Dos recitales en uno

Oviedo

09 / 09 / 2020 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 3 min

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Noval, Nebot y el pianista Mendoza en e saludo final del recital © Pablo GALLEGO

Auditorio Príncipe Felipe

Recital ANA NEBOT y JUAN NOVAL

Obras de Hahn, Faurè, Viardot, Poluenc, Satie, Offenbach, Lalo, Mercadante, Gounod, Boito, Bernstein y Vives. Ana Nebot, soprano. Juan Noval, tenor. Arkaitz Mendoza, piano. Sala de Cámara, 7 de septiembre de 2020.

La lírica ha estado siempre asociada a Oviedo, desde aquella Casa de Comedias de El Fontán –demolida, salvo su fachada, en 1901-, hasta las actuales temporadas de ópera y zarzuela en el Teatro Campoamor. Durante muchos años las únicas funciones coincidieron con la festividad de San Mateo, y este septiembre ha sido precisamente un recital lírico, a cargo de la soprano Ana Nebot y el tenor Juan Noval, junto al pianista Arkaitz Mendoza, el encargado de abrir las celebraciones organizadas por el Ayuntamiento de la capital asturiana.

Si para Hemingway París era una fiesta, para Oviedo fue el hilo conductor de un programa basado, prácticamente por entero, en compositores franceses y sus diferentes visiones del amor. Desde los salones parisinos de finales del siglo XIX y principios del XX, al drama y el teatro, con arias de óperas estrenadas en la capital del Sena.

"Para que el público olvidase, por un momento, la realidad que llena casi todos los minutos y páginas de los medios de comunicación, Nebot y Noval construyeron un programa de altísima exigencia, con casi dos horas de música"

Para que el público olvidase, por un momento, la realidad que llena casi todos los minutos y páginas de los medios de comunicación, Nebot y Noval construyeron un programa de altísima exigencia, con casi dos horas de música. Dos recitales en uno. Y Arkaitz Mendoza, pianista y director de orquesta, buscó cederles todo el protagonismo, solo soltando las riendas para explotar una veta mucho más expresiva en las piezas solistas. Como en la engañosa simplicidad de la Gymnopédie Nº 1 de Erik Satie, o en un Intermezzo de Cavalleria rusticana lleno de emotividad.

Como siguiendo el arco argumental de un personaje, la soprano ovetense fue creciendo. Desde la elegante sutileza de las canciones de Reynaldo Hahn o Gabriel Fauré, con una Le papillon et la fleur de factura preciosista, fue subiendo peldaños para recorrer, con un bello registro central, Les chemins del amour de Francis Poulenc. La explosión final llegó con La Périchole, de Jacques Offenbach, sumando páginas de más energía y descaro con las que Nebot jugó a placer, aprovechando su talento para conectar de forma directa con el público.

La diva de l’Empire, de Satie, voló en memoria de la diseñadora de vestuario Pepa Ojanguren. Y en la propina que cerró la primera mitad, muchos de los cantantes que estos días participan en la temporada de ópera formaron, desde sus butacas, el coro de admiradores en la Gavotte de la Manon de Massenet.

Aunque habían compartido el dúo de Faurè Puisqu’ici bas tout ame, el aria “Vainement, ma bien aimée”, de la ópera Le Roy d’Ys de Édouard Lalo fue la primera salva del tenor asturiano, cuidadoso en el estilo y exhibiendo un cristalino registro agudo. Sin tregua, atacó el aria de Il giuramento, de Mercadante y, de nuevo junto a Ana Nebot, interpretaron “Ange adorable”, de Roméo et Juliette, para después liberar de nuevo caudal vocal con “Salut! Demeure chaste et pure!” del Faust de Gounod. Como final, dos piezas con las que Juan Noval reclamó, por derecho propio, una mayor presencia en los carteles de los teatros: “Maria”, de West Side Story, de apabullante naturalidad; y “Por el humo se sabe”, de Doña Francisquita, en el mismo momento en que esta zarzuela ganaba un Premio Max.