CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Dmitri Tcherniakov y Kent Nagano concluyen su trilogía straussiana
Hamburgo
Staatsoper Hamburg
Strauss: ARIADNE AUF NAXOS
Nueva producción
Anja Kampe, Nadezhda Pavlova, Ella Taylor, Jamez McCorkle, Martin Gantner, Björn Bürger. Dirección musical: Kent Nagano. Dirección de escena: Dmitri Tcherniakov. 26 de enero de 2025.
Tras Elektra y Salome, Ariadne auf Naxos cierra la trilogía de óperas de Strauss que la Staatsoper Hamburg ha encomendado a Dmitri Tcherniakov y Kent Nagano. Para estas obras, que tienen como elemento común estar protagonizadas por heroínas de la antigüedad, clásica o bíblica, el director de escena ruso ha aplicado una mirada similar, convirtiéndolas en dramas domésticos en un entorno de la alta burguesía. De aquí que la escenografía del mismo Tcherniakov vuelva a centrarse en un gran salón, en este caso presidido por una espectacular lámpara que recuerda las del Met de Nueva York. Por descontado, Ariadne auf Naxos es una obra de carácter bien diferente, menos truculenta y excesiva, que sus antecesoras, y Tcherniakov responde en consecuencia sin traicionar su método habitual de explicar un argumento no del todo coincidente con el del libreto. El eje central del montaje es tan lúcido como revelador: cómo superar el duelo emocional por la pérdida del ser amado a través del arte, explorando, en paralelo, la frontera entre realidad y ficción.
Rompiendo la diferenciación entre las dos partes de la obra, Tcherniakov sitúa el prólogo en los preparativos de las bodas de plata entre Ariadne y Theseus (quien asume la parte hablada del Haushofmeister), rodeados de familia y amigos (los sobretítulos informan de las relaciones inventadas por Tcherniakov, que poco aportan). El ensayo de la pieza teatral doméstica escrita por el señor de la casa acaba en tragedia por la muerte repentina de Theseus. La ópera arranca con Ariadne ante el féretro de su marido y continúa con el dolor irreparable que siente. Sus allegados lo intentan todo para sacarla del pozo hasta que la llegada de Bacchus, a quien visten con la chaqueta y el pañuelo del difunto, y la reanudación del ensayo del texto de Theseus transforman a una Ariadne que por fin asume la pérdida y decide seguir adelante con su vida.
Tcherniakov que, como siempre, firma una dirección de un detallismo extremo, añade al final un nuevo detalle. Todos los personajes se sitúan ante los ventanales del salón mientras el decorado gira. Los sobretítulos nos recuerdan que Ariadne auf Naxos en su versión definitiva se estrenó en 1916, en plena Primera Guerra Mundial. ¿Una obra escapista mientras un mundo se hunde? Realidad y ficción, en este caso, parecían estar separadas por un abismo, pero el recordatorio de Tcherniakov, teniendo en cuenta el tono general del montaje, parecía gratuito, aunque también pertinente.
Kent Nagano firmó una lectura de gran transparencia, recreándose en la ligereza neoclásica de la partitura, sin olvidar las grandes efusiones líricas propias de Strauss, ayudado por la prestación excelente de la orquesta hamburguesa. Anja Kampe fue una Ariadne conmovedora: cierto, algún agudo resultó duro y el fiato pareció corto en las frases más envolventes, pero la verdad que emana de un canto sin artificios y una gestualidad sincera compensaron con creces estos detalles. La Zerbinetta de Nadezhda Pavlova tuvo la picardía necesaria, por no hablar de la espectacular pirotecnia, de su gran aria. Jamez McCorkle superó con facilidad pasmosa la ardua tesitura de Bacchus, y además fraseó con gusto. Anunciado inicialmente con el contratenor Yuriy Mynenko, el Komponist fue interpretado finalmente por la soprano Ella Taylor, de voz luminosa y línea apasionada. En un reparto cohesionado, Martin Gantner fue un Musiklehrer de gran bonhomía, Peter Tansits un sinuoso Tanzmeister, Björn Bürger un Harlekin melifluo y Wolfgang Koch un Theseus sardónico. * Xavier CESTER, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL
CRÍTICAS RELACIONADAS





