Debut triunfal de Lisette Oropesa en 'La Sonnambula'

Roma

16 / 04 / 2024 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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bellini roma Lisette Oropesa (Amina) © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
bellini roma Lisette Oropesa (Amina) y John Osborn (Elvino) © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
bellini roma Una escena de la nueva producción de 'La sonnambula' de Jean-Philippe Clrac y Olivier Deloeuil © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI

Teatro dell'Opera di Roma

Bellini: LA SONNAMBULA

Nueva producción

Lisette Oropesa, John Osborn, Roberto Tagliavini, Francesca Benitez, Monica Bacelli, Mattia Rossi. Dirección musical: Francesco Lanzillotta. Dirección de escena: Jean-Philippe Clarac y Olivier Deloeuil. 9 de abril de 2024.

Esta Sonnambula de la Ópera de Roma significaba el debut de Lisette Oropesa en uno de sus personajes preferido, pero que aún no le había sido nunca propuesto: su Amina no fue solamente ingenua y tierna como es representada habitualmente, sino también adornada de intensos y emocionantes momentos de melancolía, felicidad y dramatismo, lo que la convirtió en una mujer más auténtica y viva.

John Osborn (Elvino) confirmó su maestría técnica y el control estilístico ideales para el bel canto, a los que unió un calor interpretativo que antes no tenía, si bien sus agudos, aunque aún seguros, muestran ya alguna aspereza. Roberto Tagliavini, con su hermoso timbre cálido y rotundo de bajo cantante, fue un óptimo Conde Rodolfo, más amable y cordial que autoritario. Francesca Benítez se mostró perfectamente cómoda en el registro agudo en la parte de Lisa, aquí personaje central de la ópera gracias a la recuperación de su difícil aria, así como de otros cortes generalmente practicados en otras ocasiones. Finalmente, la Teresa de Monica Bacelli fue un auténtico lujo y lució también el Alessio del joven bajo Mattia Rossi.

"La Amina de Oropesa no fue solamente ingenua y tierna como es representada habitualmente, sino también adornada de intensos y emocionantes momentos de melancolía, felicidad y dramatismo"

Francesco Lanzillotta no tiene rivales en las óperas belcantistas, aun poseyendo un repertorio más amplio y variado, y dirigió con gran atención y sensibilidad demostrando que la sencillez de la orquestación de Bellini no debe confundirse con la banalidad. No se limitó al mero acompañamiento de las voces, ya que hizo de la orquesta un complemento fundamental de las amplias y espléndidas melodías bellinianas, que llegan a su perfección gracias a la aportación del colorido orquestal y de sus implicaciones dramáticas.

Directores de escena y autores de la escenografía y vestuario eran Jean-Philippe Clrac y Olivier Deloeuil, que trabajan bajo el nombre de Le Lab; como se lleva hoy en día, interpretaron la ópera en clave moderna: el pueblo alpino de la ambientación original pasaba a ser una sala con una gran plataforma central que podía convertirse en mesa, pista de baile o alcoba. En las paredes aparecían imágenes en televisión con escasa relación con lo que sucedía en escena y que frecuentemente se antojaba indescifrable. No obstante la divergencia, frecuente en las actuales producciones, el espectáculo no llegó a desvirtuar el significado de La Sonnambula con su propósito de iluminar la psicología de los personajes o la complejidad de sus relaciones, pero no siempre el objetivo se consiguió y a menudo se perdió en soluciones discutibles o superfluas. En cualquier caso, el público pareció poco generoso con sus protestas, que, en cambio, aplaudió con entusiasmo la espléndida ejecución musical.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL