Emocionante fin de temporada en ABAO

Bilbao

20 / 05 / 2024 - Nora FRANCO MADARIAGA - Tiempo de lectura: 3 min

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puccini bilbao La producción de 'La Bohème' de Leo Nucci © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
puccini bilbao La producción de 'La Bohème' de Leo Nucci © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
puccini bilbao Celso Albelo como Roldolfo y Miren Urbieta-Vega como Mimì © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL

ABAO Bilbao Opera

Puccini: LA BOHÈME

Miren Urbieta-Vega, Celso Albelo, Marina Monzó, Manel Esteve, José Manuel Díaz, David Lagares, Fernando Latorre, Aitor Garitano. Dirección musical: Pedro Halffter. Dirección de escena: Leo Nucci. Palacio Euskalduna, 18 de mayo de 2024.

A pesar de ser una de las óperas más representadas, La Bohème tiene la gran virtud de ofrecer en cada escucha una nueva experiencia, dependiendo del enfoque que le impriman tanto directores como cantantes. Sin embargo, intentar aportar algo distintivamente nuevo a esta obra maestra de la lírica de todos los tiempos, tan conocida, es complicado y muchos se debaten entre aferrarse a una interpretación más clásica y conservadora o arriesgarse con una visión más personal.

Pedro Halffter, director musical de este título que cierra la temporada de ABAO Bilbao Opera (ver previa en este enlace), optó por jugar sus mejores bazas presentando una lectura mucho más estudiada y elaborada que la que mostró en 2018 en el mismo escenario, lo que dotó a la obra de coherencia estructural y riqueza musical que la Bilbao Orkestra Sinfonikoa supo materializar con maestría; en cambio, esta misma minuciosidad sumó peso a la parte orquestal, provocando cierto desequilibrio entre foso y escena, tarea fundamental que a Halffter le costó casi un acto entero encauzar. Además, fiel a su personal versión de la obra, el director madrileño escogió tiempos demasiado lentos que en muchos momentos encorsetaron el resultado.

"El tenor canario Celso Albelo cantó con voz generosa, muy timbrada y de agudo fácil y vibrante, dando vida a un Rodolfo contenido y muy emocionante"

La mencionada falta de balance del primer acto opacó la presentación de los bohemios, aunque supieron sobreponerse una vez superados los hándicaps iniciales. El barítono José Manuel Díaz interpretó a Schaunard con soltura, voz cómoda y fraseo elegante, y el bajo David Lagares pudo lucir su voz oscura y sedosa en la emotiva aria del último acto “Vecchia zimarra senti”. Muy bien también Fernando Latorre en su doble papel de Benoît y Alcindoro, con el canto franco y distinguido que le caracteriza. Manel Esteve defendió con éxito el complicado rol de Marcello, papel que lleva parte del peso de la obra sin momentos de lucimiento vocal en solitario más allá de sus hermosos dúos con Mimì y Rodolfo; el barítono catalán aportó una voz redonda, amplia, homogénea y de cálido color, aunque pagó la factura de este eterno segundo plano con una interpretación un poco fría según le marcó la dirección de escena. La soprano Marina Monzó cantó con total seguridad y estilo, con voz ligera y dulce, el papel de Musetta, del que destacó un exquisito y melancólico “Quando m’en vo”. Por su parte, el Rodolfo del tenor canario Celso Albelo en su debut en España en este papel pucciniano, se escuchó con una voz generosa, muy timbrada y de agudo fácil y vibrante, dando vida a un amante contenido y muy emocionante. Cierra el elenco la soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega, que, más que dibujar, esculpió una Mimì inocente y candorosa, sí, pero sobria, fuerte y serena, lejos de esa imagen frágil tan habitual; su canto, cómodo, rico en matices, con graves pulposos y agudos sin aristas, consiguió conmover sin aspavientos ni estridencias.

La dirección escénica de Leo Nucci –repuesta aquí por Salvo Piro– y con escenografía de Carlo Centolavigna, ofreció la versión más clásica posible, ciertamente impecable, con un claro sabor a “vieja escuela” en la típicamente colorida y abigarrada escena del Café Momus –por cierto, muy bien el Coro de Ópera de Bilbao y los niños y niñas de Leioa Kantika Korala–. Y es que da igual cuántas buhardillas parisinas haya visitado ya el oyente, que siempre quedará atrapado en La Bohème como si fuera la primera vez.  * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL