CRÍTICAS
NACIONAL
En 'Roberto Devereux' Eleonora Buratto reina desde el trono de su voz
Valencia
Palau de Les Arts
Donizetti: ROBERTO DEVEREUX
Trilogía Tudor
Eleonora Buratto, Silvia Tro Santafé, Ismael Jordi, Lodovico Filippo Ravizza, Ismael Jordi, Filipp Modestov, Irakli Pkhaladze, Xavier Galán, Lluís Martínez. Cor de la Generalitat y Orquesta de la Comunitat Valenciana. Dirección musical: Francesco Lanzilotta. Dirección de escena: Jetske Miijnssen. 4 de junio de 2025.
Con Roberto Devereux el Palau de Les Arts culminó la Trilogía Tudor que inició hace dos temporadas alcanzando un éxito considerable, tal y como se informa en la crónica publicada anoche (ver este enlace). En su conjunto, este proyecto ha sido la mayor apuesta por el repertorio belcantista en la historia del joven teatro. Y considerando el resultado, la manera en la que se ha desarrollado debería servir también como modelo futuro a la hora de afrontar el bel canto romántico serio. Han sido tres producciones en las que ha destacado, por un lado, el trabajo de conjunto con tres cantantes principales que se han mantenido en las tres producciones, y, por otro, optar por un enfoque musical riguroso que evita excesos canoros innecesarios, ya que, como se sabe, el bel canto tiene en la voz su principal elemento musical: hay ornamento, hay virtuosismo y hay espectáculo en el canto mismo, pero en estas tres producciones no se ha incurrido en el abuso. No ha habido recreaciones innecesarias, ni agudos brillantes culminando páginas que dejan en segundo plano la armonía y el equilibrio de coro, voces solistas y orquesta. En general, ha sido un Donizetti serio interpretado con rigor y buen gusto.
Ahora bien, una Trilogía Tudor se construye sobre una gran soprano, y Eleonora Buratto ha hecho historia con la encarnación de estas tres reinas; la soprano italiana se encuentra en lo más alto del universo operístico gracias a un estado vocal privilegiado: su voz timbrada, redonda en todo el registro, desde el cálido grave hasta el incisivo agudo, es administrada con una técnica soberana que le permite resolver y brillar en cada reto vocal. De las tres reinas, Elisabetta tal vez sea el rol del que ha ofrecido una creación más completa, con una escena final de una intensidad dramática inaudita gracias a la amplia paleta de colores que pudo desplegar para crear claroscuros con los que brindó sentido a cada palabra. En definitiva, fue uno de los más grandes momentos interpretativos en lo vocal que se han vivido nunca en el Palau de Les Arts. En la escena no hubo trono: el trono era su voz.
Ismael Jordi, por su parte, sentó cátedra gracias a su impecable técnica interpretando a Roberto Devereux; su escena del tercer acto fue una auténtica lección de canto por fraseo, estilo y vocalidad. En cierto sentido, la valenciana Silvia Tro Santafé ha logrado firmar su propia página en el teatro de su ciudad, ya que no siempre ha recibido la consideración que se merecía en Les Arts, pero con estas tres óperas ha conseguido ocupar, en parte, el lugar que merece: su Sara fue un ejemplo de técnica y pudo hacer que su voz brillara fresca, intensa e incisiva, siempre en un impecable estilo y con un fraseo de ensueño. Fue toda una sorpresa la entrega como Nottingham del joven barítono Lodovico Filippo Ravizza de voz lírica y extraordinaria calidad tímbrica con la que embelesó encarnando a Nottingham.
Los dos títulos anteriores fueron dirigidos por Maurizio Benini, pero en esta ocasión fue el joven director romano Francesco Lanzillotta el máximo responsable musical. Gracias al trabajo de ambos maestros, la actitud de la Orquestra de la Comunitat ha cambiado en relación a este repertorio, y si antes se notaba cierta rigidez y desgana, ello ahora se ha tornado en delicadeza y flexibilidad unidas a la eterna calidad que posee la agrupación y que nunca deja de impresionar. La obertura, por ejemplo, fue todo un ejemplo de matices dinámicos huyendo de cualquier atisbo de vulgaridad. El director mantuvo el pulso interpretativo en todo momento y consiguió brillantes efectos orquestales a la vez que condujo con magistral dominio los números de conjunto.
Lo más decepcionante fue la producción Jetske Mijnssen, quien no ha sabido culminar el trabajo de esta Trilogía. La estética es común a las dos anteriores, pero aquí faltó el juego de referencias que sí supo trabajar, en parte, en las dos anteriores. El primer acto se desarrollaba en una habitación doméstica, la de la reina, mientras que los otros dos se emplazan en un espacio abierto con una gran tarima central rodeada de sillas que valía para todo. En la escena final reaparece la habitación, como intentando unir los privado y lo público (sin duda uno de los temas de la ópera), pero sin lograr con ello ningún efecto convincente. * César RUS, corresponsal en Valencia de ÓPERA ACTUAL
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