El debut florentino de Nadine Sierra como Violetta

Florencia

28 / 09 / 2021 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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traviata-operaactual-maggio-sierra (1) Una escena de la producción de Davide Livermore © Maggio Musicale Fiorentino / Michele MONASTA
traviata-operaactual-maggio-sierra (1) Una escena de la producción de Davide Livermore
traviata-operaactual-maggio-sierra (1) Nadine Sierra como Violetta Valery © Maggio Musicale Fiorentino / Michele MONASTA

Teatro del Maggio Fiorentino

Verdi: LA TRAVIATA

Nueva producción

Nadine Sierra, Francesco Meli, Leo Nucci. Dirección musical: Zubin Mehta. Dirección de escena: Davide Livermore. 22 de septiembre de 2021.

La principal atracción de esta nueva producción del capolavoro verdiano la constituía en buena medida la presentación de la protagonista Nadine Sierra en el papel de Violetta Valery. Después de su debut en La Scala en el Rigoletto de 2016 y de su reciente triunfo en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona con Lucia di Lammermoor, se imponía su debut florentino.

En Sierra puede darse la impresión de que se trata de una soprano lírico-ligera y que sus logros terminarían después de un primer acto que fue ya brillante en el brindis, apasionado en el dúo con Alfredo y terminado con el recitativo, el aria (una sola estrofa) y una cabaletta enardecedores. A la esplendidez del timbre, a lo atractivo de la voz y a la fluidez en la emisión hay que añadir una sensibilidad excepcional para una debutante en el papel –esta era la segunda representación–  que pudo incluso permitirse el lujo de incluir resoluciones agudas ya en el adagio aun manteniendo un perfecto dominio de la palabra cantada y de terminar con un espectacular Mi bemol emitido, reforzado y mantenido sobre el acorde final. Pero la sorpresa vendría después, en un vehemente dúo con Germont, un irresistible «Amami, Alfredo», para concluir con un tercer acto emocionante que incluía un «Addio, del passato» (íntegro) y un dúo y un final memorables.

"A la esplendidez del timbre, a lo atractivo de la voz y a la fluidez en la emisión hay que añadir una sensibilidad excepcional para una debutante en el papel"

Francesco Meli, en un papel como el de Alfredo que interpreta con frecuencia, fue la perfecta encarnación del enamorado pasional, que resolvió con esa introspección vocal que se requiere para el diseño de un personaje que a menudo suele despacharse como ejemplo de suficiencia machista. En magnífica forma vocal, cantó sin problemas la comprometida cabaletta y desarrolló toda una paleta de colores, una vivacidad en el fraseo y un cuidado en la expresión sonora que le hacen insustituible en este papel.

Poco puede decirse de Leo Nucci que no sea lo ya dicho repetidamente: un fenómeno de longevidad y consistencia vocal a sumar a la experiencia de toda una carrera que no parece tener fin. Texto siempre esculpido, agudo seguro y firmemente mantenido y proyección envidiable, todo ello en el contexto de esa profundidad interpretativa que el veterano barítono prodiga en cada representación. Funcionales los demás intérpretes, jóvenes todos ellos, Caterina Piva (Flora), Caterina Meldolesi (Annina), Luca Benard (Gastone), Francesco Samuele Venuti (Douphol), William Corrò (D’Obigny) y Emanuele Cordaro (Grenvil). Procedían de las filas del coro Alfio Vacanti (Giuseppe), Egidio Massimo Naccarato (Criado de Flora) y Giovanni Mazzei (Un mensajero). Bien el coro, como siempre óptimamente preparado por Lorenzo Fratini.

Hay que hacer mención especial en esta ocasión de la espléndida orquesta, que adora a un director como Zubin Mehta. El director indio de 85 años, que dirigió su primera Traviata en el Comunale en un lejano 1964, es ya un florentino de adopción y llevó a buen puerto una función que será difícil olvidar por la perfección de sus tempi, su apoyo a la acción escénica y el énfasis sonoro de los momentos puntuales. Un milagro, teniendo en cuenta la salud precaria del maestro, saludado por los aplausos interminables que acogieron su aparición final en el escenario.

In cauda venenum podría decirse de la nueva escenificación, ciertamente espectacular. No se trata ya de discutir la transposición temporal de la acción, que en los últimos años ha sufrido toda clase de excesos, al París del 68. Violetta es presentada aquí como una vulgar dueña de un burdel cuyos ingresos ya percibe en el primer acto, para convertirse en una especie de fotógrafa en un atelier en el segundo y volver al burdel, ahora convertido en hospital, en el tercero, todo lo cual contribuye a la perplejidad del espectador, por no hablar de los escritos feministas en las paredes y la irrupción de la policía cuando el coro canta «Si ridesta in ciel l’aurora». Germont es una especie de Gianni Agnelli, Alfredo una imitación de Lapo Elkan, Flora una lesbiana, y no faltan las parejas gay moviéndose por escena. La provocación en este caso parece casi  inofensiva. Firmaban el montaje Davide Livermore para la puesta en escena, Giò Forma la escenografía, Mariana Fracasso el vestuario y Antonio Castro las luces. Las proyecciones en vídeo, pronto en streaming, son obra de D-work* Andrea MERLI, crítico en Italia de ÓPERA ACTUAL