CRÍTICAS
NACIONAL
Emociones líricas con Alicia Amo, Airam Hernández y Raquel Lojendio
Santa Cruz de Tenerife
Auditorio de Tenerife
Concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Tenerife
Obras de Mozart y Debussy. Alicia Amo, soprano. Airam Hernández, tenor. Nicholas Mogg, barítono. Dirección: Víctor Pablo Pérez. 11 de abril de 2025.
Auditorio de Tenerife
Recital de RAQUEL LOJENDIO
Obras de Granados, Obradors, Abril, Ortega, Montsalvatge, Sorozábal, Torroba y otros. Chiky Martín, piano. 12 de abril de 2025.
El concierto 11 de la Temporada de Abono de la Orquesta Sinfónica de Tenerife en el Auditorio de Tenerife se inició con el Motete Exsultate, jubilate, K. 165/158a, de Mozart, una cantata escrita en 1773 para el castrato Venanzio Rauzzini, durante un viaje de Mozart a Milán cuando contaba con 17 años que, en la actualidad, suele interpretarse por una soprano con acompañamiento orquestal. Es un himno de alegría espiritual y exaltación religiosa, con un texto en latín de tono festivo pero devocional y, a diferencia de una ópera, un oratorio o una cantata narrativa, no cuenta una historia, sino que expresa un estado emocional, glorificando al Creador con luz y esperanza divina. El brillante y virtuosístico final, “Alleluia”, requiere una técnica vocal excepcional y supone un verdadero desafío por su velocidad, ornamentación y amplitud de registro. A pesar de la dificultad de la obra y de una ligera indisposición, la soprano Alicia Amo logró interpretarla con solvencia. El programa de esta primera parte se completó con la Sinfonía N.º 35 en Re mayor, K. 385, también de Mozart.
La segunda parte del programa estuvo dedicada por completo a L’enfant prodigue (El hijo pródigo), obra compuesta por Claude Debussy en 1884, con la que obtuvo el prestigioso Prix de Rome. La pieza fue escrita en tan solo tres semanas, como exigían las normas del certamen. Basada en el pasaje bíblico de Lucas 15:11-32, el libreto de Édouard Guinand pone el foco más en el drama familiar que en el aspecto religioso.
La obra exige gran expresividad vocal por parte de los intérpretes. La soprano Alicia Amo, en el papel de Lia, interpretó a la madre, quien llora desconsoladamente la partida de su hijo y teme no volver a verlo. El personaje de Azël, encarnado por el tenor canario Airam Hernández, regresa abatido y arrepentido de su vida de excesos, temiendo no ser perdonado. El reencuentro con su madre está cargado de amor, emoción y comprensión. Simeón, el padre, aquí a cargo del barítono inglés Nicholas Mogg, también le perdona con júbilo.
El estilo musical de la obra ya anticipa los rasgos característicos de Debussy, como las ricas armonías que expresan con eficacia los diversos estados de ánimo. La Orquesta Sinfónica de Tenerife, bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez —actualmente director honorario de las Orquestas Sinfónicas de Tenerife y Galicia— demostró su calidad en el acompañamiento vocal, un aspecto esencial para apreciar plenamente las variaciones tímbricas con las que los cantantes transmitieron sus emociones.
© Auditorio de Tenerife Raquel Lojendio y la pianista Chiky Martín
Raquel Lojendio recorre un siglo de canción española
Al día siguiente, en el mismo auditorio tinerfeño, la soprano canaria Raquel Lojendio, versátil y con una extensa y sólida carrera artística, deleitó el público con un programa variado que mostró, de forma diacrónica, la evolución de la creación vocal de cámara de algunos de los compositores más importantes, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.
La velada comenzó con Las tres majas dolorosas de Enric Granados (1867-1916), una obra que aborda tres tipos de dolor: el inmediato tras la pérdida, el de las lágrimas y el del recuerdo persistente. El compositor se inspiró en la tonadilla, un género lírico-teatral popular del siglo XVIII, y con esta obra buscó regenerar la canción popular urbana del momento, conocida como el cuplé, que era mal visto por los intelectuales de la época por su carga erótica.
A continuación interpretó la bellísima canción De cabello más sutil de Fernando Obradors (1897-1945), compositor barcelonés, seguida de Adiós ríos, adiós fuentes de Joaquín Rodrigo (1901-1999), más conocido por su música guitarrística. Sin embargo, es en sus canciones donde alcanza una expresión especialmente rica. Esta pieza, perteneciente al ciclo Rosaliana con textos de Rosalía de Castro, fue interpretada por Lojendio con impecable dicción en lengua gallega. La primera parte concluyó con las Cinco canciones negras de Xavier Montsalvatge (1912-2002), una obra clave en su proyección internacional, que destaca por sus nuevos matices, colores y texturas, muy acordes con su temática antillana.
La segunda parte del recital se inició con Anton García Abril (1933-2021) y sus Canciones de Valldemosa, inspiradas en la historia de amor entre Chopin y George Sand durante su estancia en la Cartuja de Valldemosa (Mallorca) en 1838. Le siguió Miguel Ortega (1963), compositor, director de orquesta y repertorista, con tres piezas: Romance de la luna, luna, Memento y Canción del jinete, donde mostró su dominio de la canción de concierto contemporánea.
En la parte final del recital, la soprano optó por la romanza «No corté más que una rosa», del sainete lírico La del manojo de rosas de Pablo Sorozábal (1897-1988), seguida de la Petenera de la zarzuela La Marchenera, del maestro Federico Moreno Torroba (1891-1982). El concierto concluyó con la popular «De España vengo», de El niño judío de Pablo Luna (1879-1942), una de las piezas más reconocidas y versionadas del repertorio lírico español. El público, visiblemente emocionado, ovacionó de pie a la artista en repetidas ocasiones. Como propina, Lojendio ofreció una bellísima canción dedicada como homenaje a la gran soprano canaria María Orán. * Estrella ORTEGA, corresponsal en Santa Cruz de Tenerife de ÓPERA ACTUAL
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