El 'Lied' expresionista de Boesch

Madrid

29 / 09 / 2020 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Un instante del recital de Florian Boesch junto al pianista Justus Zeyen © CNDM / Rafa MARTÍN
Un instante del recital de Florian Boesch junto al pianista Justus Zeyen © CNDM / Rafa MARTÍN

Centro Nacional de Difusión Musical

Recital FLORIAN BOESCH

XVII Ciclo de 'Lied'

Obras de Franz Schubert, Hugo Wolf y Frank Martin. Justus Zeyen, piano. Teatro de La Zarzuela, 28 de septiembre de 2020.

El barítono austríaco Florian Boesch, un gran conocedor de este país, inauguró el pasado 28 de septiembre su temporada como artista residente del Ciclo de Lied del CNDM en el Teatro de La Zarzuela. Lo hizo, como era de esperar para quien conozca su carácter, a lo grande y con generosidad. Así es como el recital arrancó con –ni más ni menos– el Waldesnacht de Schubert, una obra todavía juvenil, llena de energía, evocadora de la fuerza del espíritu en el amor y el conocimiento.

Boesch la abordó sin la menor reserva, haciendo suyas la grandilocuencia y la teatralidad de la canción y dando una pista inequívoca de lo que iba a ver después: una exhibición vocal del susurro al fortissimo extremo sin perder (casi nunca) la línea de canto y humanizando de tal modo la expresión que alguna nota calada y algún atisbo de ronquera incorporaban aún mayor humanidad.

"La ironía, el candor, la expresión amorosa de apariencia sencilla, de fondo un poco mozartiano, permitieron exhibir medias voces, colores, una cierta ligereza ante la trascendencia"

El primer bloque, dedicado a Schubert, continuó luego por las evocaciones más líricas de la primavera (Im Frühling) y el hogar (Das Heimweh). Para suavizar un poco la atmósfera, Boesch y Justus  Zeyen escogieron unas cuantas canciones del Italianisches Liederbuch de Wolf, de los que plasmaron con finura la variedad expresiva: la ironía, el candor, la expresión amorosa de apariencia sencilla, de fondo un poco mozartiano, permitieron exhibir medias voces, colores, una cierta ligereza ante la trascendencia –motivo central del recital–, envuelta en una sonrisa casi postmoderna.

Era la perfecta transición para el plato fuerte de la velada, los Seis monólogos sobre Jedermann, de Hofmannstahl, compuestos en 1943 por el ginebrino Frank Martin y uno de los ciclos de canciones más impresionantes de la literatura liederística. Las seis piezas reflejan la actitud del ser humano ante la muerte, desde la desazón y el pavor a la confianza en la redención y en el amor y la misericordia divinos. La voz, oscura y rica, así como el temperamento teatral de Boesch le convierten en un intérprete ideal de estas obras que también requieren, como bien sabe el cantante, una inspiración de gran aliento y de profunda humanidad, con pasajes de intenso patetismo y otros de casi inabarcable serenidad.

La voz de Boesch puede con todo, incluso acentuando el expresionismo, desde los graves al falsetto, con los momentos más expresionistas puestos en valor con madurez y gravedad. Desde el primero momento, con la introducción de Waldesnacht, tan expresiva, Justus Zeyen demostró su valía y su sensibilidad en unas obras que requieren ante el teclado a un gran artista y en una perfecta compenetración con el cantante.