El público se vuelca con Domingo en el Universal Music Festival

Madrid

20 / 07 / 2022 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Plácido Domingo en la Ópera Nacional de Hungría Plácido Domingo en un concierto en la Ópera Nacional de Hungría © Ópera Nacional de Hungría

Universal Music Festival

Concierto de SONYA YONCHEVA Y PLÁCIDO DOMINGO

Obras de Verdi, Giordano, Massenet y Thomas. Sonya Yoncheva, soprano. Plácido Domingo, tenor. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical: Jordi Bernàcer. Teatro Real, 17 de julio de 2022.

Convocado por el Universal Music Festival, entró Plácido Domingo en el escenario del Teatro Real y el recibimiento fue una ovación cerrada del público de más de dos minutos. Y en ese punto es fácil dejarse caer en ese viejo hábito de interpretar la parte por el todo y titular la crítica: “Madrid condona a Plácido Domingo”. O indulta. O absuelve. Pero lo cierto es que la impresionante acogida se la dispensó el público asistente y que no llenaba el Teatro Real, no la ciudad de Madrid al completo. Tampoco se trataba del público abonado a la temporada del coliseo lírico madrileño, porque el concierto, que Domingo compartía con Sonya Yoncheva, estaba organizado por Universal Music y fuera de la programación propia del Real. Situaciones complejas y ambientes enrarecidos para un asunto que ha despertado infinitos debates en redes durante los días previos al concierto.

En cualquier caso, las continuas ovaciones fueron sin duda una demostración de fuerza que debió resultar reconfortante para el artista, vista la emoción que demostró. También se tuvo la sensación de que las piezas elegidas no solo se cantaban por acomodación con el estado vocal de Domingo, sino con un punto reivindicativo: su primera frase fue “¿Enemigo de la patria? Es un viejo cuento…” de Andrea Chénier, y entre sus siguientes intervenciones estuvo ese “Gigante me creía” o el alegato de Hamlet. La ópera sigue siendo un vehículo privilegiado para trasladar mensajes; le ocurre desde que nació tarareando el himno de los Gonzaga en L’Orfeo de Monteverdi en 1607. Nada nuevo.

"El volumen, la afinación, el control del vibrato y la administración de los recursos de Domingo siguen estando ahí cuando hace al menos una década que deberían haber caducado"

En lo estrictamente vocal, cantar como lo hace Domingo, con 81 años, es un absoluto prodigio. No se puede decir que su perfil dramático y su inteligencia musical compensen todas las carencias evidentes que trae la edad (fiato incluido), pero el volumen, la afinación, el control del vibrato y la administración de los recursos siguen estando ahí cuando hace al menos una década que deberían haber caducado. Su Germont en la escena Madamigella Valery?” de La traviata fue el punto álgido de su actuación sobre el papel, aunque luego se desató el delirio en los bises con “Amor, vida de mi vida” de Moreno Torroba (uno de sus caballos de batalla en las giras de los Tres Tenores) y el famoso dúo de El gato montés. Antes, Hamlet, Macbeth y Amonasro.

Sonya Yoncheva estuvo soberbia en buena parte de sus intervenciones, mostrando ese control del fiato que acostumbra y homogeneidad en el cambio de registro. Buscó la variedad de colores de su timbre en “Pleurez, pleurez”, de Le Cid de Massenet y emocionó en las escenas a dúo, particularmente en Traviata. Por su parte Jordi Bernàcer dirigió a la Orquesta Titular del Teatro Real de forma muy enérgica, centrándose en los timbres antes que en las dinámicas. En un primer momento no moderó el volumen de la agrupación, lo que penalizó a Domingo, pero con el paso de las arias se fue matizando y acompañando con gusto en las escenas completas. Más ovaciones para acabar un concierto de alto nivel donde los símbolos parecieron tener más peso que las realidades musicales.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL