El Festival Grec lleva el 'Wagnerismo' al Palau

Barcelona

15 / 07 / 2023 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Josep Pons Josep Pons © José Albornoz
die mesitersinger von nurnberg / operaactual.com Michael Volle como Hans Sachs © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH

Festival Grec

Wagnerismo

Obras de Richard Wagner. Michael Volle, barítono, Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu. Dirección: Josep Pons. Palau de la Música Catalana, 13 de julio de 2023.

Diversos y atractivos alicientes confluían en el concierto que ofreció la Simfònica del Gran Teatre del Liceu, dirigida por su titular Josep Pons, en el Palau de la Música Catalana dentro de la programación del Festival Grec que se está desarrollando estos días en Barcelona. Se trataba de la última aparición de la orquesta esta temporada, que abandonó el foso del teatro para subirse al escenario del auditorio modernista diseñado por Lluís Domènech i Montaner, en una de las veladas que se enmarcan en recuerdo del arquitecto catalán con motivo del centenario de su muerte. Wagneriano acérrimo, como todo buen modernista, era preceptivo que la música de este compositor presidiese este homenaje y para ello los responsables de Palau y Liceu, concretamente Joan Ollé y Josep Pons, diseñaron para insertar en la programación del Grec un monográfico que incluía fragmentos representativos de los dramas musicales de Richard Wagner.

El hilo conductor fue el libro Wagnerismo, de Alex Ross, en el que el crítico musical de New Yorker desgrana la influencia abrumadora del compositor alemán en todos los aspectos de la cultura occidental. Un volumen referencial que, durante la última semana y en tres conferencias celebradas en el Palau, fue analizando el músico e historiador Carlos Calderón. Así pues, el concierto significaba también el colofón a estas jornadas y para ello, como guinda del pastel, se contó con la presencia de uno de los más eminentes intérpretes wagnerianos de la actualidad, el barítono Michael Volle.

"Exhibiendo en todo momento absoluta autoridad vocal e interpretativa, Michael Volle demostró porqué está considerado uno de los mejores Hans Sachs de la actualidad"

Las cosas no empezaron muy bien para orquesta y director que, tras la primera lectura de un fragmento del libro por parte del actor Pere Arquillué, ofrecieron una versión descompensada, poco orgánica y excesiva en decibelios de la Marcha fúnebre de Sigfrido. Fuese por el hábito de tocar desde el foso o por falta de ensayos en una sala como la del Palau, lo cierto es que la orquesta tuvo dificultades para adaptarse a esta peculiar acústica. No mejoró demasiado su prestación en el Preludio y Muerte de Isolda posterior, interpretado con un sonido grueso y poco matizado, instalado siempre entre mezzo forte y fortissimo, lo cual perjudicó decisivamente la necesaria progresión dinámica y arquitectónica de la pieza.

El concierto se empezó a encauzar con la entrada en escena de Michael Volle para interpretar el monólogo del segundo acto de Hans Sachs en Los maestros cantores de Nuremberg. Exhibiendo en todo momento absoluta autoridad vocal e interpretativa, el cantante alemán demostró por qué está considerado uno de los mejores intérpretes del rol actualmente y, de paso, consiguió que la orquesta se fuese adaptando a su fraseo y, de manera progresiva, encontrando el balance y volumen adecuados. La actuación de Volle culminó con una imponente, sensible, inapelable recreación de la despedida de Wotan que cierra La valquiria.

El arranque de la segunda parte fue el reverso de la moneda del de la primera. Pons y la Simfònica del Liceu regalaron un Preludio de Parsifal, obra que habían trabajado e interpretado las últimas semanas, de altos vuelos; con un atractivo sonido y fraseo de las cuerdas, elaborado juego de dinámicas y férreo desarrollo estructural, esta interpretación marcó un antes y un después en el devenir de un concierto que finalizó, tras la popular Cabalgata de las valquirias, con una selección de fragmentos de El ocaso de los dioses. Aquí, Pons y la orquesta consiguieron revelar todo el lirismo y grandiosidad de esa música gracias a un sonido compacto y un fraseo suntuosamente expresivo. Un gran final que tuvo como recompensa la entusiasta ovación de un público que llenó la sala ideada por Lluís Domènech i Montaner.  *Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL