‘Die Entwicklungsgeschichte des deutschen Liedes’, por Anna Lucia Richter

Madrid

23 / 05 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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madrid zarzuela Anna Lucia Richter y el pianista Ammiel Bushakevitz © CNDM / Rafa MARTÍN

Centro Nacional de Difusión Musical

Recital de ANNA LUCIA RICHTER

XXX Ciclo de 'Lied' del Teatro de La Zarzuela

Obras de Oswald von Wolkenstein, Walther von der Vogelweide, Johann Sebastian Bach, Franz Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart, Franz Schubert, Fanny Hensel-Mendelssohn, Felix Mendelssohn, Robert Schumann, Johannes Brahms, Hugo Wolf, Alban Berg, Aribert Reimann, Wolfgang Rihm, Hanns Eisler, Kurt Weill. Ammiel Bushakevitz, piano. Teatro de La Zarzuela, 20 de mayo de 2024.

La luz fue el motivo conductor del recital de Anna Lucia Richter en el XXX Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela y del CNDM. Se titulaba “Licht! Die Entwicklungsgeschichte des deutschen Liedes”, sin traducción, y por eso queda aquí también sin ella: es de suponer que la dirección entiende que los aficionados al Lied dominan todos la lengua de Goethe… La luz llevó al público desde las antiguas canciones de los Minnesänger, evocados estos días en el Teatro Real en su versión wagneriana, hasta la producción estrictamente contemporánea de Wolfgang Rihm, pasando por la religiosidad de Bach, la ligereza de Haydn, las profundidades emocionales del Lied romántico, un breve paseo por el estilo Biedermeir y, después del postromanticismo y la Segunda Escuela de Viena, los abismos de la modernidad y por fin un guiño postmoderno con la cabaretera y sarcástica Berlin Im Licht de Kurt Weill.

Como es natural, la luz fue también el pretexto para que la mezzo alemana luciera el espléndido momento en el que se encuentra su voz. Su transición de soprano a mezzo, todavía reciente, no ha variado en nada la pureza del instrumento, ni su luminosidad, ni la tersa belleza que la caracterizaba en todos los registros. Muy al contrario, Richter despliega ahora una gama aún más variada de colores y de matices, y puede profundizar en una expresividad dramática para lo que siempre estuvo bien dotada, pero que alcanza ahora capas más hondas, y más angustiosas, que la metáfora del contraste entre la luz y la oscuridad expresa bien, aunque no la apura del todo. Nada más lejos de la intención estética y los medios vocales de Richter que el Lied concebido como divertimento. Quizás por eso mismo la primera parte, que arrancó con dos preciosas, canciones antiguas con acompañamiento de zanfoña, de evocaciones muy lejanas y como de otro mundo, se extravió luego un poco en las piezas encantadoras, pero superficiales por contraste, de Haydn y los hermanos Mendelssohn.

"Richter despliega ahora una gama aún más variada de colores y de matices, y puede profundizar en una expresividad dramática para lo que siempre estuvo bien dotada"

Claro que las tres canciones de Schubert, que se cuentan entre las últimas y las más angustiosas, pusieron las cosas en su sitio y volvieron a hacer brillar el talento narrativo y teatral de la mezzo, que, sin traicionar la intimidad del género, alía frialdad en el control de la expresión y una intensidad fuera de serie, apoyada al piano por un extraordinario Ammiel Bushakevitz, pletórico de tensión y sutileza. La segunda parte arrancó con piezas bien conocidas de Schumann y Brahms, para adentrarse con Wolf en las primicias de una contemporaneidad cada vez más torturada, y que requiere por tanto una cierta renuncia a la pura belleza para adentrarse en otro terreno en el que la voz debe transmitir, más que el dolor, la ansiedad y la angustia. Después de las canciones de Wolf, las cuatro de Berg supusieron un descanso, como un momento de equilibrio conscientemente precario, para llegar luego a dos pequeñas joyas de Hans Eisler y acabar con Weill.

Fabuloso Bushakevitz, con un papel protagonista en un recital de tanta densidad, y que se reveló además como un auténtico virtuoso de la zanfoña. De propina, los dos artistas ofrecieron una canción antigua sobre los Reyes Magos y una versión sobrecogedora de “Margarita en la rueca”, de Schubert.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL