El amor de Tristán e Isolda, alejado del misticismo wagneriano

Palermo

01 / 06 / 2024 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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palermo wagner La nueva producción de 'Tristan und Isolde' de Daniele Menghini © Teatro Massimo / Rosellina GARBO
palermo wagner La nueva producción de 'Tristan und Isolde' de Daniele Menghini © Teatro Massimo / Rosellina GARBO
palermo wagner Nina Stemma y Michael Weinius como Tristán e Isolda © Teatro Massimo / Rosellina GARBO

Teatro Massimo

Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

Nueva producción

Nina Stemme, Violeta Urmana, Michael Weinius, Andrei Bondarenko, Maxim Kuzmin-Karavaev, Miljenko Turk, Andrea Schifano, Arturo Espinosa. Dirección musical: Omer Meir Wellber. Dirección de escena: Daniele Menghini. 28 de mayo de 2024.

En toda Italia se ha hablado mucho de esta nueva producción de Tristan und Isolde del palermitano Teatro Massimo debido a la dirección de escena de Daniele Menghini, que parecía provocadora, aunque eso les pasaba más a los que habían oído hablar de ella que a los que la habían visto. De hecho, a pesar de algunas ideas originales, no se trata de un espectáculo escandaloso ni irrespetuoso. El motivo principal de la controversia de Menghini fue eliminar el aura místico-filosófica que envuelve la obra y narrar de manera participativa y conmovedora, pero también con algún momento ligeramente irónico, la historia de un gran amor, desde su nacimiento en el primer acto, hasta su explosión en el segundo y su trágico final en el tercero.

El joven director, considerando la historia de Tristán e Isolda como la culminación de una serie de obras maestras que exaltan la pasión amorosa, reunió en el escenario a toda una serie de personajes que son símbolos eternos del amor, empezando por Eros: esta divinidad pagana siempre estuvo presente en escena, encarnada por un joven con alas, completamente desnudo. Menghini tomó evidentemente como modelo el cuadro de Caravaggio conservado en Berlín, pero en el momento de la Muerte de amor de Isolde, el amor pagano se transformó en el ángel cristiano del famoso grupo escultórico del Éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini, que mezcla amor espiritual y sensual.

"Nina Stemme por última vez cantó Isolde, uno de sus personajes favoritos: su interpretación fue hermosa, fuerte, apasionada y emocionó a todo el público"

Otros símbolos del amor aparecen a lo largo de la obra, como Romeo y Julieta y su famoso balcón, Hamlet (pero sin Ofelia) y también Bottom de El sueño de una noche de verano. Menghini quería afirmar así que el amor es más total, verdadero y profundo en el teatro que en la vida misma, y probablemente tiene razón. Pero es imposible contar en pocas líneas una propuesta escénica con tantas ideas, tal vez demasiadas. La más extraña es ver a Amor orinando en un recipiente de agua, de donde se extrae el filtro de amor bebido por Tristan e Isolde: un detalle que no añade ni quita nada a un espectáculo en general bien pensado y bien realizado.

Igual que la dirección escénica, la dirección musical también caminó en el mismo sentido de superar el misticismo wagneriano. En lugar de complacerse con los sonidos borrosos y los tiempos lentos de la vieja escuela alemana, Omer Meir Wellber dio a la orquesta colores intensos y dinámicos, así como tiempos vibrantes y variados, que se adaptan a las vicisitudes eróticas y humanas de los protagonistas. En algunos momentos, el público tenía la sensación de escuchar casi a Verdi con alguna disonancia extra… Esta dirección musical inconformista pero muy intensa y convincente parecía particularmente adecuada a la luz de Sicilia. Wellber pronto pasará de ser director general de Palermo a Hamburgo: quedará por ver si también lleve allí a su Wagner mediterráneo.

Otro motivo de interés de esta producción era la presencia de Nina Stemme, quien cantaba por última vez a Isolde, uno de sus personajes favoritos: su interpretación fue hermosa, fuerte, apasionada y emocionó a todo el público. La potencia de su voz es todavía impresionante y no importa si a veces se convierte en algo así como un grito, lo cual, de hecho, hace a su Isolda aún más humana y dramática. Pálido pero globalmente correcto fue el Tristan de Michael Weinius y en el papel de Brangäne figuraba otra gran veterana, Violeta Urmana, quien confirmó su clase, pero pareció un poco distante, como si no participara en los asuntos de su señora y compañera Isolde. Semejante desapego, esta vez con respecto a Tristan, lo demostró el Kurwenal del joven Andrei Bondarenko, quien, sin embargo, aportó una voz hermosa y bien controlada, así como la que propuso el rey Marke de Maxim Kuzmin-Karavaev. Bien en los papeles menores Miljenko Turk (Melot), Andrea Schifano (Joven marinero y Pastor) y Arturo Espinosa (Timonel).

Los aplausos del público fueron muy cálidos, especialmente para Stemme, Wellber y Menghini.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Italia de ÓPERA ACTUAL