El gran violinista de Kosky

Estrasburgo

11 / 12 / 2019 - Francisco J. CABRERA - Tiempo de lectura: 3 min

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Kosky Una imagen de la espectacular producción del musical de Broadway en la Opéra national du Rhin © Opéra national du Rhin / Klara BECK
Una imagen de la espectacular producción del musical de Broadway en la Opéra national du Rhin © Opéra national du Rhin / Klara BECK
Una imagen de la espectacular producción del musical de Broadway en la Opéra national du Rhin © Opéra national du Rhin / Klara BECK

Opéra national du Rhin

Stein / Bock / Harnick: UN VIOLON SUR LE TOIT

Olivier Breitman, Jasmine Roy, Neïma Naouri, Marie Oppert, Anaïs Yvoz, Cathy Bernecker, Alexandre Faitrouni, Sinan Bertrand, Denis Mignien, Gérard Welchlin, Valérie Zaccomer, Bruno Dreyfürst, Bart Aerts. Dirección: Koen Schoots. Dirección de escena: Barrie Kosky. 6 de diciembre de 2019.

Presenciar Un violinista en el tejado en escena es siempre una experiencia especial y, afortunadamente, la producción de Barrie Kosky, estrenada en la Komische Oper de Berlín en colaboración con la Opéra national du Rhin, funcionó a las mil maravillas. Evitando la escenificación del típico shtetl, población judía en Europa del Este de antes del Holocausto, el escenario es un amasijo de muebles (de hecho, Anatevka no es más que “una silla, una cama, un armario” según el propio libreto) de los que entran y salen los personajes de la obra.

La dirección de actores fue excelente y sacó todo el partido al humor, la alegría y la tristeza de la obra. En cuanto a la coreografía de Otto Pichler, simplemente habría que decir que las escenas bailadas fueron probablemente los momentos más aplaudidos de la velada. Pese a que el final no contiene el típico final feliz de casi todos los musicals, el público salió del teatro con el regusto de haber pasado un gran momento.

"Es raro ver un 'musical' de Broadway en un teatro de ópera. Por ello, el espectador asiduo de la Opéra national du Rhin, habituado al repertorio y a las voces operísticas, tuvo que hacer un pequeño esfuerzo de adaptación"

Todo hay que decirlo, es raro ver un musical de Broadway sobre las tablas de un teatro de ópera. Por ello, el espectador asiduo de la Opéra national du Rhin, habituado al repertorio y a las voces operísticas, tuvo que hacer un pequeño esfuerzo de adaptación: la mayor parte del tiempo la acción de la obra es teatro hablado y se canta con micrófono, por supuesto. Precisamente en el aspecto canoro es donde se podrían poner algunos pequeños reparos a esta excelente producción.

El Tevye de Olivier Breitman obtuvo un sonoro éxito, aunque más por su gran actuación que por sus reducidos medios vocales. Teniendo en cuenta la retahíla de ilustres cantantes que han hecho suyas canciones como “If I were a rich man” (“Si yo fuera rico”, aquí traducido al francés como “Ah, si j’étais riche…”), se hubiera esperado una voz más timbrada, más rica. Mejor en ese sentido resultó la Golde de Jasmine Roy y Neïma Naouri, que hizo una Tzeitel chispeante y expresiva y De casta le viene al galgo: es hija de dos ilustres cantantes franceses. Marie Oppert cantó una Hodel con una bella y ligera voz de musical, mientras que Anaïs Yvoz, la única auténtica cantante lírica del grupo, tuvo en el pequeño papel de Chava poco espacio para lucirse.

El resto de actores/cantantes participaron del esfuerzo y del éxito colectivo. Por desgracia, el coro quedó en su segundo plano ya que no estaba amplificado como los solistas. El director holandés Koen Schoots, especialista del repertorio en cuestión, dirigió a la Sinfónica de Mulhouse con entusiasmo, lirismo y atención a los solistas.