Donizetti como nunca lo habías visto

Bérgamo

21 / 11 / 2020 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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Todo el espacio del teatro Donizetti se adaptó para la propuesta © Donizetti Opera Festival / Gianfranco ROTA
Un juego de escaleras presidía la platea © Donizetti Opera Festival / Gianfranco ROTA
El bajo Michele Pertusi brilló en el rol protagonista © Donizetti Opera Festival / Gianfranco ROTA

Donizetti Opera Festival

Donizetti: MARINO FALIERO

En 'streaming'

Michele Pertusi, Bogdan Baciu, Michele Angelini, Francesca Dotto, Christian Federic. Orchestra Donizetti Opera, Coro Donizetti Opera. Dirección: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Marco Rossi. Teatro Donizetti, 20 de noviembre de 2020.

El Donizetti Opera Festival, con sede en Bérgamo, inauguró una edición especialmente emotiva. Es bien conocido el altísimo precio que le tocó pagar a la ciudad lombarda en los albores de la crisis de la Covid-19. La organización no ha querido obviar esa triste circunstancia y ha enfocado el festival desde el prisma del luto y de la superación de este por medio de la experiencia de la ópera. En el camino, sin embargo, ha nacido algo más que un discurso respetuoso y esperanzador, al lado de una simple adaptación del espectáculo a las restricciones que impone la pandemia; se ha afirmado una forma de ofrecer y disfrutar la ópera cuyos precedentes son harto difíciles de establecer, si es que tiene alguno.

"El patio de butacas desaparece por completo para convertirse en escenario; la orquesta ocupa un lugar intermedio entre el nuevo centro del espectáculo y las tablas en las que en condiciones normales se actuaría, se transforman en una especie de tercera pista por la que se reparten los miembros del coro"

Para esta entrega excepcional del certamen se ha reestructurado completamente el espacio del Teatro Donizetti. El patio de butacas desaparece por completo para convertirse en escenario; la orquesta ocupa un lugar intermedio entre el nuevo centro del espectáculo y las tablas en las que en condiciones normales se actuaría, transformadas ahora en una especie de tercera pista por la cual se reparten los miembros del coro. Todo ello, por supuesto, respondiendo a las medidas establecidas por las autoridades respecto a la distancia de seguridad. Pero sería erróneo leer la reestructuración del teatro solo desde esta perspectiva. Detrás de esta coherente y total revisión de la ópera como evento, que se retransmite en streaming con realización en directo, está la apuesta explícita por una experiencia nueva que va a tener que ser debidamente reflexionada.

En Bérgamo no se han adaptado el repertorio, como viene haciéndose desde el principio de la crisis en todos los teatros del mundo, sino las convenciones espaciales de su puesta en escena. Solo así se entiende la elección, como carta de presentación del festival, de una ópera que nada tiene de cambrística: se trata del Marino Faliero, obra de madurez de Donizetti, tercer fruto de su año feliz (un 1835 en que vieron la luz también Lucia di Lamermoor y Maria Stuarda). Esta perla escondida del bel canto romántico prevé, en efecto, un coro muy activo y un elenco de voces considerable; bajo, barítono, soprano y tenor se reparten una cantidad ingente de escenas y arias de influencia marcadamente rossiniana.

Bajo la concentrada batuta de Riccardo Frizza, responsable musical del certamen, los cantantes no lo tuvieron fácil ante sus personajes, los cuales, en la cuidada dirección de Stefano Ricci, también mantienen la distancia de seguridad en todo momento. Y a esa dificultad contextual cabe añadir la complejidad implícita de los papeles principales. Especialmente inspirado estuvo el bajo Michele Pertusi como protagonista, así como la soprano Francesca Dotto; ambos rellenaron sobradamente el enorme espacio, ahora absolutamente tridimensional, en el que se movían. No así el tenor Michele Angelini, quien no tuvo su noche, pero aguantó el personaje de Fernando hasta su muerte relativamente temprana, al final del segundo acto. Una ópera llena de sorpresas —y la muerte del tenor no es menor; Donizetti lo sacrifica en favor de las voces graves casi tan felizmente como lo haría Verdi—, retransmitida con una calidad excelente por la RAI y la web TV del festival, y ejemplo quizás sin parangón de yuxtaposición productiva entre lenguaje audiovisual y artes escénicas. En las pantallas del público vibró una perspectiva nueva sobre Donizetti, cuyas virtudes no pasarán inadvertidas a los reformadores del directo.