El gran arte de Lise Davidsen

Madrid

08 / 01 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Davidsen Real Pérez-Sierra Lise Davidsen con la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por José Miguel Pérez-Sierra © Teatro Real / javier DEL REAL
Davidsen Real Pérez-Sierra Lise Davidsen y José Miguel Pérez-Sierra © Teatro Real / javier DEL REAL
Davidsen Real Pérez-Sierra Lise Davidsen con la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por José Miguel Pérez-Sierra © Teatro Real / javier DEL REAL
Davidsen Real Pérez-Sierra Lise Davidsen junto a la mezzo Elissa Pfaender © Teatro Real / javier DEL REAL
Davidsen Real Pérez-Sierra Lise Davidsen con la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por José Miguel Pérez-Sierra © Teatro Real / javier DEL REAL

Teatro Real

Recital de LISE DAVIDSEN

Voces del Real

Obras de Giuseppe Verdi y Richard Strauss. Elissa Pfaender, mezzosoprano. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. 7 de enero de 2024.

Después de dos recitales con piano, en el Real y en La Zarzuela (ver crítica en este enlace), por fin la gran Lise Davidsen se presentó en Madrid con acompañamiento de orquesta y un programa, dedicado a Verdi y a Richard Strauss, a la medida de su voz y de su arte extraordinario.

Acompañada por una Sinfónica de Madrid en estado de gracia dirigida por el consagrado maestro español José Miguel Pérez-Sierra, la soprano noruega arrancó, sin más preámbulos, con “Pace, pace mio Dio”, de La forza del destino, una forma, tal vez, de situarse en un ambiente español. Lo hizo con la limpieza que le es característica, atacando la primera nota sin la menor vacilación, con esa seguridad extraordinaria que dirige la voz directamente a la raíz de la emoción musical. El dominio técnico es tan apabullante en Davidsen que, aunque el oyente quede maravillado ante la lección de canto a la que está asistiendo, todo pasa a segundo plano tras el predominio absoluto de la expresión artística.

Vinieron luego “Morrò, ma prima in grazia” de Un ballo in maschera y la gran escena de Desdemona de Otello, con la “Canción del sauce” y el “Ave María” . En realidad, tres plegarias verdianas en las que el instrumento tan grande, tan imponente como el de Davidsen se pliega a las muy delicadas variaciones en la manifestación del dolor más íntimo: desde el amor manifestado en forma de desesperación de Leonora hasta la oración conmovedora, humilde —y también enamorada— de Desdemona (vertiginoso el cambio desde el registro en piano, casi hablado, al desbordamiento de emoción con la subida inmediata, muy bien acompañada por la mezzo Elissa Pfaender en sus intervenciones como Emilia) y la resignada y luminosa súplica de Amelia. Con tal dominio de la psicología de sus personajes, y reinventándolos desde una vocalidad sin límites en las dinámicas, el legato y la respiración, Davidsen ya ha empezado a hacer historia en la interpretación de Verdi.

"Davidsen ofreció una Salomé creíble, en la que el deseo insatisfecho —magníficos graves—, la histeria y la pura maldad, hasta lo repulsivo, componen el retrato, muy moderno, de una mujer joven que consigue satisfacer hasta sus deseos más delirantes"

El registro cambió del todo en la segunda parte, al encarnar la soprano noruega uno de los papeles más peligrosos del repertorio, como es el de Salome. Y no solo por las dificultades que representa, también porque ofrece la tentación de deslizarse por el histrionismo en una ópera que es, antes que nada, y como la obra de Wilde en la que se basa, una provocación absoluta. Pues bien, Davidsen descartó desde la primera nota ese camino y ofreció una Salome creíble, en la que el deseo insatisfecho —magníficos graves—, la histeria y la pura maldad, hasta lo repulsivo, componen el retrato, muy moderno, de una mujer joven que consigue satisfacer hasta sus deseos más delirantes, excepto el único que cuenta. Fabuloso su retrato.

De propina, llegó el “Dich teure Halle”, marca de la casa desde el principio de su carrera, y con el que la soprano, después de los abismos turbios de Salome, volvió a dar vida —siempre con una admirable sobriedad de gestos— a la inocencia y la felicidad de una Elisabeth enamorada. Prolongó este estado de ánimo “Morgen!” de Richard Strauss, cantado de una sola vez, sin respiración  aparente, como si el lirismo sin recato de la pieza fuera lo más sencillo del mundo. Magnífica, en esta última pieza, la intervención de la primer violín de la Orquesta Titular del Teatro Real, que tuvo una tarde memorable bajo la guía de un José Miguel Pérez-Sierra de quien hay que elogiar y agradecer, como siempre, su profesionalidad, su precisión, la belleza del sonido que consigue y la capacidad de arropar y acompañar a la solista. Memorables las versiones del ballet de Otello, tan poco interpretado, y muy hermosa y vibrante la “Danza de los siete velos”, con una orquesta desatada pero siempre bajo el control de la batuta del madrileño. Éxito absoluto (Ver entrevista En Portada).  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL