El fin del mundo según Bieito

Dresde

05 / 11 / 2019 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

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Le grand macabre Markus Marquardt y Gerhard Siegel, desenfrenados © Desden Semperoper / Ludwig OLEG
Le grand macabre Una escena del apocalíptico montaje de Calixto Bieito © Desden Semperoper / Ludwig OLEG
Le grand macabre Una escena del apocalíptico montaje de Calixto Bieito © Desden Semperoper / Ludwig OLEG

Semperoper

Ligeti: LE GRAND MACABRE

Nueva producción

Markus Marquardt, Gerhard Siegel, Hila Baggio, Frode Olsen, Iris Vermillion. Dirección: Omer Meir Wellber. Dirección de escena: Calixto Bieito. 3 de noviembre de 2019.

Para explicar su fin, nada mejor que empezar por el origen del mundo: antes que suene una nota de Le Grand Macabre, un vídeo muestra el célebre cuadro de Gustave Courbet (El origen del mundo, aún hoy, para algunos, escandaloso), un llamativo arranque para una obra que, cosa infrecuente en su carrera, Calixto Bieito vuelve a llevar a escena después de una primera producción en 2010 en Freiburg. Ahora es el turno de la Semperoper, en coproducción con el Teatro Real. Para este gran teatro escatológico del mundo, Bieito cuenta con sus colaboradores habituales –Rebecca Ringst a la escenografía Ingo Krügler al vestuario, Sarah Derendinger al vídeo– para convertir toda la sala en escenario de la trama, continuación de la rampa que serpentea para perderse en las alturas.

Éste es, junto a un gran globo terráqueo suspendido que sirve de pantalla para múltiples (a veces, escabrosas) proyecciones, el principal elemento de la escenografía. La intención envolvente del montaje, a la larga, tiene más efecto musical que teatral, ya que las inesperadas protestas de una parte del público antes y durante la representación no van más allá de la simple anécdota, sobre todo cuando se descubre que provienen del coro. El impacto sonoro de sus intervenciones desde el segundo piso se une a la presencia de grupos de instrumentistas por los cuatro puntos cardinales del teatro.

"El montaje avanza con buen ritmo hasta alcanzar un brillante final: un desfile de pacientes quirúrgicos acompaña el supuesto Apocalipsis mientras el globo terráqueo se deshincha"

Bieito elimina los elementos más grotescos, más marcadamente caricaturescos de los personajes sin que su aspecto normal (es un decir, Nekrotzar viste con batín y pijama) suponga una merma en la procacidad y el humor absurdo de la ópera de Ligeti. Algunas soluciones son intrigantes (Amando y Amanda, como colegialas de inequívocos juegos eróticos), otras menos convincentes (el dúo sadomasoquista de Mescalina y Astradamors), y en ocasiones los referentes son demasiado difusos. Pese a todo, el montaje avanza con buen ritmo hasta alcanzar un brillante final: un desfile de pacientes quirúrgicos acompaña el supuesto Apocalipsis (¿referencia a la experiencia liminar entre vida y muerte que explican algunos enfermos?) mientras el globo terráqueo se deshincha. Los protagonistas quedan embobados, con la boca abierta, mientras el fondo estrellado del decorado baja para revelar la estructura posterior. Todo, ciertamente, es teatro.

Desde los icónicos golpes de bocina iniciales, Omer Meir Wellber, director principal invitado de la Semperoper, presidió una lectura paroxística de la partitura de Ligeti, de la cual subrayaba sus aspectos más astringentes. Unas mayores dosis de ironía, de sensualidad incluso, no hubieran sido sobreras, pero el músico israelí obtuvo una respuesta impactante tanto de la Staatskapelle como del coro, ambos enfrentados por primera vez a una de las grandes óperas de la segunda mitad del siglo XX. Un reparto sin eslabones débiles se entregó a fondo tanto a nivel escénico como vocal, empezando por el Nekrotzar a medio camino entre la amenaza y la autoparodia de Markus Marquardt. Gerhard Siegel aportó una apropiada trompetería a su Piet vom Fass, Frode Olsen fue un sonoro Astradamors sometido a la furia de la Mescalina histriónica de Iris Vermillion, y Christopher Ainslie brindó un meloso Príncipe Go-Go. Por sus continúas ascensiones a la estratosfera, el doble papel de Venus y Gepopo es uno de los más espectaculares de la obra, y Hila Baggio superó la prueba con creces, mientras que las bien conjuntadas voces de Katherina von Bennigssen y Annelie Sophie Müller (Amanda y Amando) aportaban un necesario oasis de poesía.