El 'Caserío' en el Campoamor, por amor a la zarzuela

Oviedo

25 / 06 / 2023 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 5 min

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caserio oviedo Una escena de la producción de 'El caserío' de Pablo Viar © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
caserio oviedo Una escena de la producción de 'El caserío' de Pablo Viar © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
caserio oviedo Una escena de la producción de 'El caserío' de Pablo Viar © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ

XXX Festival de Teatro Lírico Español

Guridi: EL CASERÍO

Clausura del Festival

Damián del Castillo, Miren Urbieta-Vega, Antonio Gandía, Serena Pérez, Carlos Cosías, Itxaro Mentxaka, Carlos Mesa, Maxi Rodríguez. Oviedo Filarmonía. Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Banda de Música Ciudad de Oviedo. Aukeran Dantza Konpainia. Dirección musical: Lucas Macías. Dirección de escena: Pablo Viar. 22 de junio de 2023.

Si la pregunta que Ana Mari le lanza a José Miguel en la escena final de El caserío («A esta casa, ¿qué vienes a buscar?») se le plantease al público del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, probablemente respondería, de una u otra forma, lo mismo que el sobrino del Tío Santi: amor («¿Y tú me lo preguntas, alma mía?»). Amor a la lírica en castellano, a las voces, a la música. Amor a la cultura y al teatro, y a una de las grandes señas de identidad de la programación del Teatro Campoamor, que siente como propia y que, con estas funciones de la famosa comedia de Guridi, Romero y Fernández-Shaw, culmina la oferta de su 30º aniversario.

Toca hablar del estreno de esta recuperada versión escénica de El caserío, de nuevo a teatro lleno. Pero también de un Festival que ha confirmado el vaticinio planteado, el pasado febrero, en la crítica publicada en este mismo espacio tras Pan y toros: “Si esta función da la medida de lo que será este XXX Festival, probablemente se estará ante una de las mejores temporadas que se recuerdan entre los vetustos muros del Teatro Campoamor”. Y así ha sido. Junto con la colosal —en música y esfuerzo— Dolores y el dulce aroma a azahar de Entre Sevilla y Triana, El caserío culmina una edición redonda. Tanto en su discurso, un mapa de la lírica de ascendencia regionalista —Madrid, Calatayud, Sevilla y el País Vasco—, como en los diálogos creativos abiertos entre compositores, así como en las diferentes propuestas escénicas y musicales a las que se suma la gala lírica que reunió en Oviedo a dos de las principales voces del panorama español, Sabina Puértolas e Ismael Jordi.

El público respondió, y cada representación agotó el papel disponible. Queda pendiente, superados los rigores de la pandemia y tras un aumento en el número de abonados parejo a un descenso en la edad media del público —según expusieron los organizadores del Festival al inicio de la temporada—, recuperar alguna de las funciones perdidas por la azarosa y clariniana vida política y económica de estos últimos ocho años.

"Miren Uribeta-Vega, de rotunda veta lírica y exultante vocalidad, ofreció una lección con la nada sencilla 'En lo alto del monte'"

De regreso a Sasibil y Arrigorri, al folclore vasco que Guridi entrecruza con las sentimentales corrientes sinfónicas centroeuropeas, la función de El caserío del pasado jueves dejó la mejor prestación de toda la temporada de las dos formaciones titulares del Festival: la orquesta Oviedo Filarmonía —en empaque, cuerpo e intención musical, a la batuta de su director titular, Lucas Macías— y la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, en canto y versatilidad escénica, aunque la acertada vivacidad de los tempi marcados —especialmente luminosos en el conocido preludio del segundo acto— causasen alguna turbulencia en el número “Mientras llueve sin cesar”. La dirección musical buscó con equilibrio y mimo un sonido enérgico, casi muscular en determinados momentos, pero también fluyó en los pasajes más melancólicos.

Entre frases musicales y fragmentos de texto que, al igual que en Los gavilanes, conectan de forma íntima con el no tan lejano pasado emigrante de Asturias, la producción mantiene el acierto de tratar la obra como un acto único, sin entreactos entre sus partes que diluirían la tensión. El lado teatral de este Caserío, dirigido por Pablo Viar —con escenografía de Daniel Bianco, iluminación de Juan Gómez Cornejo y figurines de Jesús Ruiz—, se entrega al servicio de la historia, no necesita libro de instrucciones. Estrenada en 2012, esta coproducción del Campoamor con el Teatro Arriaga de Bilbao deja cuadros de gran belleza plástica —sobremanera, la aparición de Ana Mari en la escena final y el partido de pelota a cámara lenta sobre el dúo de tío y sobrina en el segundo acto—, y no busca protagonismo para sí. Lo cede por completo a los habitantes de Arrigorri, con el personaje de Eustasia (una inconmensurable Itxaro Mentxaka) como imprescindible alma popular, secundada por unos desenvueltos Maxi Rodríguez (Don Leoncio) y Carlos Mesa (Manu).

Muy aplaudidas las intervenciones en el frontón de la Aukeran Dantza Konpainia, dirigida por Eduardo Muruamendiaraz. El cuidado en el componente coreográfico de los cuatro títulos presentados esta temporada ha sido otro de los aciertos del Festival.

En el quinteto vocal, contar con Damián del Castillo es siempre una garantía; el Tío Santi es el sostén de su amado caserío y de la familia que acoge bajo su techo, y la versión del barítono de Úbeda funcionó con precisión en este empeño, en el decir del texto y el canto en las romanzas y dúos, más allá de pasajes de tesitura mucho menos agradecida. El dúo de Inosensia y Txomin logra una conexión automática con el público, feliz de ver la historia a través de sus ojos; defendieron a estos personajes Serena Pérez y Carlos Cosías, y ambos supieron aprovechar cada una de sus intervenciones —de menos entidad en el caso del personaje femenino, de natural vis cómica—, dejando dos páginas (juntos en “Cuando hay algo que haser, no se debe dudar”, y la competición tenoril de los versolaris, el “chiquito de Arrigorri”, de Cosías y Antonio Gandía) llenas de candidez y verdad.

Quedan para el final los dos grandes triunfadores de la noche, Miren Urbieta-Vega (Ana Mari) y Antonio Gandía (José Miguel). Este Caserío del XXX aniversario quedará en sus carreras como su debut soñado en el Festival de Teatro Lírico ovetense. Dueño de una voz de tinte solar y envidiable proyección, el tenor nacido en Crevillente reclama, por derecho, una mayor atención de los teatros a su capacidad vocal y compromiso con el oficio: elegante y doliente en la romanza “¡Yo no sé qué veo en Ana Mari…!”, cómico en su papel de crápula redimido, se mostró eficaz y entregado. La soprano donostiarra, de rotunda veta lírica y exultante vocalidad, ofreció una lección con la nada sencilla “En lo alto del monte”, entre filados, medias voces y naturales ascensos al tercio agudo. Sus próximos compromisos —Liù en el Real, Elsa de Lohengrin en el Campoamor o Mimì en Bilbao— le permitirán explotar sus talentos, más que preparada para dar un gran salto.

Tres décadas de lírica en español, de la Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial que es ya la zarzuela, quedan atrás. Que el frondoso árbol verde que, al término de El caserío, habla de confianza en el porvenir sea también presagio del futuro de este Festival. Hasta la próxima edición.  * Pablo GALLEGO, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL