Ermonela Jaho al rescate de las 'Carmelitas' de Poulenc

Múnich

13 / 06 / 2023 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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dialogues munich Una escena de la producción de 'Dialogues des carmélites' de Dmitri Tcherniakov © Bayerische Staatsoper

Bayerische Staatsoper

Poulenc: DIALOGUES DES CARMÉLITES

Ermonela Jaho, Stéphanie d’Oustrac, Emily Pogorelc, Jochen Schmeckenbecher. Bayerisches Staatsorchester, coro de la Bayerische Staatsoper. Dirección musical: Johannes Debus. Dirección de escena: Dmitri Tcherniakov. 11 de junio de 2023.

La Bayerische Staatsoper repuso Dialogues des carmélites, la última ópera de Poulenc, en la producción que firmó el director Dmitri Tcherniakov en 2010. Tras la modernidad del festival Ja, Mai, el teatro bávaro volvía a su zona de confort con esa composición-homenaje a la tradición operística. Es lícito preguntarse qué es lo que convierte a esta ópera en una obra relevante para la escena actual (el título sigue siendo muy presente; Barry Kosky lo llevará este año a Glyndebourne). Se trata verdaderamente de un tributo del compositor a los principales lenguajes operísticos de la tradición; la obra reboza conservadurismo, no solo a nivel musical, sino también a nivel argumental y sobre todo ideológico.

Es quizás la interesante estructura en cortos diálogos lo que la sigue haciendo atractiva a los ojos de los directores de escena, que más allá de esta particularidad, tienen que lidiar con la afirmación sin filtro del credo católico –el texto, obra del mismo Poulenc, se basa en un drama de George Bernanos– y con un hermetismo interpretativo inaudito en el repertorio; los herederos del compositor quisieron dejar claro, en su momento, que no estaban de acuerdo con la solución dramatúrgica de la escena final propuesta por Tcherniakov, llevando incluso la producción ante los tribunales.

"Sobre sus plegarias latinas, a las que Poulenc dedica sus mejores compases, planeó el timbre cristalino y brillante de Ermonela Jaho, quien no tardó ni una escena en sacar a relucir sus delicados agudos en piano"

Digan lo que digan los herederos, la solución de Tcherniakov es satisfactoria porque, como casi siempre en su caso, es minimalista y aunque convierte a las monjas en miembros de una secta amish y se atreve con alguna idea punzante (como el megáfono por el que el siempre inspirado Sean Michael Plumb, como el carcelero, anuncia la condena a muerte de las protagonistas), escenográficamente deja el escenario vacío y a merced de la destreza interpretativa de los cantantes. Una decisión complicada, ya que el gesto teatral no tiende a ser el punto fuerte de según qué cantante lírico: en la velada del domingo, aprobó con nota solamente Stéphanie d’Oustrac en el papel de Mère Marie. La suya fue también una de las voces destacadas de la velada, exhibiendo su timbre de mezzo oscuro y valiente en el intercambio con las otras intérpretes femeninas.

Sobre sus plegarias latinas, a las que Poulenc dedica sus mejores compases, planeó el timbre cristalino y brillante de Ermonela Jaho, quien no tardó ni una escena en sacar a relucir sus delicados agudos en pianísimo. Mención especial para el director francés Johannes Debus y  la orquesta de la Bayerische Staatsoper, potente y atenta a la rica dimensión tímbrica de la partitura, como también para el coro, principal responsable del apoteósico final de la ópera en el que, en la versión de Tcherniakov, Blanche de la Force se sacrifica para salvar a sus compañeras.  * Lluc SOLÉS, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL