El Orlando de Virginia Woolf y Olga Neuwirth

Viena

23 / 12 / 2019 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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Kate Lindsey destacó en el rol protagonista de Orlando © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN
Lindsey, junto al barítono Leigh Melrose © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN
Orlando Un momento de la elaborada producción de Polly Graham © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN

Viena Staatsoper

Olga Neuwirth: ORLANDO

Estreno absoluto

Kate Lindsey, Anna Clementi, Eric Jurenas, Constance Hauman, Agneta Eichenholz, Leigh Melrose. Dirección: Matthias Pintscher. Dirección de escena: Polly Graham. 20 de diciembre de 2019.

El titular ha sido reproducido en la prensa, especializada o no, de medio mundo: por primera vez en sus 150 años de historia, la Ópera Estatal de Viena llevaba a escena una obra lírica de una compositora. Un primer paso tardío que evidencia que aún queda mucho camino por recorrer. El teatro tuvo el acierto de encargar la nueva ópera a Olga Neuwirth (1968), compositora austriaca cuyas anteriores piezas de teatro musical rompen sin complejos con las barreras estilísticas y formales, por ejemplo, adaptando a la escena una película de David Lynch o reescribiendo la Lulu de Berg.

La elección de Orlando encaja a la perfección con la mentalidad de Neuwirth, ya que la novela de Virginia Woolf sigue las andanzas de un caballero de la era isabelina que vive a través de los siglos cambiando de sexo por el camino. El libreto en inglés de la propia compositora y Catherine Filloux abre el foco y plantea una amplia mirada histórica que llega hasta la actualidad (el libro culmina en 1928) y se proyecta en el futuro. La identidad fluida de Orlando lo convierte en un testigo perfecto de los males del mundo a lo largo de los siglos. El abuso a menores de la época victoriana, los horrores de múltiples guerras, el Holocausto o las rampantes tendencias reaccionarias de nuestra atribulada época, con demasiados voluntarios ávidos de recortar derechos, son algunos de los elementos de un discurso en el que no falta la defensa acérrima del papel de la mujer, de la libertad en escoger la propia identidad o las reivindicaciones que plantean los compañeros de generación de Greta Thunberg.

"La Ópera de Viena no se mostró rácana ante el esfuerzo que suponía llevar a escena una obra como Orlando, que combina una nutrida orquesta enriquecida por elementos electrónicos pregrabados y en directo, así como algún registro de archivo"

De hecho, la agenda ideológica viene tan cargada que el desarrollo de la ópera se resiente, en especial en la segunda parte de esta “biografía musical de ficción en 19 escenas”, como si Neuwirth no quisiera dejarse nada en el tintero ante la oportunidad de ocupar escenario tan ilustre (y de fama conservadora). Musicalmente, es también la parte final de la partitura, alargada en exceso, la que se resiente y el estilo fragmentado de la autora, que combina gestos vanguardistas, guiños al rock y evocaciones y citas más o menos disimuladas (desde la polifonía isabelina hasta Stravinsky), cae en la dispersión. Quizá si las dosis de ironía, presentes en la novela original, hubieran sido mayores, el resultado sería más convincente.

La Ópera de Viena no se mostró rácana ante el esfuerzo que suponía llevar a escena una obra como Orlando, que combina una nutrida orquesta enriquecida por elementos electrónicos pregrabados y en directo, así como algún registro de archivo (el Concierto para dos violines de Bach por los Rosé mientras en el escenario se proyectan los nombres de otras víctimas de la Shoah). Matthias Pintscher aseguró desde el foso la conjunción de todos estos elementos, a la vez que ponía al servicio de la música de Neuwirth la opulencia consubstancial a la orquesta vienesa.

Kate Lindsey dominó con autoridad vocal y escénica el amplio reparto, un Orlando que evoluciona desde la tesitura grave en las escenas como hombre hasta una escritura más aérea, pero siempre expresiva. Casi similar protagonismo asumió la recitadora Anna Clementi, mientras que el resto de personajes cantados eran más bien viñetas aisladas de escaso desarrollo, pero ello no impidió al contratenor Eric Jurenas (Ángel Guardián), al barítono Leigh Melrose (Shelmerdine/Greene) y a la soprano Agneta Eichenholz (Sasha/Castidad) dejar su huella. Mención especial merece Justin Vivian Bond, performer trans de Nueva York que, como hijo de Orlando, dominó todas las escenas en las que aparecía.

La efectiva producción de Polly Graham se sustentaba a nivel visual en los vídeos de Will Duke (un perfecto resumen de la historia del siglo XX) y en los exuberantes y coloristas vestidos de la conocida marca de moda Comme des Garçons. Pese a los reparos expuestos, Orlando afronta de cara su carácter ambicioso y ofrece más de una escena altamente estimulante.