El Diablo enamorado

Burdeos

11 / 02 / 2020 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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Evgenia Muraveva encarnó a una excelente Princesa, junto a la nodriza de Svetlana Lifar © Opéra National de Bordeux / Eric BOULOUMIE
Alexey Dolgov interpretó fantásticamente al príncipe Sinodal © Opéra National de Bordeux / Eric BOULOUMIE
Una imagen de la impactante producción de Dmitry Bertman © Opéra National de Bordeux / Eric BOULOUMIE

Opéra National de Bordeux

Rubinstein: DEMON

Nueva producción

Aleksei Isaev, Evgenia Muraveva, Alexey Dolgov, Ray Chenez, Alexandros Stavrakakis, Svetlana Lifar, Luc Bertin-Hugault, Päul Gaugler. Dirección: Paul Daniel. Dirección de escena: Dmitry Bertman. 6 de febrero de 2020.

Demon (1875) es una ópera de corte romántico escrita por el compositor ruso Anton Rubinstein (1929–1894), poco conocido hoy, con música inspirada, bellas arias y escenas corales impresionantes, cuyo tema principal, inesperado, es el amor que siente el diablo por una princesa mortal. Si bien el simbolismo de la situación parece evidente, el tratamiento musical de la historia es conforme a las convenciones líricas de la época.

Se aplaudió a Paul Daniel, quien desde el podio dio de la partitura, compleja, una versión delicada, inteligente e inteligible, que facilitó en gran manera la comprensión de los sentimientos de unos y otros personajes en el escenario.

"Evgenia Muraveva, la princesa Tamara, brilló cuando se convenció de los buenos sentimientos del Demonio con ella. Sin hacer grandes alardes vocales, que el compositor no le pedía, dio de la princesa una versión sin mácula"

La puesta en escena de Dmitry Bertman estuvo condicionada por la escenografía de Hartmut Schörghofer: un gran tubo fijo en posición horizontal (¿la vista aérea del patio de una comunidad?) y una gran bola al fondo del escenario, moviéndose arriba y abajo con apariencia del globo terráqueo, de la luna, del rosetón de una catedral gótica, todo nacido de adecuadas proyecciones. En estas condiciones los cantantes pudieron dejar totalmente de lado las situaciones dramáticas del libreto y cantar con mayor libertad.

El bajo ruso Aleksei Isaev –el Demonio– defendió con brío su partitura, la más completa e interesante de la obra. Lo hizo con gusto y con ganas, mostrando un dominio total de la emisión en toda la tesitura, una gran estabilidad tímbrica, expresión, potencia, lirismo y hasta ternura en la expresión intensa de su amor por la princesa. Evgenia Muraveva, la princesa Tamara, tras alguna duda de justeza inicial, afirmó el canto de su personaje a lo largo de la noche. Brilló cuando se convenció de los buenos sentimientos del Demonio con ella. Sin hacer grandes alardes vocales, que el compositor no le pedía, dio de la princesa una versión sin mácula, finamente cincelada y sentimental. No le fue a la zaga Alexey Dolgov en el papel del príncipe Sinodal; el tenor impresionó por claridad, suavidad y seguridad y también por la elegancia y la regularidad de su emisión.

Completaron el reparto en los papeles de mayor relevancia Ray Chenez como el Ángel portador de malas noticias para el Demonio, Svetlana Lifar como la nodriza siempre dispuesta a proteger a su pupila, y Alexandros Stavrakakis en el papel del príncipe Goudal.

El coro de la casa –dirigido por Salvatore Caputo– y el de la Ópera de Limoges –a cargo de Edward Ananian-Cooper–, que se sumó al acontecimiento, estuvieron bien apoyados por el foso, creando momentos de gran lirismo, fuerza y pureza vocal.