El glorioso Werther de Benjamin Bernheim (y el triunfo de Alagna en recital)

MIlán

26 / 06 / 2024 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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massenet milán La nueva producción de 'Werther', firmada por Christof Loy, con Benjamin Bernheim como protagonista © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
massenet milán La nueva producción de 'Werther', firmada por Christof Loy © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
La nueva producción de 'Werther', firmada por Christof Loy, con Benjamin Bernheim como protagonista

Teatro alla Scala

Massenet: WERTHER

Nueva producción

Benjamin Bernheim, Victoria Karkacheva, Jean-Sébastien Bou, Francesca Pia Vitale, Armando Noguera, Rodolphe Briand, Enric Martínez-Castignani, Pierluigi d’Aloia, Elisa Verzier. Dirección musical: Alain Altinoglu. Dirección de escena: Christof Loy. 24 de junio de 2024.

Volvió después de más 40 años Werther al Teatro alla Scala. Las precedentes ediciones fueron protagonizadas por el más autorizado intérprete del rol en la segunda mitad del siglo XX, Alfredo Kraus, y se escucharon en febrero de 1976 y en el enero de 1980, en este último caso, por primera vez en versión original francesa en el teatro milanés. Por eso considérese aún mayor el elogio que se cumple al reconocer que Benjamin Bernheim pueda hoy por hoy ser el más autorizado intérprete de este complejo personaje; el tenor francés de 39 años maneja su voz, de caudal más que suficiente y de color un tanto nasal, con gusto exquisito, resultando estilísticamente perfecto con el uso de sonidos mixtos, desde un entonado falsete a una proyección de forza emitida con arranque y valentía. El tenor opta además por una pronunciación y articulación moderna de la lengua gala (como también practica Roberto Alagna, otro gran Werther) con erres redondeadas, cuando los intérpretes franceses del pasado, por ejemplo Georges Thill, el corso José Luccioni y hasta el más próximo Alain Vanzo, de los que Bernheim parece continuar la gloriosa tradición, usaron una fonética más bien italianizante, que ayuda siempre en la emisión del sonido. Pero lo que más ha gustado de este nuevo Werther ha sido su capacidad de frasear, matizar el canto e interpretar con una intensidad sicológica y emotiva fuera de serie, en una actuación que ha tenido en vilo la atención del público que abarrotaba La Scala en la última función de la ópera de Massenet.

"Lo que más ha gustado de este Werther de Benjamin Bernheim ha sido su capacidad de frasear, matizar el canto e interpretar con una intensidad psicológica y emotiva fuera de serie, en una actuación que ha tenido en vilo la atención del público"

El papel protagonista de Charlotte ha tenido en la mezzosoprano rusa Victoria Karkacheva una elegancia notable, si bien la articulación confusa de la palabra ha desmerecido una prestación vocal más que discreta. Muy bien la joven soprano Francesca Pia Vitale, Sophie de optimo vuelo vocal y sobre la cual rueda buena parte de la dramaturgia. También se contó con el buen hacer del barítono Jean-Sébastien Bou, un Albert de voz potente y actor entregado; del paternal Le Bailli entonado por el bajo Armando Noguera; de los efectivos Schmidt del tenor Rodolphe Briand y Johann del barítono español Enric Martínez-Castignani; y el episódico Brühlmann de Pierluigi D’Aloia, joven barítono de la Accademia de la Scala que goza de gran protagonismo en esta puesta en escena. Con él, la Kätchen de la soprano Elisa Verzier forma una pareja casi omnipresente.

La puesta en escena, en colaboración con el Théâtre des Champs-Èlysès de París, la firmaba Christof Loy, con la escenigrafía (una única gran pared con puerta corredera acristalada tras la que se vislumbra un salón) de Johannes Leiacker, el vestuario (hipnotizables años sesenta del pasado siglo el de las señoras) de Robby Duiveman; la iluminación corría a cargo de Roland Edrich. Loy, como ya se sabe, tiene un estilo propio y fácilmente reconocible, como ya se vio en el reciente Onegin en el Liceu (ver crítica en este enlace): una pared que encierra a los protagonistas y que, por cierto, ayuda la acústica, y que no falten una mesa y las sillas. Por suerte aquí se evitaba un exceso de figuración y se apreciaba un buen trabajo de actores, pero la manía de dejar a los personajes siempre en escena, a la larga, molesta; por ejemplo en la muerte de Werther, que se muere de pie en presencia de Albert y Sophie mientras se ve como en el salón se celebra la Navidad decorando un gran árbol navideño.

Excelente la Orquesta de La Scala guiada con exceso de entusiasmo y dinámicas a menudo excedentes, al punto de cubrir las voces, por Alain Altinoglu; Friz, Max, Hans, Karl, Gretel y Clara, los otros seis hermanitos de Sophie y Charlotte, fueron vocalmente muy bien educados por el maestro Bruno Casoni.

Concierto apoteósico de Roberto Alagna

El día anterior a este Werther, el 23 de junio, y entre una función y otra de Adriana Lecouvreur en el Gran Teatre Liceu de Barcelona (ver crítica en este enlace), Roberto Alagna se anticipó a sus próximas funciones como Calaf en Turandot, a partir del 29 de junio en el Teatro alla Scala, con un recital exclusivamente dedicado a Puccini obteniendo un éxito que no se exagera en definir como apoteósico: una auténtica consagración.

© Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Roberto Alagna en su recital en La Scala

El tenor italofrancés, que debutó en Milán en la ya histórica Traviata dirigida por Ricardo Muti en 1990 y tras un largo periodo de ausencia después del incidente que ocurrió en Aida de 2006, interrumpido tan solo en 2022 con su sensacional Loris en Fedora de Giordano (ver crítica en este enlace), está atravesando un momento de espectacular forma. La voz sigue teniendo squillo y la proyección de sus años mozos, habiendo ganado en color y profundidad en la extensión, dispensando agudos, incluido un brillante Do agudo en la speranza de la “Gelida manina” de La Bohème, con pasmosa facilidad y tenuta de los fiati; a todo ello se suma la sabiduría y la segura técnica que le permiten matizar en pianísimos con dulzura y un legato de gran escuela. Súmese su innegable carisma y su poderío al enfrentarse a arias destinadas a un tenor spinto como “No, pazzo son” de Manon Lescaut o a voces juveniles, por ejemplo, con la dificilísima aria de Gianni Schicchi “Firenze è come un albero fiorito”, concedida como cuarto y último bis, en una velada en que en una hora interpretó de forma magistral el repertorio de tenor pucciniano empezando por Le Villi, pasando por el casi olvidado Edgar y terminando, como no, con un esplendoroso “Nessun dorma” de Turandot.

Éxito estruendoso que acogió también la actuación del pianista americano Jeff Cohen, mejor como acompañante que como pianista en solitario en páginas de Puccini. El público embravecido persiguió a Alagna a la salida de artistas en Via Filodrammatici, como no se veía desde los tiempos de Callas; el Divo se prestó por casi una hora, bajo los portales del Piermarini, a firmar autógrafos y a dejarse fotografiar.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL