CRÍTICAS
NACIONAL
'Don Juan no existe', la crítica que se hace ópera entre ecos de Mozart
Peralada
Festival Perelada
Helena Cánovas: DON JUAN NO EXISTE
Estreno absoluto
Natalia Labourdette, Pablo García-López, David Oller. Dirección de escena: Bárbara Lluch. Dirección musical: Jhoanna Sierralta. Cosmos Quartet, Helena Otero (saxofones), Miquel Vich (percusión). 8 de agosto de 2024.
En el Festival Peralada se estrenó anoche Don Juan no existe, sobre lo que olvidamos y lo que permanece, ópera de cámara de nueva creación de Helena Cánovas, ganadora del certamen Carmen Mateu Young Artist European Award, Opera & Dance que organiza la Fundación Castell de Peralada (ver previa en este enlace). Con libreto de Alberto Iglesias sobre una idea de la compositora, la obra es una invitación a reflexionar sobre la infrarrepresentación de las mujeres en el canon a partir de una perspectiva crítica sobre la figura del Don Juan.
Pieza conversacional donde las haya, Don Juan no existe escenifica en una primera parte los dolores de parto de la obra de teatro homónima de Carmen Díaz de Mendoza Aguado, Condesa de San Luis, de la que se conservan críticas, pero cuyo texto no se ha encontrado; y en una segunda parte altamente meta-ficcional lleva a escena la propia autora de la ópera en el acto de intentar recuperar esa obra perdida y con ella la memoria de la autora Carmen Díaz de Mendoza. Atraviesa la obra una mirada crítica sobre la figura del Don Juan, denunciado por Díaz de Mendoza como estereotipo inmoral y machista; la idea de reescribir Don Juan desde su perspectiva de mujer le viene después de asistir a una representación del Don Giovanni de Mozart en París.
En la segunda parte, en la que se tematiza el rechazo de la obra en el momento de su estreno y el posterior olvido de Díaz de Mendoza, la ópera se convierte en una reivindicación de la voz femenina en el arte y la literatura, que tiene en el personaje del Don Juan, máximo exponente de la objetivación de la mujer, uno de sus peores enemigos. Cánovas e Iglesias son suficientemente inteligentes como para no caer en el gesto irreflexivo de “cancelar” el Don Juan, figura clave de la historia de la cultura occidental, sino que se refieren a él y lo tematizan como tal, aludiendo a su durabilidad – el subtítulo de la ópera es “sobre lo que olvidamos y lo que permanece” –, a la vez que problematizan su carácter e inciden en la necesidad de abordarlo desde diferentes puntos de vista, también desde el feminismo.
La crítica feminista del canon, tarea que tiende a resultar ardua cuando se trata de argumentar en una discusión, encuentra en los medios del arte unos aliados insospechados. Cánovas se enfrenta en Don Juan no existe con valentía al reto de poner música a una conversación –tanto el personaje de la Condesa en la primera parte, como el de la autora de la ópera en la segunda, discuten incesantemente sus ideas con interlocutores masculinos –, combinando el lenguaje contemporáneo con el dialecto del recitativo mozartiano, que domina perfectamente.
El resultado son 80 minutos de reflexión constante, enmarcada en una enigmática estética minimalista de acuerdo con la sequedad del tema, que sin embargo consiguen captar la atención del espectador gracias al eclecticismo de la partitura, llena de giros gratos y sorpresivos; especialmente fresco es el final de la ópera, en el que resuena hasta un poco de Björk y de canto gregoriano. La interpretación de los cantantes-actores fue muy satisfactoria, especialmente la de Natalia Labourdette en los dos papeles protagonistas, bien secundada por Pablo García-López y David Oller.
Convenció el espacio escénico propuesto por Bárbara Lluch, así como el movimiento escénico que planteaba esta nueva producción, mientras que el ensemble dirigido por Johanna Sierralte tuvo un desempeño excepcional. * Lluc SOLÉS, crítico de ÓPERA ACTUAL
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