El 'Gato' en el Campoamor, colofón de un esfuerzo titánico

Oviedo

28 / 06 / 2021 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 4 min

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el gato montes oviedo / operaactual.com Una escena de la producción de Raúl Vázquez © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
el gato montes oviedo / operaactual.com Ángel Ódena como protagonista de la ópera española © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
el gato montes oviedo / operaactual.com Guillen Munguía como 'El Macareno' © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ

XXVIII Teatro Lírico Español

Penella: EL GATO MONTÉS

Espectáculo de clausura

Àngel Òdena, Nicola Beller Carbone, Guillen Munguía, Marina Pardo, Sandra Ferrández, Francisco Crespo, Fernando Campero, María Heres, José Purón, Fran Sierra, Alexander Zavalin, Olga Guseva, Sergey Zavalin, Carlos Agudo. Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Coro infantil de la Escuela de Música Divertimento. Dirección musical: Lucas Macías. Dirección de escena: Raúl Vázquez. Teatro Campoamor, 24 de junio de 2021.

Cuando el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo comienza a vislumbrar en el horizonte la temporada en la que celebrará treinta años sobre las tablas del Teatro Campoamor, la función de estreno de El gato montés, la ópera de Manuel Penella que ha cerrado su curso número XXVIII, ha servido para dar un golpe sobre la mesa. Una ciudad de poco más de 220.000 habitantes ha conseguido completar otro ciclo lírico (seis títulos de zarzuela y ópera española, cuatro de ellos en programa doble), frente a las fortísimas limitaciones de aforo y las exigencias del trabajo en pandemia. Todo se ha cumplido a rajatabla, como el destino que la gitana lee en la mano de Rafaelillo, El Macareno. Siempre con la colaboración del público, y con un equipo técnico minúsculo. Sin ayudas públicas más allá del ajustado presupuesto aprobado por la Fundación Municipal de Cultura –cuando esta se trata de la única temporada estable, tras la del Teatro de La Zarzuela de Madrid, dedicada al género lírico hispano–, pero con una titánica fuerza de voluntad. Ni un solo susto en el albero, ni una línea escrita fuera del renglón.

El ataque de la Covid-19 podría haber sido una perfecta coartada para meter tijera y armar una temporada cómoda. Pero se ha preferido recorrer el camino contrario. No solo se han recuperado títulos que no pudieron verse en el aciago 2020, sino que el ciclo se ha despedido con una partitura de la magnitud de El gato montés. Las limitaciones del desfasado foso del coliseo ovetense, unidas a las exigencias de distancia entre los profesores, han obligado a trabajar con plantillas muy reducidas, algo que no puede dejarse de lado a la hora de abordar el resultado artístico de cada función. En este caso ha requerido un esfuerzo aún mayor, encargando una nueva adaptación orquestal a cargo de Israel López Estelche, para que todo esté y suene.

"Ángel Òdena, de canto noble y asentado como barítono dramático, se llevó los mayores aplausos y demostró ser el bandolero de referencia, que siente lo que canta"

La clausura de la temporada ha traído dos debuts. Uno, el del director de escena Raúl Vázquez, que firma esta producción procedente del Auditorio de Tenerife, incluyendo algunas novedades, en el teatro que le ha visto crecer entre sus hombros. Otro, el de Lucas Macías al frente de la dirección musical, con la orquesta de la que es titular, Oviedo Filarmonía. Juntos superaron no pocas dificultades para ofrecer una función de alto nivel, que hizo justicia a la creación de Penella. Desde el podio trabajando con pulcritud ritmos, dinámicas y balances para dar vida, más allá de ligeros desajustes de tempi con la escena, a las melodías veristas del compositor valenciano. Los dúos de reminiscencias puccinianas, que permitían una mayor intimidad a los protagonistas y que elevaron la temperatura musical de la función, y la sección que rodea a su archiconocido pasodoble fueron los momentos álgidos de la velada.

Sobre el escenario, presidido por un gran mural de inspiración rupestre dedicado a la tauromaquia, obra de Carlos Santos, la producción logra cuadros de gran belleza plástica sin caer en tópicos. La iluminación de Eduardo Bravo y los figurines de Massimo Carloto logran ajustar el espacio a cada necesidad, con colores y ángulos inspirados en la obra de Julio Romero de Torres. Su próxima representación en el Teatro de La Maestranza de Sevilla pondrá a prueba su fidelidad taurina.

El espacio es coso y casa, y la cárcel en que se encierra Soleá, encarnada por la soprano Nicola Beller Carbone. Su entregada interpretación, vocal y escénicamente, produce un campo magnético que hace creíble el sufrimiento ardiente de la gitanilla. Vázquez perfila con mimo a los personajes, especialmente en el triángulo amoroso que Soleá compone junto al torero Rafael y Juanillo, El gato montés; y resuelve con oficio el tráfico en los diferentes actos. La Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo y el Coro infantil de la Escuela Divertimento estuvieron a la altura del reto.

Àngel Òdena se llevó los mayores aplausos por un papel que ya le hizo merecedor del galardón al Mejor Cantante de Ópera Española o Zarzuela en los tristemente extintos Premios Líricos Teatro Campoamor. De canto noble y asentado como barítono dramático, es el bandolero de referencia, que siente lo que canta. Un paso por detrás quedó el tenor Guillen Munguía como El Macareno, de timbre claro y agudo libre, que tuvo su momento en el rezo «Señó, q’e no me farte er való», que precede su salida al ruedo. A destacar también las ajustadas creaciones y el trabajo de Sandra Ferrández, Marina Pardo, Fernando Campero y Francisco Crespo, esenciales para encajar este mosaico de pasión y violencia que bien podría considerarse la auténtica ópera española. Un drama que cierra el círculo de mujeres –«¡Probe chiquilla!»– abierto en Oviedo con La tempranica y La vida breve.