Delicioso jardín mozartiano

Valencia

12 / 11 / 2019 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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Finta giardinera Una escena de la producción de Sophie Daneman © Palau de Les Arts / Mikel PONCE
Finta giardinera Lauren Lodge-Campbell interpretó a una cautivadora Serpetta © Palau de Les Arts / Mikel PONCE
Finta giardinera William Christie dirigió con sapiencia a Les Arts Florissants © Palau de Les Arts / Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Mozart: LA FINTA GIARDINERA

Mariasole Mainini, Lauren Lodge-Campbell, Deborah Cachet, Théo Imart, Moritz Kallenberg, Rory Carver, Sreten Manojlovic. Dirección: William Christie. Dirección de escena: Sophie Daneman. 10 de noviembre de 2019.

No es habitual que el Palau de Les Arts contrate una compañía foránea para llevar un título a escena. El teatro tiene medios de sobra para ofrecer versiones de calidad de la música del siglo XVIII y, de hecho, ha colaborado con directores historicistas como Fabio Biondi (que fue titular), Federico Maria Sardelli u Ottavio Dantone, entre otros. No obstante, la calidad que siempre ofrece Les Arts Florissants y su fundador, William Christie, justifica su inclusión en la programación, más todavía al tratarse de una obra poco habitual como es La finta giardiniera.

"Sophie Daneman resultó ser una auténtica virtuosa a la hora de dar dinamismo a la escena, mimando cada detalle, incluidos los gestos de los intérpretes con lo que firmó un espectáculo simplemente delicioso"

Esta producción provenía del festival Dans les jardins de William Christie y esta era la única actuación en España dentro de una gira internacional. El espectáculo se ofreció semiescenificado y contaba con cantantes jóvenes que están empezando su carrera. La partitura se presentó con importantes cortes y se redujo en más de una hora respecto a la duración habitual de manera y no llegó a las dos horas. Las eliminaciones más significativas se efectuaron sobre los recitativos, algo comprensible hasta cierto punto, pues, como todos los grandes estudiosos de Mozart señalan, el libreto de Giuseppe Petrosellini es de los más flojos de toda la obra mozartiana; y no aporta gran cosa. Sin embargo, también se suprimieron algunos números musicales; tal y como confirmó el propio teatro, se eliminó el número 8 del primer acto, junto con alguna repetición y alguna sección del final. Del acto segundo se eliminaron hasta seis números, y tres del tercero.

La propuesta escénica incluyó elementos ornamentales que transportaban al espectador a un bucólico jardín. Sophie Daneman resultó ser una auténtica virtuosa a la hora de dar dinamismo a la escena, mimando cada detalle, incluidos los gestos de los intérpretes con lo que firmó un espectáculo simplemente delicioso. En los mismos parámetros se movió la delicada, fresca, precisa y flexible dirección de William Christie, en cuyos gestos se podía adivinar el amor y el conocimiento que tiene de esta ópera.

Mariasole Mainini fue una Sandrina de voz cristalina, lírica y de fácil emisión con la que firmó una elegante interpretación. Sin embargo, por algún problema, sea una simple flema o una falta de previsión en la administración del fiato, se le quebró la voz en una de las últimas frases de “Geme la tortorella”. La Serpetta de Lauren Lodge-Campbell fue irresistiblemente cautivadora, no solo por su impecable canto, sino también por sus gestos y movimientos que recogían toda la frescura y vitalidad que tiene esta música, obra de un compositor de 18 años. Nadie encarnó mejor ese espíritu que ella.

La Arminda de Deborah Cachet fue elegante y segura con una destacable presencia escénica. Ramiro fue interpretado por el contratenor Théo Imart que firmó una magnífica lectura con una voz de timbre claro y un perfecto dominio de la ornamentación. Moritz Kallenberg como Belfiore demostró tener unos importantes medios vocales, pero, sobre todo, supo solventar cada problema técnico (la obra presenta bastantes para un tenor), encontrando la solución más adecuada, incluso en algunas ornamentaciones en apariencia imposibles, como ocurre con ese staccato del dúo final. Por su parte, Sreten Manojlovic contribuyó con buen canto, carisma y simpatía al reparto como Nardo. Il Podestà fue interpretado por Rory Carver quien tampoco se quedó atrás y cuya interpretación solo tuvo como defecto cierta falta de claridad en la dicción en los fragmentos a modo de parlando o sillabato.