El jardín maravilloso de Ema Nikolovska

Vilabertran

30 / 08 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Ema Nikolovska / operaactual.com Ema Nikolovska debutó en la Schubertíada a Vilabertran © Schubertíada Silvia PUJALTE
Ema Nikolovska / operaactual.com La mezzo Ema Nikolovska en pleno recital © Schubertíada Silvia PUJALTE
Ema Nikolovska / operaactual.com Wolfram Rieger y Ema Nikolovska © Schubertíada Silvia PUJALTE

Schubertíada a Vilabertran

Recital de EMA NIKOLOVSKA

Obras de Franz Schubert, Johannes Brahms, Robert Schumann, Hugo Wolf, Darius Milhaud, Margaret Bonds y Francis Poulenc. Wolfram Rieger, piano. 28 de agosto de 2021.

Con el recital de la mezzosoprano Ema Nikolovska, nacida en Skopje (Macedonia) aunque emigrada a muy temprana edad a Toronto (Canadá), se cerró el apartado liederístico de esta edición de la Schubertíada a Vilabertran en la Canònica de Santa Maria. Una edición de las que hacen historia pues ha dejado momentos de altísimo nivel artístico así como grandes dosis de emoción. Si Andrè Schuen puso el listón muy arriba con su Winterreise, posteriormente Katharina Konradi con un atrevido y exigente programa, Florian Boesch con su explosivo Schwanengesang y Konstantin Krimmel con una conmovedora versión de La bella molinera mantuvieron el nivel de excelencia. Todo ello sin olvidar otros recitales notables como los de Julia Kleiter o Samuel Hasselhorn.

Estos antecedentes podían hacer pensar que el último de ellos, protagonizado por una joven mezzo casi desconocida, sería poco más que un trámite, aunque profundizando un poco más en la propuesta algunos factores auguraban interesantes perspectivas. El más importante de estos factores era contar con Wolfram Rieger como acompañante y principal valedor de este nuevo y joven talento. El pianista alemán, un mito viviente del universo liederístico y un maestro con mayúsculas – como volvió a demostrar en esta ocasión -, no se casa con cualquiera y su apuesta por Nikolovska era muy decidida. Así pues, había ciertas expectativas para esta última Liederabend, pero no cabe duda que el resultado final las superó con creces hasta el punto de hacerlas añicos.

Y es que, con Ema Nikolovska nos encontramos ante un valor seguro, una cantante que dará mucho que hablar y muy pronto. Esta temporada ya participará, de forma regular, en la actividad de la compañía de la Staatsoper unter den Linden de Berlín y la sensación es que puede convertirse en una de las grandes mezzos de los próximos años. Por ahora, más allá del Lied o el repertorio barroco, los papeles mozartianos e incluso  straussianos parecen ser los más indicados para su evolución, pero el futuro de esta voz privilegiada no parece tener límites.

"Un programa que tuvo como hilo conductor el universo de las flores, concepto de por sí no especialmente novedoso, pero que en manos de Rieger y Nikolovska se convirtió en un jardín maravilloso lleno de sorpresas y belleza"

Y es que el instrumento de la cantante macedonia posee esa rara cualidad de ostentar un equilibrio ideal entre el metal – que le permite una proyección extraordinaria, capaz de traspasar cualquier orquesta como un rayo láser – y un timbre aterciopelado con coloración homogénea en toda la considerable extensión de su registro. Los graves son tan contundentes como brillantes sus agudos y la variedad de dinámicas y recursos vocales, extraordinaria. Pero más allá de aspectos técnicos, durante el recital se reveló como una intérprete de una solidez y un talento poco común. Muestra de ello fueron las perlas que fue extrayendo de un programa tan ecléctico como exigente.

Un programa que tuvo como hilo conductor el universo de las flores, concepto de por sí no especialmente novedoso, pero que en manos de Rieger y Nikolovska se convirtió en un jardín maravilloso lleno de sorpresas y belleza. El primer ramo de flores constó de cuatro canciones de Franz Schubert y ya en la segunda de ellas («Das Lied im Grünen») se pudo apreciar la capacidad de la cantante para matizar y diferenciar cada una de las estrofas gracias a sus amplios recursos expresivos. Rieger no se quedó a la zaga, regalando, a continuación, un postludio de «Die Rose» fascinante. Este primer bloque continuó con piezas cortas de Brahms («Sapphische Ode»), Schumann y Wolf bellamente interpretadas.

El primer cambio de marcha llegó con el ciclo Catalogue de fleurs del siempre sorprendente Darius Milhaud, donde la intérprete se divirtió y divirtió al público, mostrando una personalidad y aplomo poco habitual por su juventud. Era el preludio de un tramo final del recital extraordinario que arrancó con el ciclo Songs of the seasons de la compositora afroamericana Margaret Bonds. Cuatro canciones escritas entre 1936 y 1955 de considerable calado dramático que, en la voz de Nikolovska, adquirieron una entidad singular. De manera definitiva, con estas canciones, salió a relucir el instrumento de la mezzo en todo su esplendor y el efecto fue electrizante. Una electricidad que tuvo continuidad con las cuatro piezas siguientes, pertenecientes al Wilhelm Meister de Robert Schumann, en las que la cantante llegó a elevadas cotas expresivas.

Tras una (demasiado) larga explicación sobre Tel jour, telle nuit, la cantante abordó este ciclo de Francis Poulenc basado en poemas del surrealista Paul Éluard con una seguridad, expresividad y variedad de recursos exuberante. Como durante todo el recital, música y texto parecieron brotar con absoluta naturalidad, cual flores de ese jardín maravilloso que regaron, pieza a pieza, Ema Nikolovska y Wolfram Rieger en Vilabertran.