El delirio Camarena en Asturias

Oviedo

31 / 01 / 2020 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Javier Camarena en su actuación en Santander © Festival Internacional de Santander / Pedro PUENTE HOYOS

Oviedo

Recital JAVIER CAMARENA

Obras de Gounod, Donizetti, Lalo, Rossini, Von Flotow, Cilea. Javier Camarena, tenor. Ángel Rodríguez, piano. Auditorio de Oviedo, 28 de enero de 2020.

Javier Camarena es un artista que se preocupa por lograr una conexión especial con el público, como el propio tenor ha expresado. Y desde luego que así lo logra, como demostró en su último paso por las tablas asturianas. Camarena recaló en el ciclo de Conciertos del Auditorio de Oviedo para renovar el éxito de 2017 con la mezzo Guadalupe Paz. En esta edición, el tenor ocupó el escenario junto al pianista Ángel Rodríguez, para formar un tándem perfecto, que puso al auditorio en pie.

La alianza con el público se mantuvo desde el primer minuto, con un Camarena cercano y agradecido al público, que al final de la velada acompañó al cantante en la clásica canción mexicana El rey. En esta parada lírica, el tenor no se privó de regalarle al público varias propinas y guiños locales que mostraron a un Camarena cómodo y entregado en su nueva cita asturiana, que colgó el cartel de aforo completo.

"Camarena no solo es un cantante con unos sobreagudos brillantes, que también, sino un tenor de un gusto exquisito con una voz perfectamente esculpida, que va haciéndose cada vez más amplia y poderosa"

Sin duda, el regreso era muy esperado en el auditorio ovetense, al que sorprendió la primera selección de piezas francesas que el tenor incorpora a su historia, para luego sumergirnos en páginas fundamentales del repertorio belcantista. Así, abrió fuego con «Salut! Demeure chaste et pure» del Faust de Gounod, para lucir ya su amplitud de registro a través de un fraseo para abrazar oídos, con momentos de especial tensión. Le siguió «Vainement, ma bien-aimée» de la ópera Le roi d’Ys de Lalo, con líneas delicadas que sonaron algo empañadas hacia el agudo.

Los primeros bravos surgieron con Dom Sébastien, la ópera de Donizetti de la que se interpretó «Seul sur la terre…», y el delirio Camarena siguió con la conocida «Ah! Mes amis…» de La fille du régiment, algo empañada también la emisión, pero con imponente impulso vocal. No en vano, en el descanso se contaban ya los do de pecho realizados por el tenor; pero Camarena no solo es sobreagudos brillantes, que también, sino un tenor de un gusto exquisito con una voz perfectamente esculpida, que va haciéndose cada vez más amplia y poderosa.

En la segunda parte no faltó el caballo de batalla de Ricciardo e Zoraide, la cavatina «S’ella m’è ognor fedele» de Rossini, de especial fuerza y flexibilidad en la voz de Camarena, con el contrapunto perfecto de Rodríguez al piano, en una página exigente también para el instrumento acompañante. Hay que destacar la presentación de Ángel Rodríguez en el ciclo ovetense, con una trayectoria que ya impresiona en la lírica internacional. Su delicadeza en la interpretación y compenetración al piano con el que ya es, a la voz, un compañero de escenarios habitual, no dejó indiferentes.

El recital continuó con la gracia, que se intensifica hasta el fantástico final, de «E fia ver, tu mia sarai…» de la ópera bufa Betly de Donizetti. Como cabía esperar, el tándem dejó sin aliento al público en el final del programa, con «M’apparì tutto amor…» de la Martha de Friedrich Von Flotow, de caudal vocal generoso con un fraseo de quilates, y sobre todo en el lamento de Federico de L’Arlesiana de Cilea, pura pasión, desde la angustia del protagonista cuando lee las cartas que le rompen el corazón.