El 'Òh!pera' 2026 mira al flamenco, la electrónica y la melodía

Barcelona

03 / 07 / 2026 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 6 min

Òh!pera' 2026 del Liceu 'La vida por los cuernos' del proyecto 'Òh!pera' 2026 del Liceu © Gran Teatre del Liceu / Sergi PANIZO
Òh!pera' 2026 del Liceu 'Jo Núvol' del proyecto 'Òh!pera' 2026 del Liceu © Gran Teatre del Liceu / Sergi PANIZO
Òh!pera' 2026 del Liceu 'Opereta' del proyecto 'Òh!pera' 2026 del Liceu © Gran Teatre del Liceu / Sergi PANIZO

Festival Grec - Gran Teatre del Liceu

Ò!PERA 2026

Estrenos Absolutos

LA VIDA POR LOS CUERNOS. Música: Anna Colom. Libreto: Pablo Macho Otero. Aseel Massoud, Pere Martínez, Rubén Heras. Dirección musical: Exequiel Coria. Dirección de escena: Alexandre Rodríguez i Fons.

JO, NÚVOL. Música: Sergi Puig Serna. Libreto: Alicia Kopf. Montserrat Boixadera, Pau Camero, Anna Climent, Glòria Garcia Garrido. Dirección musical: Miquel Massana. Dirección de escena: Lucia del Greco.

OPERETA. Música: Arnau Brichs. Libreto: Pol Guasch. Larraitz Navas, Héctor Ruiz, Arnau Segura. Dirección musical: Marcel Ortega i Martí. Dirección de escena: Marc Salicrú. Recinte Fabra i Coats, 2 de julio de 2026.

Una vez más dentro de la programación del Grec Festival de Barcelona, el proyecto Òh!pera del Gran Teatre del Liceu y el Disseny Hub han vuelto a apostar por la exploración de los límites del género lírico mirando a nuevos formatos y –sobre todo– a nuevas voces teatrales. En su quinta edición, renace la experimentación, el cruce de expresiones y lenguajes concebidos por compositores, libretistas y directores de escena –asistidos por estudiantes de Eòlia Centre Superior d’Art Dramàtic– tan jóvenes como los responsables de la interpretación –cantantes y músicos exalumnos del Conservatori Liceu– y los diseñadores del apartado plástico de los montajes. Con el director de escena Àlex Ollé como guía principal –junto a profesionales de cada apartado técnico y artístico–, este año se han presentado tres microóperas de formatos, estilos y conceptos disímiles, abandonando eso sí esos edificantes rincones del Liceu en los que acostumbraban representarse dando un especial carácter a la propuesta, para instalarse en el barrio de Sant Andreu, en los fantásticos equipamientos del Recinte Fabra i Coats (ver previa en este enlace).

En todo caso, al no tratarse de espacios con la acústica óptima, las tres óperas se ofrecieron amplificadas, lo que atenta contra lo más sagrado de la ópera, que es la magia del canto lírico al natural.

"Al no tratarse de espacios con la acústica óptima, las tres óperas se ofrecieron amplificadas, lo que atenta contra lo más sagrado de la ópera, que es la magia del canto lírico al natural"

La vida por los cuernos, de la compositora Anna Colom y libreto de Pablo Macho Otero, arrancó la velada dejando un sabor agridulce, ya que a la atractiva propuesta escénica de Alexandre Rodríguez i Fons, al espléndido vestuario y escenografía de Idep Barcelona y al eficaz grupo instrumental dirigido por Exequiel Coria, se les unió una materia prima –partitura y libreto– con desequilibrios evidentes. Musicalmente el nivel de los números de flamenco era el adecuado –muy bien defendido, en la parte vocal, por el cantaor Pere Martínez–, en contraste con la sencillez y poco ambiciosa partitura lírica, desaprovechando, además, a la soprano Aseel Massoud, capaz de mucho más tal y como demostró en sus intervenciones.

Las bromitas del libreto no tenían ninguna gracia insertas en una narración dramática en la que no venían a cuento. Del mismo modo, forzar la acentuación de palabras para adecuarlas a la música acaban inventándose términos como “mirandólo” y “brasá” en lugar de “mirándolo” y “brasa”.

El nudo argumental de este híbrido entre ópera y flamenco, por otra parte, era tan sencillo como atractivo al mirar al mito de Teseo (aquí, un torero), Fedra e Hipólito (este último a cargo del bailaor Rubén Heras), adentrándose en el deseo y el poder pero ambientado todo ello en un mundo propio de la tauromaquia, con una sugerente iluminación de Hannah Blisky (Institut del Teatre).

Con un complejo diseño sonoro de Sergi Puig Serna, tirando de percusión, saxo, violonchelo, piano y electrónica, todo muy bien ensamblado por el maestro Miquel Massana, Jo, Núvol, contó con un libreto de ciencia ficción de Alicia Kopf. La historia narra la reprogramación de la memoria de una mujer en tiempos del absoluto dominio de la inteligencia artificial; ello lo explicaba la dirección de escena de Lucia del Greco, que hizo lo que pudo con el material de los creadores, bastante imposible de manipular teatralmente. En escena jugó un papel fundamental la iluminación de Helena Mateos-Serna (Institut Del Teatre), una gran pantalla a cargo de alumnos de La Salle-Url y dos concentradas bailarinas, Anna Climent y Glòria Garcia Garrido, perfectas en sus gestos robóticos, muy bien coreografiados por Ariadna Monfort.

La música de Puig, ácida, fría y fragmentaria, se completaba con las líneas vocales a cargo de la soprano Montserrat Boixadera, nada cómoda en las exigencias de dinámica que debía solucionar, y del barítono Pau Camero, que tampoco se escuchó proyectando con soltura.

Cerró la trilogía Opereta, un espectáculo con una partitura que indaga en la tradición melódica en un entorno tan urbano y cotidiano como es un accidente de tráfico en el que un personaje se debate entre la vida y la muerte, visita el limbo y vuelve a la vida. La música de Arnau Brichs mira también al musical, al pop, bate a un ritmo vertiginoso cuando hace falta y a la lírica cuando la trama así lo requiere. El disparatado libreto de Pol Guasch encontró en la puesta en escena de Marc Salicrú a su mejor aliado, con tintes escenográficos espectaculares (Upc School/Cccb, también a cargo del funcional vestuario, incluyendo el del grupo instrumental) unidos al kitsch del cartón piedra más cutre.

La obra estuvo muy bien cantada sobre todo por la soprano Larraitz Navas y el tenor Héctor Ruiz, a quienes se les unió un voluntarioso y nervioso Arnau Segura, el barítono a cargo del hombre agónico. Gran trabajo el del director musical Marcel Ortega i Martí, a cargo de músicos muy bien concertados y con acertados efectos sonoros que moldearon este juego de melodías que ponía música a lo cotidiano, a lo urbano, pero también a un mundo de fantasía, de dioses, de muerte y de resurrección. * Pablo MELÉNDEZ-HADDAD, jefe de Redacción de ÓPERA ACTUAL

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