El amor antibelicista de Bretón

Madrid

07 / 03 / 2022 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Tabaré Andeka Rodríguez Zarzuela / operaactual. com Juan Jesús Rodríguez y Andeka Gorrotxategi, junto a Ramón Tebar, en 'Tabaré' © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Tabaré Andeka Ortega Zarzuela / operaactual. com Maribel Ortega y Andeka Gorrotxategi, junto a Ramón Tebar, en 'Tabaré' © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Bretón: TABARÉ

Versión de concierto

Andeka Gorrotxategi, Maribel Ortega, Juan Jesús Rodríguez, Alejandro del Cerro, Luis López Navarro, David Oller, Ihor Voievodin, César Arrieta, Javier Povedano y Marina Pinchuk. Dirección musical: Ramón Tebar. 4 de marzo de 2022.

Con los colores de la bandera ucraniana en la solapa salió todo el reparto al escenario ampliado del Teatro de La Zarzuela. También se escucharon algunas palabras de Daniel Bianco, el director del coliseo, antes de empezar la función abogando por paces y reencuentros. El trasfondo levemente antibelicista del libreto de Tabaré completaba el alegato. En versión de concierto se llevó al escenario la última y tal vez más ambiciosa ópera de Bretón, que tomaba como base la epopeya en verso del poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín. Es una historia ingenua, tanto en el contenido como en el tipo de amor que despliega. Los protagonistas son Blanca, hermana de un capitán español y Tabaré, el cacique charrúa y mestizo que mantienen prisionero los españoles en la Uruguay del siglo XVI. Entre ellos y ante las revueltas de unos y los sofocamientos de otros surge una relación de, digamos, verosimilitud esquiva a medio camino del sentimiento de rebeldía y la piedad religiosa.

El principal punto de interés de la recuperación está en su partitura fastuosa, que ve la luz bajo la intachable edición crítica de Víctor Sánchez. Es una música ecléctica, que bebe a la vez de Das Rheingold de Wagner, del Richard Strauss de principios de siglo o del Meyerbeer más melodramático, con momentos instrumentales densamente elaborados —como la obertura— y una escritura vocal que es, a todas luces, un suicidio para el cantante. Instrumentalmente Ramón Tebar se dedicó a apagar fuegos la mayor parte del tiempo, con poco lugar para el matiz en una partitura que requiere una visita más detenida para elevar el vuelo que promete. Se sacó mejor provecho del hedonista arranque y del rito funerario de Cayú que de las intervenciones orquestales del tercer acto, teñidas de cierto cansancio. Sí que hubo cuidado en el subrayado de los Leitmotive que Bretón coloca de forma un tanto reiterativa.

"Maribel Ortega debutaba en La Zarzuela y su buen apoyo del sonido y control sobre la zona de pasaje consiguieron que llegara al final sin accidentes"

El apartado vocal, dentro de su belleza inequívoca, parece más una venganza, principalmente para el papel de Tabaré, que se mueve en la parte aguda de su registro durante buena parte de la obra y con dinámicas de forte en forte. El ensayista Enrique Anderson Imbert en un texto publicado a finales de los sesenta definió al Tabaré de Zorrilla como un “soñador de imposibles”. Su representación musical no le anda lejos. Andeka Gorrotxategi defendió al protagonista con su registro privilegiado y un aplomo que fue perdiendo a medida que la lógica fatiga se iba adueñando de la voz. Maribel Ortega debutaba en La Zarzuela y su buen apoyo del sonido y control sobre la zona de pasaje consiguieron que llegara al final sin accidentes, tras su muy bella “¡Ya de la gloria!”. A muy alto nivel, a pesar de lo excesivo de su personaje, el Gonzalo de Alejandro del Cerro, con un final conmovedor. También destacaron Juan Jesús Rodríguez, un autoritario Yamandú, y Luis López Navarro en su doble papel. Buen nivel generalizado para el resto en una noche que ojalá haya servido para lo que pretendía, en parte, esta música: olvidar odios ancestrales y ayudar a comprender lo ajeno.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL