CRÍTICAS
INTERNACIONAL
El difícil equilibrio entre la obra y el escenario
París
Opéra national de Paris
Offenbach: LES BRIGANDS
Nueva producción
Marcel Beekman, Marie Perbost, Antoinette Dennefeld, Yann Beuron, Laurent Naouri, Mathias Vidal, Sandrine Sarroche, Philippe Talbot, Éric Huchet, Franc Leguérinel, Rodolphe Briand, Doris Lamprecht, Hélène Schneidermann, Ilana Lobel-Torres y otros. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección de escena: Barrie Kosky. Palais Garnier, 12 de octubre 2024.
Les Brigands que presenta la Opéra National de Paris, resulta de una mezcla entre los géneros de la operette-bouffe y de la opéra-comique. Estrenada en 1893, la ONP la introdujo en su repertorio en 1931 y la representó en 1993 por última vez, con motivo de su centenario. En este regreso del título, Stefano Montanari desde el podio satisfizo las exigencias del compositor por el frenesí que mandó imprimir en los galops, por la suavidad que obtuvo en los momentos líricos, por la pericia con la que protegió a los cantantes (algunos se lo agradecerán particularmente) y por la facilidad con la que trató las transiciones sinfónicas. En suma, el maestro se adueñó de la orquesta y del público en su primera aparición local.
Barrie Kosky abandonó el ambiente campesino y campechano del libreto y propuso un mundo variopinto, inclusivo por antonomasia, burlesque, para dar fe del desorden físico y mental de aquel mundo de brigantes. Con la ayuda del coreógrafo Otto Picher se las vio y se las deseó para tener a raya a más de 20 cantantes, seis actores, una docena de bailarines y la presencia permanente del coro, superando el enorme desequilibrio que suponía el presentar en gran formato una obra pensada para ser producida en condiciones modestas. Los interiores sin personalidad de la escenografía —Rufus Didwiszus— contrastaron con la riqueza imaginativa del vestuario de Victoria Behr. Todo ello hizo prácticamente inaudibles, por innecesarios, los textos de la obra, y ni las morcillas en pareado de Sandrine Sarroche (el cajero Antonio) ni los múltiples diálogos añadidos por Antonio Cuenca Ruiz consiguieron desviar hacia los textos la atención del público. Por mayor inri, en más de una ocasión, hasta la música y el canto pasaron a un segundo plano. En definitiva, Barrie Kosky propuso un espectáculo visual.
El tenor holandés Marcel Beekman, como Falsacappa, el jefe de la banda transformado en voluminosa drag queen, estuvo vocalmente impecable: mostró autoridad para con los suyos y confianza (¿en exceso?) en sí mismo, hasta el punto de hacer creer en la veracidad de sus decires. Le secundó Marie Perbost —Fiorella, su hija— con igual desparpajo escénico y una calidad vocal que fue aumentando en el curso de la representación. Antoinette Dennenfeld, más tímida, como pedía el papel de Fragoletto —el joven banquero enamorado de Fiorella—, puso de relieve las bellas intervenciones brindadas por el compositor en cada una de sus intervenciones. De entre los solistas no se olvide la intervención de Adriana Bignagni Lesca como La Princesse de Grenade.
Para completar el dispositivo vocal y dramático, dispuso el director de un grupo de cantantes franceses veteranos, conocedores de la casa, del compositor, compinches de mil aventuras vividas por los escenarios del mundo entero. Ellos formaron un entramado vocal y dramático, sólido, divertido y eficaz que respondió perfectamente a los designios del director de escena: Laurent Naouri desopilante jefe de carabineros, Rodolphe Briand, como Pietro, ineficaz mano derecha de Falsacappa, Franck Leguérinel como Barbavano fiel secuaz de Falsacappa, Yann Beuron en autosuficiente Baron de Campotasso, Mathias Vidal, en indelicado Prince de Mantoue, Philippe Talbot indefinible Comte de Gloria-Cassis, Éric Huchet soberbio Domino y Doris Lamprecht, aplaudida ya como Fragoletto en la producción de 1993 y aquí como La Marquise. Los demás cantantes estuvieron a la altura de las circunstancias.
El coro, bien preparado por Ching–Lien Wu, no solo apoyó con fuerza y ciencia las partes vocales que le correspondían, sino que también contribuyó, como los solistas todos, a perpetuar el movimiento continuo en el escenario. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL
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