El efecto irresistible de Puccini se extiende por Cataluña

Girona

18 / 03 / 2024 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 3 min

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puccini girona En el centro, Berna Perles (Manon) y Milan Perisic (Lescaut) © FOC / Antoni BOFILL
puccini girona Enrique Ferrer (Des Grieux) y Berna Perles (Manon) © FOC / Antoni BOFILL
puccini girona En el centro, Enrique Ferrer como Des Grieux © FOC / Antoni BOFILL

Fundació Òpera a Catalunya (FOC)

Puccini: MANON LESCAUT

Berna Perles, Enrique Ferrer, Milan Perisic, Jorge Juan Morata, Juan Carlos Esteve, Carles Ortiz, Laura Obradors, Quim Cornet, Oriol Luque, Alejandro Chelet, Lluís Vergés. Dirección musical: Elio Orciuolo. Dirección de escena: Carles Ortiz. Teatre Municipal, 15 de marzo de 2024.

Girona, pese a ser capital de provincia, no es una ciudad con una temporada fija y estable de ópera. Solo es posible disfrutar de espectáculos líricos, de manera esporádica, gracias a la programación de la Fundació Òpera a Catalunya (FOC), que, después de estrenar sus producciones en el Teatre La Faràndula de Sabadell, se las lleva de gira por diferentes ciudades catalanas. Una iniciativa, sin duda, realmente encomiable, ya que permite a los amantes del género poder apreciar representaciones operísticas de primer nivel durante todo el año, fuera de Barcelona, en teatros sin los suficientes recursos para programar sus propias funciones de ópera.

En esta ocasión, llegó al Teatre Municipal de Girona la Manon Lescaut de Puccini (ver previa en este enlace), una obra exigente y emocionante, que, a partir de la historia de amor y lujo del Abbé Prévost que también inspiró a Massenet, concentra las bases del estilo pucciniano. La partitura, estrenada en el Teatro Regio de Turín en 1893, representó el primer gran éxito del compositor, que maravilló al público italiano con el efecto irresistible de las melodías, una orquestación compacta e intensa, y diálogos expresivos entre instrumentistas y solistas vocales.

La dirección musical de Elio Orciuolo, al frente de la Orquestra Simfònica del Vallés, supo transmitir el don de Puccini con solidez, apostando por unos tempi alegres y arrojo en las cadencias, aunque, por las condiciones del teatro gerundense, sin foso para la orquesta, se tuvieron que retirar las primeras filas para dar cabida a los músicos y, en ocasiones, el volumen, sin llegar a tapar a los cantantes, sonó demasiado brusco y directo. Asimismo, además del problema con el foso inexistente, la acústica del Teatre Municipal es extremadamente seca y nítida, por lo que cualquier pequeño desajuste en las entradas y la sincronización, tanto de la orquesta como del coro y los solistas, quedó al descubierto.  

"Berna Perles (Manon), con una voz robusta y dinámica, poderosísima en los agudos y amable en el fraseo, desde su eclosión en el segundo acto hasta la tragedia final, condujo fantásticamente el peso dramático de la función"

Del elenco vocal sobresalió la soprano Berna Perles (Manon), quien, con una voz robusta y flexible, poderosísima en los agudos y amable en el fraseo desde su eclosión en el segundo acto hasta la tragedia final, condujo fantásticamente el peso dramático de la función. A su lado, el tenor Enrique Ferrer (Des Grieux), igualmente aplaudido por el público, no se achicó ante la protagonista y supo mantener su arduo papel al mismo nivel de decibelios e intensidad; su actuación escénica fue brillante, encarnando al caballero enfadado e impulsivo, aunque, por momentos, su voz acusó un vibrato poco controlado, incluso estridente. Todo lo contrario que el Lescaut del jovencísimo barítono Milan Perisic, menos espectacular en la emisión, pero que lució un timbre realmente atractivo, redondo y pleno de armónicos, además de grandes dotes teatrales. Completó el reparto el bajo Juan Carlos Esteve, que dibujó un Geronte expresamente patético, ridículo y fracasado, recibiendo risas y aplausos de la audiencia.

Sabiendo las dificultades de sacar adelante una producción operística escenificada sin los grandes presupuestos del Gran Teatre del Liceu o del Teatro Real de Madrid, realmente es difícil pedir un resultado mejor que el de la propuesta de Carles Ortiz para esta Manon Lescaut. El director de escena, como es habitual en las temporadas de Sabadell, apuesta por una escenografía clásica, con decorados realistas y un vestuario de época, en este caso, con pelucas, vestidos de pompa y corsés. Sin embargo, por las limitaciones evidentes de la compañía, en la recreación histórica del montaje se hacen evidentes a simple vista las costuras y el cartón piedra, por lo que, quizá, sería más interesante jugar con ambientaciones neutras y atemporales, dando juego al simbolismo y la imaginación más que a la pretensión de recrear la realidad de una época concreta. En todo, caso, al púbico en general, acostumbrado a producciones de corte clásico, no le molestó en absoluto, sino todo lo contrario.  * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL