“Debe ser muy aburrido vivir en este lugar”, dijo Onegin

Toulouse

01 / 07 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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toulouse chaikovsky La nueva producción de 'Evgene Onegin' de Florent Siaud © Opéra national Capitole
toulouse chaikovsky La nueva producción de 'Evgene Onegin' de Florent Siaud © Opéra national Capitole
toulouse chaikovsky La nueva producción de 'Evgene Onegin' de Florent Siaud © Opéra national Capitole

Théâtre du Capitole

Chaikovsky: EVGENI ONEGIN

Nueva producción

Stéphane Degout, Valentina Fedeneva, Eva Zaïcik, Bror Magnus Tødenes, Andreas Bauer Kanabas, Juliette Mars, Sophie Pondjiclis, Carl Ghazarossian, Yuri Kissin. Orquesta y Coro de la Opéra national du Capitole. Dirección musical: Patrick Lange. Dirección de escena: Florent Siaud. 28 de junio 2024.

Con el jardín que daba acceso a la casa sobre el tejado, dejadas de lado las leyes de la perspectiva, Romain Fabre propuso una escenografía original de la casa de Larina en esta nueva producción de Evgeni Onegin para la Opéra national Capitole de Toulouse. En su interior, una enorme biblioteca, un sencillo comedor, un tresillo y un caballete de pintura. Ello subrayó el primer comentario, poco afortunado, de Onegin al llegar en aquel solitario lugar de la inmensa Rusia: la familia se aburría. Por si quedaba alguna duda sobre el lugar, completó el cuadro la presencia inesperada de unos popes aderezados con vistosas casullas purpúreas venidos, se supone, para bendecir la reciente cosecha. Para describir los demás lugares de la acción el escenógrafo simplificó los ambientes pero mantuvo con firmeza sus esencias.

Florent Siaud dirigió a los intérpretes con buen conocimiento de cada personaje y dio cuenta tanto del petimetre de Onegin, relativamente fácil de comprender, como el de la compleja Tatiana. No escatimó tramas secundarias en segundo plano para centrar la acción principal, ni gestos precisos para mejor definir los personajes de segundo orden. En esencia, en todo caso, se interesó principalmente por la protagonista, verdadera heroína de la truculenta historia de final nada romántico.

Desde el podio, Patrick Lange impuso tensión y volumen a la extraordinaria orquesta del Capitole. Ello realzó —algo más de lo debido— el valor de las masas corales —Gabriel Bourgoin—, dio fe de la calidad de las introducciones y de las transiciones sinfónicas y apoyó con justicia musical los elocuentes silencios de los personajes en momentos de tensión. Sin embargo, el chef no supo, o tal vez no quiso acompañar debidamente a los cantantes: solo Tatiana lo desafió con éxitoen su inigualable interpretación de la escena de la carta y Lensky obtuvo la venia del director para interpretar en pianísimo su aria de entrada. La opción del maestro obligó a los cantantes aumentar el volumen de sus emisiones y con ello menguar el valor melódico y el carácter lírico de su canto.

"El barítono francés Stéphane Degout mantuvo el carácter pasivo del personaje contra viento y marea durante los primeros actos. Esperó la escena clave del desenlace para mostrar de lo que era capaz"

Stéphane Degout —Onegin— fue el mayor dañado de las opciones del foso; el barítono francés mantuvo el carácter pasivo del personaje contra viento y marea durante los primeros actos, esperó la escena clave del desenlace para mostrar de lo que era capaz y en la expresión de su amor tardío, desesperado, porque así lo pedía el rol en aquella situación, sobrepasó la potencia de la orquesta. Valentina Fedeneva —Tatjana— lo había ya realizado en la citada escena de la carta, en la que, aun no siendo su intervención de un academicismo consumado, asumió el papel de la joven enamorada con brío, con un desesperado entusiasmo tal que puso la orquesta en su lugar e hizo vibrar la sala del Capitole. Bror Magnus Tødenes —Lensky— centró su actuación en la recitación de sus dos arias; tenor de voz potente, de timbre pálido, agudos fáciles y emisión cristalina, también resultó poco audible en el registro grave, pero respetó la prosodia rusa aunque ni su enfado con Olga, ni su disputa con Onegin convencieron. Eva Zaïcik —Olga—, del todo oprimida por la orquesta, se limitó a mostrar alegrías y desencantos a través de su trabajo dramático.

El público, era de esperar, aplaudió con efusión a Andreas Bauer Kanabas, un Gremin que, creyendo ser el propio zar Boris, pronto se desentendió de la situación teatral y se instaló en el centro de la escena (los demás personajes quedaron al fondo) para explicar al público sus vivencias. Se apreció la breve intervención de Sophie Pondjiclis, la fiel Filipevna, explicando a Tatiana sus historias de juventud, como fueron aplaudidas las actuaciones de Juliette Mars como Larina por su elegante dicción y la de Carl Ghazarossian gracioso Monsieur Triquet.

Diez bailarines a las órdenes de Natalie van Parys ejecutaron con celo y gracia los bailes, populares y no, alternando gestos clásicos con otros de ballet moderno. Con ello aportaron algún momento de distracción indispensable para endulzar algo la sórdida historia salida del entrañable poema de Aleksandr Pushkin y puesta en música por un Chaikovsky más inspirado que nunca. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL