El contraste de la vida

Oviedo

26 / 02 / 2024 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 4 min

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sorozabal oviedo Escena de 'Adiós a la Bohemia' en el Teatro Campoamor © Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo / Alfonso SUÁREZ
sorozabal oviedo Escena de 'Adiós a la Bohemia' en el Teatro Campoamor © Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo / Alfonso SUÁREZ
chueca oviedo Escena de 'La Gran Vía' en el Teatro Campoamor © Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo / Alfonso SUÁREZ
chueca oviedo Escena de 'La Gran Vía' en el Teatro Campoamor © Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo / Alfonso SUÁREZ

XXXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo

Chueca y Valverde: LA GRAN VÍA / Sorozábal: ADIÓS A LA BOHEMIA

Borja Quiza, Vanessa Goikoetxea, David Lagares, Alberto Frías, Milagros Martín, Néstor Galván, Gabriel Alonso, Carlos Mesa, Antonio Torres, Sandro Cordero, Maxi Rodríguez. Oviedo Filarmonía. Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dirección musical: Víctor Pablo Pérez. Dirección de escena: Ignacio García. Teatro Campoamor, 22 de febrero de 2024.

Tras la celebración, la pasada temporada, del 30.º aniversario del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, la edición de 2024 ha levantado el telón con un programa doble que refleja el contraste de la existencia. De la explosión jubilosa de La Gran Vía de Chueca y Valverde al desgarro y la amargura de Adiós a la bohemia, la gran ópera chica de Pablo Sorozábal (ver previa en este enlace).

La producción que Donostia Musika ha dedicado a este poco transitado retazo de vida, con firma del director de escena Ignacio García —que repetirá en mayo con La rosa del azafrán— y estrenada a principios del año pasado en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, llegaba quizá sin la expectación despertada por su pareja de cartel, pero ha causado un hondo impacto, directo a la boca del estómago. Primero, por el importante nivel conseguido en su representación. Después, por hacer justicia a una partitura inmerecidamente olvidada. Días antes del estreno, el profesor Emilio Casares recordaba el pequeño porcentaje, sobre el volumen total, de obras líricas españolas que han permanecido en el catálogo, lo que, sumado a la escasa presencia de zarzuelas, revistas y óperas españolas más allá del Teatro de La Zarzuela y el Campoamor, continúa dibujando un complicado escenario para la lírica hispana e iberoamericana.

Deshaciendo el camino de este doble ticket, el equipo de Ignacio García (Alejandro Contreras en la escenografía, Ana Ramos como responsable del vestuario, el coreógrafo Antonio Perea y el diseñador de iluminación Juan Llorens) construyen con mimo el café de cualquier barrio de Madrid en el que Ramón y Trini se despiden de su juventud. Un lienzo teatral sobre el que Borja Quiza y Vanessa Goikoetxea, el pintor y su musa, pusieron corazón y sobrados medios vocales a la tristeza, preñada de rabia y resignación, que encierran el texto de Pío Baroja y la música de Sorozábal, hasta hacerla casi tangible. Como una niebla que, del escenario, se extendía lenta e inexorablemente atravesando la cuarta pared que separa los dos mundos que conviven en un teatro.

Junto a la pareja protagonista, el bajo-barítono David Lagares, de imponente presencia canora y escénica, fue uno de los grandes triunfadores de la velada. Alberto Frías, Carlos Mesa, Antonio Torres y Gabriel Alonso completaron con acierto un nada sencillo puzle realista en el que es necesario destacar el profundo trabajo, de amplia paleta expresiva, del maestro Víctor Pablo Pérez al frente de la orquesta Oviedo Filarmonía, formación titular del Festival y que acaba de cumplir 25 años de vida; así como el desempeño de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo en ambos títulos.

"Un lienzo teatral sobre el que Borja Quiza y Vanessa Goikoetxea, el pintor y su musa, pusieron corazón y sobrados medios vocales a la tristeza, preñada de rabia y resignación"

Más allá de la experiencia en el género de los cuerpos estables del Festival, para el éxito de la función fueron esenciales la capacidad del reparto para transitar de la luminosa Gran Vía a la oscura gravedad de la segunda parte, ajustando modos y caracteres al servicio de la música y el texto en un ejercicio teatral nada sencillo; así como la inteligencia demostrada por Ignacio García al construir esta nueva producción ovetense de la revista madrileña de Chueca, Valverde y Pérez a través de una enorme economía de medios. Un edificio Metrópolis rodeado de andamios, un par de bicicletas, algunos carteles y un elegante conjunto de vídeos a cargo de Alejandro Contreras fueron suficientes, de nuevo contando con el magisterio y la entrega de todo el reparto: del Caballero de Quiza a la Menegilda de Goikoetxea, el Comadrón de Frías, el Paseante de Mesa, el Policía de Torres, el paleto de Maxi Rodríguez, la fuente de Sandro Cordero o los encantadores ratas, interpretados por Néstor Galván (primero), Gabriel Alonso (segundo) y Lagares (tercero). Disfrutar de la experiencia y el savoir faire de Milagros Martín, magistral en la intención y el uso de la voz y el texto como Doña Virtudes, el Elíseo y la Gomosa, es siempre un regalo para los amantes del género.

Levantar una obra como La Gran Vía nunca es tarea sencilla, por su consistente presencia en el acervo musical patrio desde su estreno. Junto a la selección de números musicales, en un relato que unió buena parte de la estructura original de la obra con las adiciones de 1887 —aunque algunas de las páginas iniciales, como el “Coro de los marineritos” o “Los yernos”, no hayan envejecido tan bien como el imprescindible “Vals del Caballero de Gracia”, por citar solo tres de ellos-, las partes habladas conectaron la obra con el público de hoy, a través de alusiones a la política madrileña y nacional, de la mascletá al independentismo o el gusto por la fruta. El poder de la idea, la música y la palabra en las dos caras de una misma moneda.  * Pablo GALLEGO, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL