CRÍTICAS
NACIONAL
'El gitano por amor', la ópera española a escena
Madrid
Teatro de La Zarzuela
García: EL GITANO POR AMOR
Sabina Puértolas, Juan Antonio Sanabria, María José Moreno, Javier Povedano, Begoña Gómez, José Ángel Florido, Pietro Spagnoli, Emilio Sánchez. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro Titular del Teatro deLa Zarzuela. Dirección musical: Carlos Aragón. Dirección de escena: Emilio Sagi. 22 de abril de 2026.
Por fin se estrena en Madrid, después de su puesta en escena en Málaga y en Oviedo, la ópera que Manuel García (Sevilla, 1775 – París, 1832) escribiera en 1828 a su regreso de América, con la idea de consolidar por su cuenta, sin contar con Rossini, un lugar de honor en la escena francesa. Proyecto quimérico, a pesar de la popularidad de García en París, pero que dejó como legado esta obra maestra en la que se cruzan la música y el baile (casi una redundancia) españoles y el bel canto romántico en su máximo esplendor. Siendo una ópera a título cabdal, El gitano por amor también preludia lo que sería luego la zarzuela moderna, la de Barbieri y Arrieta. Se ha convertido en un tópico, de esos tópicos españoles a prueba de bomba, afirmar una y otra vez lo olvidado que está Manuel García… Sin que se pongan los medios para rescatar una obra excelsa y una vida de película, o de serie televisiva.
Para este estreno de El gitano por amor, debida en su momento a la iniciativa malagueña del Ópera Estudio asociada al Teatro Cervantes y capitaneada, entre otros, por Carlos Álvarez, el Teatro de La Zarzuela ha contado para ello con grandes cantantes, alguno ya bregado en una partitura de gran dificultad vocal, como suelen serlo las de García (ver previa en este enlace). En el papel protagonista de Rosita, la hermosa gitana, la soprano Sabina Puértolas lució su experiencia escénica y su adecuada técnica belcantista, con aplomo en el centro, matices y colores de gran expresividad, filados y una mesa di voce delicadas que le permitieron resolver con soltura, aunque no sin esfuerzo, su larga y dificilísima intervención final (“Amado padre”). Juan Antonio Sanabria dio vida a un Hernando, el joven agitanado por amor, de gran presencia, con un contraste muy atractivo entre el atolondramiento del personaje y una voz rotunda, firme, bien asentada y proyectada, muy masculina. Inolvidable la Inés ideal –se podría decir– de María José Moreno, con ese instrumento suyo tan luminoso y aéreo, tan expresivo también y con tanta elegancia para resolver las exigencias de adornos y coloraturas.
Gran creación la del gracioso Baldaquín, a cargo del barítono Javier Povedano, con un instrumento dúctil, fresco, capaz de interiorizar y expresar vocalmente, sin tópicos, la desenvoltura y la facundia del criado gracioso, como en la magnífica escena de la negociación entre los dos amantes. También fue capaz de alcanzar un canto muy hermoso y delicado, como en la preciosa escena a dúo, de delicadeza casi mozartiana, con Laura, encarnada con brillantez, finura e inteligencia por la mezzo Begoña Gómez. En el divertido papel del Marqués del Pino, el gran Pietro Spagnoli llenó, como siempre, la escena con esa voz suya dúctil y flexible, con tanta autoridad como matices expresivos, apuntando solo en lo estrictamente necesario el lado bufo del personaje. Muy bien, con humor y gravedad, el tenor Emilio Sánchez como Corregidor, auténtico deus ex machina que soluciona en último momento el imposible enredo amoroso.
La presencia de Emilio Sagi al frente de la puesta en escena de garantía de solvencia y respeto hacia la obra, algo que corroboró de nuevo este Gitano por amor. Aun así, el telón con flores de toda la primera parte llegó a resultar un poco agobiante –como el rojo omnipresente y sin demasiados matices–, mientras que en la segunda el blanco neón, continuamente mantenido, enfrió la acción y deslumbró durante casi una hora a los espectadores. Tampoco se entiende muy bien (¿un guiño a unas míticas Bodas de Fígaro?) las filas de sillas, enfundadas de blanco, de esta misma segunda parte. Aun así, la obra discurre con fluidez y con claridad en este ya recorrido montaje. Muy bien resuelto el final del primer acto, con la parodia escénica y musical de un naufragio propio de la ópera seria.
El maestro Carlos Aragón, que conoce muy bien la obra de García, concertó con elegancia y finura, algo nada fácil en una obra que sintetiza con tanta complejidad estilos muy diversos. También acompañó con discreción y justeza a los cantantes, al frente de una Orquesta y un Coro Titulares que respondieron con soltura y gracia al reto de la partitura. Gran éxito para una obra y un montaje que deberían permanecer más tiempo en el escenario del Teatro de La Zarzuela. De hecho, debería convertirse en uno de los puntales del repertorio del teatro madrileño. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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