'Diario de un desaparecido', o la obsesión amorosa de Janácek

Múnich

10 / 02 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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Diario desaparecido Pavol Breslik en 'Diario de un desaparecido' © Bayerische Staatsoper / WILFRIED HÖSL
Diario desaparecido 'Diario de un desaparecido' en la Bayerische Staatsoper © Bayerische Staatsoper / WILFRIED HÖSL

Bayerische Staatsoper

Janácek: DIARIO DE UN DESAPARECIDO

En 'streaming'

Pavol Breslik, Daria Proszek, Sarah Gilford, Mirjam Mesak, Yajie Zhang. Robert Pechanec, piano. Dirección de escena: Friederike Blum. 8 de febrero de 2021.

Como otros grandes teatros de ópera del mundo, la Bayerische Staatsoper ha apostado decididamente por las retransmisiones vía streaming en tiempos de pandemia. Sus propuestas no se han limitado solo a la ópera, sino que ha ofrecido también espectáculos de ballet y recitales liederísticos. Le ha llegado ahora el turno a Diario de un desaparecido, de Leos Janácek, un ciclo de canciones que se presta, por su coherencia narrativa y evolución dramática, a un tratamiento escénico. Por este formato ha apostado la Ópera de Múnich, que ha ofrecido una versión protagonizada por el tenor Pavol Breslik, con regia minimalista de Friederike Blum y en la versión original para piano.

"El amor por Kamila Stosslova fue una decisiva fuente de inspiración para muchas de las grandes obras de la última etapa del compositor moravo y, especialmente, de 'Diario de un desaparecido'"

La obra, que narra la obsesión del protagonista por una seductora gitana, contiene un fuerte componente biográfico. Janácek la escribió inspirado por la irresistible pasión que sintió, ya en su madurez, por la joven Kamila Stosslova, 40 años más joven que el compositor y con quien mantuvo una intensa correspondencia hasta su muerte. El amor por Stosslova fue una decisiva fuente de inspiración para muchas de las grandes obras en la última etapa creativa del compositor moravo. Pero donde esta obsesión amorosa se muestra de manera más claramente autobiográfica es en este Diario de un desaparecido escrito en 1917.

El conflicto interno del joven protagonista, entre la pasión por la hermosa gitana y las convenciones sociales, surge en la obra desde los primeros versos y constituyen el motor dramático del ciclo. Por ese motivo es elemento clave que el intérprete sepa definir con sutileza la evolución psicológica del personaje y graduar la progresión dramática. El tenor eslovaco Pavol Breslik, muy apreciado y con presencia habitual en la Ópera de Baviera, se mostró en muy buena forma vocal. Posee un timbre lírico ideal para este tipo de repertorio y, evidentemente, un gran dominio del estilo. La interpretación de Breslik, que recientemente ha grabado también la obra, es entregada y por momentos expresiva, pero en esta ocasión pecó de imponer demasiada intensidad desde un primer momento. Un factor que provocó que, pese a la calidad musical y vocal de la propuesta, la versión cayese, inevitablemente, en una cierta monotonía expresiva y se echase en falta el crescendo dramático necesario en la parte final.

El espectáculo de la Bayeriche Staatsoper incluía un concepto escénico firmado por Friederike Blum de carácter minimalista. Utilizó unos pocos elementos escénicos de carácter simbólico –una mesa, una silla, una sábana, una planta y unas flores– que facilitaron la evolución escénica de Breslik pero poco aportaron al sentido o a su visión de la obra. En cualquier caso, la imagen más potente de su propuesta fue el final, con el protagonista saltando por las butacas de una platea obviamente vacía tras, al fin, del amor.

El pianista Robert Pechanec, que también acompaña a Breslik en la grabación discográfica, tuvo una prestación técnica irreprochable en una partitura compleja que, por momentos, es puro fuego. Cumplidora la mezzo Daria Proszek en el corto papel de la gitana y efectivas Sarah Gilford, Mirjam Mesak y Yajie Zhang en las hipnóticas intervenciones de Las tres voces femeninas.