Dulce pájaro de juventud

Barcelona

14 / 05 / 2022 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Messa di Gloria/operaactual.com Charles Castronovo y Ludovic Tézier © Antoni BOFILL
Messa di Gloria/operaactual.com Gustavo Gimeno y la Orchestre Philharmonique de Luxembourg © Antoni BOFILL

Palau de la Música Catalana

Puccini: MESSA DI GLORIA

Charles Castronovo, Ludovic Tézier. Orfeó Català (Dirección: Pablo Larraz). Orchestre Philharmonique de Luxembourg. Dirección: Gustavo Gimeno. 11 de mayo.

El Orfeó Català y la Orchestre Philharmonique de Luxembourg ofrecieron en el Palau de la Música el primero de los conciertos de una gira conjunta que les lleva además al Théâtre des Champs Elysées en París y a la Philharmonie de Luxembourg. Una velada que, además, supuso el debut en la sala modernista barcelonesa de Gustavo Gimeno, titular de la mencionada orquesta y, sin duda, una de las batutas españolas más talentosas y de mayor proyección internacional. Fruto de este proyecto de colaboración entre ambas entidades, coral y orquestal, surgió la oportunidad de escuchar la poco habitual Messa di Gloria, obra de juventud de Giacomo Puccini. El programa lo completaron dos obras más de Olivier Messiaen, compositor de estética bien distinta, pero con el nexo de unión de que también se trataba de obras de carácter religioso y pertenecientes a sus opus primerizos: Offrandes oubliées e Hymne.

Giacomo Puccini, excepto en momentos puntuales de crisis personal, nunca manifestó gran devoción religiosa, algo paradójico teniendo en cuenta que sus ancestros ocuparon durante varias generaciones el puesto de organista y maestro di capella en la iglesia de su Lucca natal. En cierto modo, su Messa a quatro voci con orchestra, conocida póstumamente como Messa di Gloria, es su primera y última aportación a esta tradición familiar, pero sobre todo se trata de un trabajo marcadamente académico. Lo más interesante de la obra, más allá de la notable factura técnica que se pone de manifiesto especialmente en las diversas fugas integradas en ella, es descubrir destellos del compositor en el que Puccini se convertiría años después así como percibir las influencias que integra. La sombra gigantesca de Verdi es evidente a nivel estilístico y en el tratamiento coral, pero también se intuye la influencia, en determinados pasajes de los metales, de los scapigliati, con Arrigo Boito al frente.

El resultado es una obra que muestra signos de bisoñez tanto a nivel creativo como estructural, pero que se escucha con agrado teniendo en cuenta las circunstancias. La parte más exigida es sin duda la coral y, en ese sentido, el Orfeó Català estuvo a la altura del reto. Situadas las cuerdas femeninas en un lado y y las masculina en el otro del primer piso, superaron el escollo que este heterodoxo emplazamiento podía suponer en cuanto al empaste apostando por una lectura literalmente estereofónica. En líneas generales, todas las secciones mostraron bello color pero, por encima de todo, destacó el cuidado y la profundidad con el que Pablo Larraz trabajó la obra, factor que se puso de manifiesto en los fragmentos contrapuntísticos.

"De lujo asiático se puede calificar la participación de dos figuras como Charles Castronovo y Ludovic Tézier en las breves partes solistas de la 'Messa di Gloria'"

De lujo asiático se puede calificar la participación de dos figuras como Charles Castronovo y Ludovic Tézier en las breves partes solistas de la Messa. El tenor norteamericano exhibió una voz importante, timbre brillante y cierta despreocupación estilística, especialmente en su primera intervención, un tanto destemplada. Progresivamente se fue adaptando a la acústica de la sala y al concepto marcado por Gimeno desde el podio, de manera que su aportación fue a más. Ludovic Tézier, con aún menos compases en su haber, estuvo impecable en todo momento, tanto a nivel estilístico como vocal, sin apenas despeinarse. Gustavo Gimeno fue clave en el buen resultado final dirigiendo con gesto claro, amplio y elegante en todo momento. Su presencia en el podio transmitió seguridad y su confianza en la orquesta le permitió estar muy pendiente de la masa coral. Por su parte, la Orchestre Philharmonique de Luxembourg se mostró como un conjunto de enorme solidez en todas las secciones, destacando en este programa las cuerdas y los metales.

Si la Messa di Gloria de Puccini es la obra religiosa de un joven no demasiado devoto, Les Offrandes oubliées e Hymne son composiciones sinfónico-religiosas de un joven profundamente creyente. También escritas con veintipocos años, muestran más claramente que en el caso de Puccini una paleta de colores absolutamente identificable que, en obras posteriores, se expandiría hasta extremos únicos, como en el caso de la Sinfonía Turangalila, unos 15 años posterior. Las sutilezas orquestales, como el hipnótico y continuo trino de la viola en Les Offrandes oubliées, denotan la mano de un maestro de la orquestación. Gimeno y su orquesta expusieron ambas obras con claridad y honestidad, sin buscar efectismos y adaptando a la perfección el volumen y el sonido a la acústica de la sala del Palau de la Música Catalana.* Antoni Colomer, crítico de ÓPERA ACTUAL