Dramatismo brillante en el segundo ‘Ángel’ de Prokófiev

Madrid

29 / 03 / 2022 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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angeldefuego-operaactual-teatroreal (3) Una escena de la producción de Calixto Bieito © Teatro Real / Javier DEL REAL
angeldefuego-operaactual-teatroreal (3) Elena Popovskaya (Renata) y Dimitris Tiliakos (Ruprecht) © Teatro Real / Javier DEL REAL
angeldefuego-operaactual-teatroreal (3) Una escena de la producción de Calixto Bieito © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Prokófiev: EL ÁNGEL DE FUEGO

Reparto alternativo

Elena Popovskaya, Dimitris Tiliakos, Vsevolod Grivnov, Olesya Petrova, Pavel Daniluk, Nino Surguladze, Dmitry Ulyanov, Josep Fadó, Gerardo Bullón, Ernst Alisch, David Lagares, Estibáliz Martyn y Anna Gomá. Coro y Orquesta titulares del Teatro Real. Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena: Calixto Bieito. 26 de marzo de 2022.

Para el segundo reparto de El ángel de fuego (crítica del primer reparto en este enlace) se contaba con Elena Popovskaya, una soprano más bien dramática que ha encarnado el papel de Renata medida docena de veces en los últimos quince años, y lo ha asentado realmente bien a pesar de las dificultades que entraña interiorizar un rol que raramente sube a los escenarios. En lo vocal supo dar soporte más que suficiente a un personaje expuesto, exigente y que permanece en el escenario en todo momento. Destacó su control en la emisión, sin perder brillo ni dar síntomas de fatiga. Más complicada fue su labor actoral, no porque la soprano rusa se implicase poco, sino porque la propuesta escénica de Calixto Bieito, prodigiosa en tantos aspectos, tiende a convertir a los protagonistas en personajes extremos, entre desquiciados e inanes, al no mostrar de forma explícita los monstruos que acosan a Renata.

Sobresaliente también el Ruprecht de Dimitris Tiliakos, con enorme presencia escénica y un color vocal que se acercaba a la nobleza innata que desprende el personaje original, factor que resulta indispensable para mantener el juego de crueldad que propone Prokófiev al retratar su descenso a los infiernos con la degeneración propia de quien va sacrificando su código de valores. El doble papel de Agrippa von Nettesheim y Mefistófeles, encarnado por Vsevolod Grivnov, tuvo bastantes dificultades de proyección siempre que la orquesta pasaba del mezzoforte; con todo, el tenor enseñó un registro muy homogéneo y buen fraseo. La Vidente de Olesya Petrova y el Inquisidor de Pavel Daniluka se sumaron al grupo de excelentes calidades, con el grado justo de morbidez que requería el montaje.

"La vidente de Olesya Petrova y el Inquisidor de Pavel Daniluka se sumaron al grupo de excelentes calidades, con el grado justo de morbidez que requería el montaje"

Gustavo Gimeno y la Orquesta Titular del Teatro Real fueron los triunfadores objetivos de la noche. El primero, por no trasladar ni un gramo de histerismo a la orquesta ni olvidarse de la gradación dinámica a pesar de lo salvaje de la partitura en algunos compases. La música de Prokófiev está tan llena de claroscuros que a medida que pasan las funciones van apareciendo aristas que el día del estreno no parecían estar allí, y la orquesta parece haber desarrollado una buena química con el director valenciano. La Sinfónica de Madrid firmó una de sus grandes noches: empastada, brillante, con unos metales privilegiados, supo dejarse llevar lo justo cuando la música se convirtió en aquelarre y sujetarse cuando se precisaba pulso y firmeza rítmica. La sección femenina del coro construyó magníficamente la malsana atmósfera que sobrevuela el acto final de la ópera. En definitiva, una noche, un título y un equipo artístico de altísimo nivel.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL