Emocionante cierre de temporada a ritmo de vals

Zúrich

17 / 07 / 2020 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

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La sala de la Opernhaus de Zúrich © Opernhaus Zürich / Dominic BÜTTNER
Beczala LesArts Piotr Beczala fue uno de los protagonistas en la despedida de la temporada de Zúrich. En la imagen, el tenor polaco en un recital en Valencia © Palau de Les Arts / Mikel PONCE

Opernhaus Zürich

Gala de Opereta

Obras de Lehár, Stolz, Strauss y Kálmán. Camilla Nylund, soprano. Piotr Beczala, tenor. Dirección: Fabio Luisi. 12 de julio de 2020.

No podía terminar mejor el Finale zuriqués que, con una gala de opereta, la vienesa, protagonizada por la soprano finesa Camilla Nylund y el tenor polaco Piotr Beczala y con Fabio Luisi frente a la orquesta de la casa. Si el origen del género lo situamos en el París del siglo XIX y concebido más como un espectáculo de variedades, con cuplés, cancán, y demás números que se intercalan a una trama algo absurda, el vienés es un género más burgués y con argumentos de sabor agridulce. La música del género vienés también se empapa de esa estela más almidonada junto a edulcoradas melodías y canciones del folclore local.

La noche empezó a ritmo del vals “Gold und Silber” de Lehár, con la enérgica y matizada batuta del maestro del teatro, ante una orquesta en pleno que mantenía la seguridad marcada por el fantasma de la Covid-19. Este era uno de los interrogantes, cómo se situarían y qué sonoridad se conseguiría. El resultado no podía ser más feliz y se transmitió en todo momento al reducido y afortunado público que abonó un precio simbólico por sus entradas, que se agotaron a los minutos de salir a la venta.

Esta gala no solo tenía connotaciones musicales, si no, de algún modo, mostrar que a pesar de la situación que toca vivir, es posible mantener la cultura a flote y mantener la seguridad requerida. De hecho, que este concierto sea lo único que se salvó de la temporada cancelada de la Opernhaus y que estaba previsto que tuviera lugar en el mes de junio con los mismos intérpretes, también le daba una connotación emocional singular.

"Camilla Nylund destacó por un instrumento muy nórdico, de reluciente esmalte y metal y de amplia proyección que dominaba a su antojo tanto en el registro agudo como en las notas más profundas"

Camilla Nylund impactó por una presencia escénica aristocrática, con ese vestido principesco que lució para Der Favorit (Stolz) y para el “Vilja-Lied” de La Viuda Alegre (Lehár). Destacó por un instrumento muy nórdico, de reluciente esmalte y metal y de amplia proyección que dominaba a su antojo tanto en el registro agudo como en las notas más profundas. A partir de las Csárdás de “El Murciélago” (Strauss), se transformó en una variante más descocada y folclórica. Nylund intentó darlo todo para demostrar su valía, pero la cantante finesa dejó al público algo indiferente por una frialdad escandinava, más cerca de la interpretación hierática que de la pseudo-delicadeza burguesa de la Viena del XIX.

Sin embargo, la noche se saldó con dos grandes triunfos, el de Beczala que volvía a “su” casa y el público quería aplaudirle con ganas y el de Luisi y la Philarmonia que entusiasmó por su constante entrega. La emoción se palpaba en cada una de sus intervenciones en solitario, como la magnífica obertura de Una noche en Venecia (Strauss) o la Polka “Unter Donner und Blitz” (Strauss). A Beczala se le ovacionó sobremanera en la célebre “Dein is mein ganzes Herz” de El País de las Sonrisas (Lehár) que levantó la exaltación del público, por ese canto elegante, entregado y tan musical. El tenor polaco gustó mucho también en la página de Giuditta del mismo compositor, pero no consiguió arrancar la misma emoción en los números junto a su compañera. Un único bis cerró la gala, la célebre “Lippen Schweigen” de La viuda alegre, esta vez sin el socorrido vals, hay que mantener la distancia de seguridad.