El auspicioso debut de Celso Albelo como Rodolfo

Venecia

03 / 02 / 2024 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 2 min

Print Friendly, PDF & Email
Bohème Fenice 'La Bohème' en La Fenice © La Fenice / Michele CROSERA
Bohème Fenice 'La Bohème' en La Fenice © La Fenice / Michele CROSERA
Bohème Fenice 'La Bohème' en La Fenice © La Fenice / Michele CROSERA

Teatro La Fenice

Puccini: LA BOHÈME

Claudia Pavone, Celso Albelo, Alessio Arduini, Mariam Battistelli, Armando Gabba, Adolfo Corrado, Matteo Ferrara. Orquesta y Coro del Teatro La Fenice. Coro de voces blancas Piccoli Cantori Veneziani. Dirección musical: Stefano Ranzani. Dirección de escena: Francesco Micheli. 2 de febrero de 2024.

Regresó a La Fenice la producción de Francesco Micheli de Le Bohème, estrenada en el teatro veneciano en 2011 y repuesta desde entonces en cinco temporadas, mostrándose en esta ocasión como un montaje ideal para la actual época de carnaval debido a su fantasioso planteamiento. La velada ofrecía un interés especial para la lírica hispana, ya que significaba el debut en el papel de Rodolfo del tenor español Celso Albelo (ver noticia en este enlace), una velada que en Italia se retransmitió en directo por la RAI.

La propuesta escénica del director del Festival Donizetti de Bérgamo viaja a un París imaginario de finales del siglo XIX, como si se tratara de postales de época y de cuento, con una dirección de actores a ratos realista, a ratos con movimientos coreografiados. A la ilusión carnavalesca contribuye la escenografía de Edoardo Sanchi, aunque con un telón de boca que enmarca la acción del primer acto que no ayuda en nada a la concertación ni a la visibilidad. La propuesta se centra en un París de tópicos con efectos teatrales simpáticos, con parada de metro y anuncios publicitarios incluidos, bien enmarcado en el diseño de iluminación de Fabio Barettin. Ayuda a ambientar adecuadamente el imaginativo vestuario de Silvia Aymonino, con la escena del Momus con toques kitsch, mirada que funciona en esa escena, pero que no se aguanta en el intimista último acto. En este ambiente se mueven unos jóvenes bohemios con ganas de disfrutar: es donde se desarrolla el drama de Mimì, sin posibilidades de salvación.

"El Rodolfo de Celso Albelo se mostró de una curiosa madurez, como si llevara años cantando el papel, que le viene como anillo al dedo"

Desde el podio, Stefano Ranzani –que ya había dirigido este montaje– impuso ritmos ágiles, lo que contribuyó a la narración, concertando con eficacia a unos cuerpos estables de indudable calidad, coro infantil incluido.

El Rodolfo de Celso Albelo se mostró de una curiosa madurez, como si llevara años cantando el papel, que le viene como anillo al dedo; sus agudos son solares mientras sus graves se proyectan con seguridad y aplomo ya desde su “Gelida manina”, emotiva y de sobrada potencia, con un fraseo siempre elegante. El suyo ha sido un debut pucciniano auspicioso. La Mimì de Claudia Pavone demostró carácter y un adecuado juego de colores y de exigentes dinámicas, con un seguro ascenso a los agudos. Alessio Arduini, como Marcello, aportó una voz oscura y aterciopelada, con grandes posibilidades, junto a una Mariam Battistelli que apostaba por una Musetta extrovertida y brillante, solo con algún sobreagudo nervioso. Armando Gabba cantó un Schaunard voluntarioso, al que aplicó su gran experiencia, aunque con graves inaudibles, mientras el Colline de Adolfo Corrado impresionaba por su timbre cavernoso, resolviendo sin problemas el aria de la zimarra. Repetía Matteo Ferrara en la caracterización de Benoit y Alcindoro, encarnando a ambos con entera corrección, la misma que caracterizó al extenso plantel de comparsa, bailarines contratados para la reposición.  * Pablo MELÉNDEZ-HADDAD, jefe de redacción de ÓPERA ACTUAL