'L'Angelica', o el debut de Metastasio y Farinelli

Martina Franca

02 / 08 / 2021 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 min

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Angelica Martina Franca / operaactual.com Una escena de 'L'Angelica' en el Festival della Valle d'Itria © Festival della Valle d’Itria / Clarissa LAPOLLA
Angelica Martina Franca / operaactual.com Una escena de 'L'Angelica' en el Festival della Valle d'Itria © Festival della Valle d’Itria / Clarissa LAPOLLA
Angelica Martina Franca / operaactual.com Una escena de 'L'Angelica' en el Festival della Valle d'Itria © Festival della Valle d’Itria / Clarissa LAPOLLA

Festival della Valle d’Itria

Porpora: L'ANGELICA

Nueva producción

Teresa Iervolino, Paola Molinari, Ekaterina Bakanova, Gaia Petrone, Barbara Massaro, Sergio Foresti. Dirección musical: Federico Maria Sardelli. Dirección de escena: Gianluca Falaschi. Cortile del Palazzo Ducale, 30 de julio de 2021.

La ópera L’Angelica de Nicola Porpora, representada en Nápoles en 1720, marcó el inicio de una nueva época del género porque con ella debutaban dos jóvenes que llegarían a ser grandes protagonistas en la ópera seria: el libretista Pietro Metastasio y el castrado Farinelli. No se hallaban aún, sin embargo, en el momento más alto de su arte. Farinelli contaba con 15 años e interpretaba un personaje secundario. Metastasio tenía veintidós y esbozó con este libreto la línea que seguiría a lo largo de toda su vida, pero no podría infundirle aún el noble dramatismo que conseguiría con la Didone abbandonata o La clemenza di Tito, entre otros futuros libretos de su firma, todos ellos puestos en música por decenas de compositores. L’Angelica es, pues, un título importante para la historia de la ópera pero no se trata de una obra maestra y no hace plena justicia a la grandeza de Porpora, un compositor capaz de enfrentarse a Händel en su período londinense. En realidad ni siquiera se trata de una ópera como tal, sino de una serenata, es decir, de dimensiones menores y destinada a ser representadas en teatros privados, ahora recuperada por el Festival della Valle d’Itria de Martina Franca.

"Angelica tiene dos intervenciones virtuosísticas y de complicada coloratura, exigentes en el grave y en el agudo, que Ekaterina Bakanova afrontó con total seguridad"

El argumento  deriva del poema del siglo dieciséis Orlando furioso de Ariosto y narra un episodio entonces bien conocido: la princesa china Angelica se enamora del joven soldado sarraceno Medoro y el paladín Orlando, a su vez enamorado de Angelica, enloquece por el dolor. Metastasio teatraliza esta fantasiosa trama convirtiéndola en una pesada historia de amores arcádicos, similar a otras tantas, donde solo la locura de Orlando posee elementos originales. El público puede consolarse, no obstante, con la serie de arias escritas por Porpora, espléndidas algunas de ellas y otras no tanto, y de modo esquemático puede afirmarse que en esta obra, si se empieza en un tono algo bajo, las cosas mejoran mucho en la segunda parte. Paralelamente, mejora también la prestación de los cantantes. El momento más alto lo significa el aria de Medoro, con el acompañamiento de un violonchelo solista y el bajo continuo que da un color crepuscular a la melancólica melodía, que encanta al público. No se trata de un aria virtuosística, porque juega con pocas notas y está totalmente desprovista de abbellimenti, pero requiere un arte grandísimo, una respiración perfectamente calibrada, un timbre purísimo y una expresión intensa pero interiorizada. Paola Valentini Molinari estuvo perfecta en ella y antes y después del aria, aparentemente sencilla. Angelica tiene dos intervenciones virtuosísticas y de complicada coloratura, exigentes en el grave y en el agudo, que Ekaterina Bakanova afrontó con total seguridad. Poco después, con la locura de Orlando terminará la obra; Teresa Iervolino, que hasta entonces había dado la impresión de una excesiva prudencia, supo dar toda la originalidad y la fuerza expresiva que exige esta gran escena.

Tirsi (papel que en 1720 interpretó Farinelli) y Licori son una pareja de pastorcillos enamorados que tienen a su cargo una serie de arias breves pero excepcionales por gracia y vivacidad, las cuales fueron bien interpretadas por las jóvenes Barbara Massaro y Gaia Petroni. Sergio Foresti, cantante al que ha podido apreciarse en numerosas ocasiones, quedaba aquí un poco sacrificado en el poco interesante papel del viejo y sabio Titiro.

Convincente la dirección de Federico Maria Sardelli, un especialista en este repertorio que dirigía la orquesta barroca La Lira d’Orfeo. Gianluca Falaschi es un conocido especialista en vestuario que debutó con esta puesta en escena y se hizo notar sobre todo por la espectacularidad de los trajes de los omnipresentes (ya que no indispensables) mimos, en tanto que la dirección escénica propiamente dicha pareció excesivamente trivial. El público, un tanto frío en la primera parte de esta serenata, fue animándose en el curso de la representación para acabar aplaudiendo calurosamente a todos los intérpretes.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL