritmo musical, añadieron tramas secundarias afines a las intenciones dispares del libreto sin olvidar que la finalidad de su trabajo era el de hacer pasar un buen rato al público sin degradar la obra. El envite era consecuente, y el resultado más que correcto.

Agradézcase a Sébastien Daucé haber dirigido a los nueve maestros del conjunto Correspondances con mano ligera pero maestra y firme, y con alegría y autoridad dentro y fuera del foso. La música de James Shirley, por su fineza, su extraordinaria fuerza y también por su aparente simplicidad, representó para el director más una ayuda que una dificultad.

Coronaron la noche los merecidos aplausos a los cantantes en el escenario: la silueta de Perrine Devillers y su entrega, la picardía de Liselot De Wilde, el un algo forzado personaje de Mercure de Yannis François, la chispeante Lucile Richardot, la guasa del hotelero Nicholas Merryweather y la expresividad de Antonin Rondepierre. Les acompañaron con gracia, arte y oficio Fiamma Bennet y Soufiana Guerraoui, dos artistas de gran talento.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL