El talento de Davidsen y De Tommaso, voces al rescate

Barcelona

12 / 01 / 2024 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 2 min

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davidsen de tommaso La soprano Lise Davidsen y el tenor Freddie de Tommaso en el Liceu © Gran Teatre del LIceu

Gran Teatre del Liceu

Recital de LISE DAVDISEN Y FREDDIE DE TOMMASO

Obras de Wagner, Verdi, Puccini, Giordano, Chaikovsky, Tosti y otros. James Baillieu, piano. 11 de enero de 2024.

La primera vez que se dijo aquello de que «Ya no hay voces como las de antes» quienes así opinaban lucían aún pelucas empolvadas. Ahora quizá no les faltaría la razón si el parangón se hace con los acumulados fulgores de épocas pretéritas, especialmente si a este componente esencial del espectáculo operístico se le trata con el menosprecio que vienen adoptando últimamente las programaciones de los teatros y quienes rigen sus destinos, pero pretender que en unos pocos ciclos reproduzcan más de seiscientos años de esplendor vocal sería poco equitativo. Voces, sin embargo, las hay y el recital a dúo que en esta ocasión ha preparado el Liceu podría dar algunos indicios de ello.

Lise Davidsen arrasó en su presentación liceísta en el anterior curso (ver crítica en este enlace) y ha vuelto a confirmar la autoridad de su canto en este recital que unía su talento a un prometedor Freddie De Tommaso, galardonado en la edición de 2018 del Concurso Tenor Viñas y debutante a última hora en los repartos de la Carmen de Bieito (como se la conoce ahora). El instrumento de la soprano noruega es excepcional por cuerpo y extensión, con un agudo de inusual brillantez y una cavata en la emisión que le permite imponer una vocalidad de primera fuerza. Queda aún por resolver cierta descompensación en la gradación de las dinámicas que de alguna manera atenúa la regularidad de la línea de canto –su versión de “Morrò, ma prima in grazia” de Un ballo in maschera, por ejemplo, resultó más ajustada que el dúo de la misma ópera— pero el imperio vocal está ahí y eso ya no hay quien lo mueva. Y si se puede argüir, con cierta razón, que el aria de Lisa de La dama de picas quedó un tanto opaca, sus Lieder de Schubert –los de siempre— fueron magistrales.

"El instrumento de la soprano noruega es excepcional por cuerpo y extensión, con un agudo de inusual brillantez y una 'cavata' en la emisión que le permite imponer una vocalidad de primera fuerza"

En Fredie De Tommaso hay madera de buen tenor, de esos tenores que han pasado horas escuchando los discos de Carlo Bergonzi. Voz bien timbrada, segura en el registro superior y con una capacidad para la smorzatura muy notable, exhibida sin vacilaciones en los remates de “La mia letizia infondere” en el lamento  de L’Arlesiana, con esta emisión abierta, pero cubierta que es patrimonio de los cantantes de buena técnica. Brilló en las canciones italianas, incluida la napolitana“Tu can un chiagne” del breve capítulo de propinas, y dejó abierto el horizonte para una futura carrera que puede augurarse como brillantísima. La voz no es grande —¿es que hay voces grandes aún?— , pero la proyección es más que suficiente. Aumentan las expectativas ante sus próximas apariciones aquí en ópera escenificada.

Al acompañamiento pianístico de James Baillieu no se le exigía mucho e hizo los deberes con modosa corrección.

Cabría hacer aún una observación marginal: el teatro no estaba lleno. Quienes dejaron de acudir a una cita tan golosa como esta tendrán ahora motivos para lamentarlo.  * Marcelo CERVELLÓ, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL