El baile de Forooz Razavi y Javier Franco

Oviedo

03 / 12 / 2019 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Ballo Javier Franco y Forooz Razavi fueron los grandes triunfadores de la noche © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ
Ballo Javier Franco y Forooz Razavi fueron los grandes triunfadores de la noche © Ópera de Oviedo / Iván MARTÍNEZ

Ópera de Oviedo

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

Viernes de ópera

Rino Matafù, Javier Franco, Forooz Razavi, Yulia Mennibaeva, Belén Roig, David Oller, Kenneth Kellogg, Gianfranco Montresor, Manuel Gómez. Dirección: Gianluca Marcianó. Dirección de escena: Fabio Ceresa. Teatro Campoamor. 22 de noviembre de 2019.

Con Verdi volvieron los Viernes de Ópera que ofrece en su temporada la Ópera de Oviedo, para llenar el Teatro Campoamor con un público que se volcó con este Ballo in maschera elegante y onírico, en la visión de Fabio Ceresa. La velada contó con el reparto alternativo, que se unió a la Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) para revivir de nuevo en Oviedo, bajo la batuta de Gianluca Marcianó, las páginas inolvidables del compositor romántico italiano. Hay que destacar el trabajo de la dirección musical en el desarrollo de una obra plena de contrastes, con un trabajo orquestal sofisticado. Todos los elementos musicales y expresivos respondieron al drama que se distingue en medio del ambiente opulento y radiante de la corte.

"Javier Franco mostró la solidez en escena a la que tiene acostumbrado, con un Renato rotundo en lo vocal; la soprano Forooz Razavi dejó sin aliento al público en el segundo acto, luciendo su caudal de voz con un instrumento amplio y flexible"

Así, la velada fue ganando en intensidad dramática a través de esta historia de venganza que es pura pasión, hasta el asesinato del rey, a manos de su amigo. Se trata de una conspiración que se resuelve entre sentimientos contradictorios, incluso nobles en parte, entre las pasiones exaltadas. No en vano en la propuesta de Fabio Ceresa, en una producción de la Ópera de Budapest, se destaca la parte más humana de los personajes y a la vez más contradictoria: nada fuera de la propia condición humana. En este sentido, hubo dos personajes fundamentales que destacaron además por la interpretación que ofrecieron quienes los defendían.

Por un lado, Javier Franco mostró la solidez en escena a la que tiene acostumbrado al público, con un Renato rotundo además en lo vocal, y que en este Ballo pinta en lienzo los claroscuros de su propio personaje. A destacar la evolución de su personaje, aquí como pintor de la corte, que se debate entre las pasiones, el amor y el honor. Con el del barítono, sin duda este fue el baile de Forooz Razavi: la soprano iraní dejó sin aliento al público en el segundo acto luciendo su generoso caudal de voz, con un instrumento amplio y flexible. El lamento de la madre, «Solo una palabra te dirigiré», fue uno de los momentos estelares de la Amelia de Razavi, sobre la intimidad de la cuerda de la OSPA. Junto al Renato de Franco, de fraseo exquisito -y dúctil, como lució más adelante-, este ecuador de la ópera fue de especial profundidad dramática, con el pintor arrastrando el cuadro de la dulzura perdida.

El triángulo amoroso se completó con el tenor Rino Matafù, quien tiene toda una carrera por delante en los teatros. En la piel del rey Gustavo III se le escuchó aún un tanto limitado en los registros extremos, si bien lució un bello timbre que conquistó al Campoamor en momentos como el dúo del segundo acto con la soprano, mostrando su potencia vocal y dramática, aunque no siempre suficiente para el papel. El tenor se impuso especialmente en la escena segunda del último acto, «Ya habrá llegado a la puerta», más ajustado en esta página. En la corte del rey, Belén Roig gustó mucho como Oscar y sobresalió en los momentos de celebración del paje, especialmente en la invitación al baile que derivó en un número de conjunto muy efectivo, y sobre todo en la escena del baile frente a Renato.

También fueron de aplauso las intervenciones de las voces graves, especialmente de Kenneth Kellogg, David Oller y Gianfranco Montresor. Asimismo, el Coro de la Ópera de Oviedo que dirige Elena Mitrevska marcó presencia desde el inicio con las voces graves de oficiales y gentilhombres. Además de lo vocal, el coro fue otro elemento plástico dentro de la escenografía, entre los juegos de luz de Rodrigo Ortega y el decorado, que se fundía con los trajes exquisitos diseñados por Giuseppe Palella.