El GTG cierra su ‘Tudor’ con la notable Elisabetta de Dreisig

Ginebra

06 / 06 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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donizetti ginebra Elsa Dreisig como Elisabetta en 'Anna Bolena' © GTG / Magali DOUGADOS
donizetti ginebra La producción de 'Anna Bolena' de Mariame Clément © GTG / Magali DOUGADOS
donizetti ginebra La producción de 'Anna Bolena' de Mariame Clément © GTG / Magali DOUGADOS

Grand Théâtre de Genève

Donizetti: ROBERTO DEVEREUX

Nueva producción

Elsa Dreisig, Edgardo Rocha, Stéphanie d’Oustrac, Nicola Alaimo, Luca Bernard, William Meinert, Ena Pongrac, Sebastià Peris. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección de escena: Mariame Clément. 31 de mayo de 2024.

El Grand Théâtre de Ginebra (Suiza) culminó su Trilogía Tudor de Donizetti con la representación de Roberto Devereux, un cierre esperado tras la Anna Bolena estrenada en 2021 (ver crítica en este enlace) y Maria Stuarda en 2022, y para ello también se ha querido poner en escena el ciclo completo estrenando la nueva producción de Devereux al inicio. Sin embargo, aunque la producción tuvo momentos de notable brillantez, dejó entrever algunos desaciertos significativos en su concepción artística y en el cásting.

Uno de los errores fundamentales de esta trilogía fue programar los tres títulos con el mismo equipo artístico. Las vocalidades requeridas para cada uno de estos personajes son sustancialmente diferentes y no permiten una adaptación homogénea sin comprometer la integridad de las interpretaciones. Un claro ejemplo de ello lo encarna Stéphanie d’Oustrac, quien estuvo mucho más cómoda como Giovanna en Bolena hace dos años, que ahora como Sara, que requiere una sutileza y ligereza que d’Oustrac no logró transmitir con la misma eficacia, resultando en una actuación que, aunque correcta, no alcanzó la altura esperada para el bel canto de Donizetti.

Edgardo Rocha, en el papel de Roberto, también se enfrentó a dificultades; el rol demanda un tenor con mayor proyección y anchura vocal que el Percy de Anna Bolena, un desafío que Rocha no logró superar del todo. Aunque mostró momentos de indudable belleza y técnica, no terminó de convencer en su gran escena Ed ancor la tremenda porta…”, restando autoridad y solidez a su prestación. Habrá que ver cómo afronta de nuevo el Percy –que tan bien hizo hace dos años, rindiendo homenaje a Rubini– y el menos comprometido, aunque también difícil Leicester.

"La Elisabetta de Elsa Dreisig, aunque más lírica y angelical y parca de temperamento, de lo que se esperaría para la reina madura, hierática e implacable, fue interpretada con gran sensibilidad y dominio técnico"

Por su parte, Elsa Dreisig como Elisabetta ofreció una actuación destacable; desde su debut como Bolena, con el que no terminó de convencer, ha mostrado una notable evolución en su capacidad belcantista. Su Elisabetta, aunque más lírica, angelical –a lo Lucia– y parca de temperamento de lo que se esperaría para la reina madura, hierática e implacable, fue interpretada con gran sensibilidad y dominio técnico. Deslució su prestación un registro agudo un poco forzado y sobre todo, su agudo final –no escrito—, gritado innecesariamente, que desentonó con el resto de su interpretación, que había sido impecable. A pesar de ello, Dreisig demostró ser una artista versátil y con un prometedor futuro en el repertorio belcantista.

Nicola Alaimo que, como sus compañeros, también debutaba en el rol, resultó un Nottingham de gran calidad e italianidad. Su escuela belcantista le otorgaría la elegancia necesaria para acometer su escena y cavatina “Forse in quel cor sensibile” con absoluta rotundidad, en un personaje que deja tanto entrever a los barítonos verdianos y en los que Alaimo se siente tan cómodo, tal y como demostró la temporada pasada en su debut como Nabucco.

La dirección escénica de Mariame Clément fue otro punto a considerar. A diferencia de sus anteriores trabajos en la trilogía, en esta ocasión optó por una visión más sobria y contenida, lo cual resultó en una narrativa clara y efectiva. Sin embargo, algunos elementos como los anacronismos en el vestuario y ciertas decisiones escénicas, como la relación consumada entre Roberto y Sara, no añadieron valor al desarrollo de la trama y, en algunos casos, la complicaron innecesariamente, afectando la empatía del público hacia los personajes.

Stefano Montanari, a cargo de Orchestre de la Suisse Romande, fue preciso y con momentos de verdadera belleza, cuidando el sonido, el fraseo y el juego instrumental, imprimiendo tempi sosegados y anchos. Sin embargo, el maestro italiano no terminaría de encontrar la inspiración en los momentos de mayor dramatismo, donde pasó un poco de puntillas. El coro del Grand Théâtre de Genève, aunque infrautilizado escénicamente, aportó un canto sólido y bien cohesionado, manteniendo el nivel de calidad esperado.

En definitiva, el Grand Théâtre se embarcó en una ambiciosa empresa con esta trilogía y lo cerró con nota; el mero hecho de programarlo con garantías artísticas es un hito importante en el haber de cualquier teatro.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Ginebra de ÓPERA ACTUAL