CRÍTICAS
NACIONAL
El foso lastra un buen 'Elisir'
A Coruña
Asociación de Amigos de la Ópera de A Coruña
Donizetti: L'ELISIR D'AMORE
Ruth Iniesta, Ramón Vargas, Luis Cansino, Damián del Castillo, Susana García. Orquesta Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Dirección musical: Guillermo García Calvo. Dirección de escena: Víctor García-Sierra. Teatro Colón, 27 de septiembre de 2024.
Si falla la orquesta, incluso una buena función se resiente. El foso es el hilo conductor de cualquier representación operística, el paño sobre el que los solistas en el escenario bordan sus intervenciones, con mayor o menor acierto. Este Elisir d’amore (ver previa en este enlace), segundo (y último) título representado de la temporada de los Amigos de la Ópera de A Coruña, ha encontrado en los desaciertos de la orquesta —en los que la batuta tiene mucho que decir— un lastre que condicionó la impresión general de una función, en términos generales, buena.
A lo largo de la representación se sucedieron evidentes desconexiones entre orquesta y cantantes, bien porque la primera entraba a destiempo, bien porque los segundos manejaban tempi distintos. El borrón fue manifiesto en dúos, tríos, concertantes e incluso en la cavatina de Dulcamara. Guillermo García Calvo no supo entenderse con sus intérpretes: era evidente que no estaban en sintonía, llegando a corregir sobre la marcha el ritmo ágil que le impuso a su dirección para reconducir situaciones engorrosas. Fue una de las noches más desafortunadas que se le recuerdan a la Sinfónica de Galicia. O faltaron ensayos o comprensión entre director y solistas.
Sobre el escenario, aún cabe jalonar alguna nota al pie a la producción de Víctor García-Sierra; basada en la colección El circo de Fernando Botero, fue estrenada en Busseto en 2014 y en España ya fue vista en Sevilla o Las Palmas. Y el tiempo no le está sentando demasiado bien. Mantiene su vistosidad y colorido, la ambientación circense sigue siendo resultona, pero algunas escenas están resueltas de manera un tanto austera, como los telones pintados del dúo final o la «Furtiva», que reproduce la estética de una pintura del fallecido artista colombiano, reconocible por sus voluminosas figuras de aspecto bonancible, con vestuario de Marco Guyon. No ayudaron tampoco las reducidas dimensiones del escenario del Teatro Colón, en el que los elementos decorativos daban la sensación de estar amontonados. Y la iluminación de Stefano Gorreri pareció insuficiente, apagada.
El apartado vocal rindió a buen nivel, sorteando los obstáculos del foso. Ramón Vargas es un artista perfectamente conocedor de las debilidades de su instrumento tras 40 años de incuestionable y sobresaliente carrera. Y esa sabiduría hace que potencie sus virtudes, las que han hecho de él un tenor referencial; mantiene el color —aunque el registro agudo suene tenso y con cierto desgaste— y escancia un fraseo de muchos quilates. El cantante mexicano logró además una comunicación inmediata con el público, una química que alcanzó el punto de ebullición en una «Furtiva» interpretada con emoción y sensibilidad. El suyo ha sido un Nemorino cantado con veteranía y mucho oficio.
La Adina no le supuso problema alguno a Ruth Iniesta; la soprano española posee una voz puramente lírica, con sobradas posibilidades para el rol, coloraturas precisas, agudo poderoso y un centro carnoso y amplio. Encarnó a la perfección el aire pizpireto del personaje, que también agradece un punto de malicia. Damián del Castillo, por su parte, se enfundó el uniforme de Belcore de manera solvente, cantando con más potencia que refinamiento. Capítulo aparte merece Luis Cansino, al que su Dulcamara le hace merecedor justamente del cariño del público: domina el canto bufo —se agradecería algún gigione de menos— y los recitativos, con un punto cómico bien medido; y en escena sabe qué funciona para arrancar la sonrisa. Un artista de lo suyo, sin duda. Correcta —aunque escasa de medios— la Giannetta de Susana García, y mejorable el Coro Gaos por falta de empaste, por ausencia de voces masculinas de fuste, por ser también víctima de los fallos del foso. * José Luis JIMÉNEZ, corresponsal en A Coruña de ÓPERA ACTUAL
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