El gran estilo de Beczala

Madrid

03 / 05 / 2021 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Piotr Beczala Beczala, ovacionado por el público del Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
Piotr Beczala Beczala, ovacionado por el público del Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
Piotr Beczala Piotr Beczala, con Lukasz Borowicz a la batuta © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Concierto de PIOTR BECZALA

Las Voces del Real

Obras de Stanislaw Moniuszko, Umberto Giordano, Wladyslaw Zelenski, Pietro Mascagni, Ignacy Jan Paderewski, Giacomo Puccini, Feliks Nowowiejski, Mijaíl Glinka. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección: Lukasz Borowicz. 1 de mayo de 2021.

Después de su memorable recital en homenaje a Kraus de 2014, y de su no menos atractivo Fausto de 2018, el gran Piotr Beczala volvió al Teatro Real. Lo ha hecho con un repertorio definitivamente renovado, aunque en alternancia con arias de compositores polacos, tan queridas por el tenor, hermosas evocaciones líricas que devuelven al público, con otros colores, al repertorio primero del que en su momento fue un prodigioso tenor lírico.

"Beczala canta el repertorio verista con la misma ortodoxia que aborda el francés o italiano: a misma tersura, la misma limpieza en la emisión, la misma línea de canto de una fluidez y una naturalidad absoluta"

En cuanto a las novedades, Beczala, con una voz ensanchada, más oscura y más dramática, propia de un lírico spinto, aborda ya todo el repertorio verista, del que dio un recital soberbio. Y sin embargo, y a pesar de alguna pequeña libertad, Beczala lo canta con la misma ortodoxia con la que abordaba el repertorio francés o italiano: la misma tersura, la misma limpieza en la emisión, la misma línea de canto de una fluidez y una naturalidad absoluta, el mismo control de los reguladores, la misma brillantez en los agudos.

A veces, como en el «Nessun dorma», parece resultar algo frío, pero no es exactamente así: lo que hace es traer la extrovertida expresividad verista a su terreno y cincelarla con gusto y estilo, como demostró la espectacular y límpida versión de «Come un bel dì di maggio» (Andrea Chénier) con la que empezó, apostando fuerte, el concierto. Precioso de intensidad poética el «Donna non vidi mai» (Manon Lescaut), conseguida gracias a la pura belleza de la voz, densa y empastada, y al control de la emisión. Y muy atractivo, y sin el menor rastro de demagogia canora o sobreactuación expresiva, la peligrosa «Mamma, quel vino è generoso» (Cavalleria rusticana).

En cuanto al maravilloso repertorio polaco, que todo el público espera siempre en un recital de Beczala, el tenor derrochó expresividad en dos bellas arias del gran Stanislaw Moniuszko, con las emociones a flor de piel: la muy expresiva de Halka y la gran escena, elaborada y compleja, de La mansión encantada, que atacó con un pianísimo extraordinario para ir luego variando de intensidad, colores y emociones. Fascinante, la romanza de La leyenda del Báltico, de Feliks Nowowiesky, demasiado poco conocido.

La Orquesta Titular del Real estuvo espléndida desde la obertura de Halka con la que arrancó el concierto, hasta los finos matices del Intermezzo de Cavalleria rusticana, para terminar con una versión rutilante de la obertura de Ruslán y Liudmila, de Glinka, un compositor enamorado de España, absurdamente despreciado por el Real: habría sido un detalle incluir en el recital su Obertura española de homenaje a Madrid. (Y Beczala, tan elegante, también podría explorar con provecho las romanzas españolas y, por qué no, alguna jota.) Muy profesional y dedicada la dirección del maestro Lukasz Borowickz.

La velada terminó triunfalmente con tres bises, de los que destacaron el «Amor ti vieta» de Fedora y una preciosa y melancólica canción polaca en la que Beczala lució de nuevo un pianísimo sobrecogedor, interminable.