CRÍTICAS
NACIONAL
David Menéndez, magisterio camerístico en Can Tàpera
Sant Agustí
Festival MallorcÒpera
Recital de DAVID MENÉNDEZ
Obras de Vázquez del Fresno, Terrón, Fernández, Toldrà, Mompou, Miquel Ortega, Falla, Obradors y Mozart. Francesc Blanco, piano. 3 de julio de 2026.
La canción de concierto española, en su perpetua dialéctica entre el sustrato de tradición oral y la estilización académica, exige de sus intérpretes un rigor analítico, así como una ductilidad técnica que rara vez se encuentra. El recital ofrecido por el Festival MallorcÒpera el pasado 3 de julio, llamado Entre allò popular i allò culte, resultó ser un hito de solvencia idiomática. El barítono y maestro de canto David Menéndez y el pianista Francesc Blanco articularon un discurso sonoro de gran coherencia estilística, transitando desde el folclore armonizado hasta la canción lírica de cámara. El abordaje de este repertorio requiere un escrupuloso cuidado de la prosodia, y es aquí donde David Menéndez dictó una verdadera lección de canto: el cantante asturiano ostenta un instrumento de centro rotundo y esmalte aterciopelado, fundamentado en un appoggio férreo que le permite una homogeneidad tímbrica impecable. Su fraseo, deudores de un legato cincelado, se puso al servicio del texto con una dicción exenta de artificiosidades.
Desde las obras de Vázquez del Fresno (En tu jardín entré, Ñublina) y las páginas de Terrón y Fernández, Menéndez transmitió una comprensión profunda de la agógica del género, huyendo del costumbrismo fácil. La réplica desde el teclado la ofreció un Francesc Blanco, que tejió un tapiz de texturas, destacando por una pulsación perlada y una inteligente gestión del pedal de resonancia, vital para mantener la claridad de los planos sonoros. Su momento de piano solo fue un ejercicio de elegancia discursiva.
El núcleo del programa supuso un desafío de contrastes estilísticos resuelto con brillantez. En el bloque dedicado a Eduard Toldrà, el barítono desplegó un canto spianato, capturando el lirismo luminoso y la estética noucentista del compositor (No llores niña, La bamba). En las antípodas expresivas, la aproximación a La pastoral de Frederic Mompou requirió una paleta de dinámicas en mezza voce y sutiles pianissimi, donde el piano de Blanco expuso las célebres «quintas vacías». El ciclo de Miquel Ortega (Mi corazón no puede con la carga, Romance de Don Perlimplín, Memento) exigió al cantante abandonar la contención para adentrarse en una declamación. Menéndez demostró aquí un instinto dramático, resolviendo las tensiones armónicas y los saltos interválicos del lenguaje más contemporáneo con solidez.
El cierre oficial recaló en la cumbre del nacionalismo de Manuel de Falla. En piezas como El paño moruno o la Jota, Menéndez hizo alarde de un squillo penetrante, sorteando las inflexiones melismáticas con precisión. La velada culminó con Del cabello más sutil de Ferran Obradors. Como encore, los intérpretes quebraron las fronteras del Lied para adentrarse en la dramaturgia bufa operística. La interpretación del célebre duettino «Là ci darem la mano» de Don Giovanni (Mozart) sirvió para presentar en escena a Paula Riera y Nadia Akaárir. Ambas voces femeninas aportaron una frescura tímbrica que empastaron a la perfección con la nobleza vocal del barítono. El juego de acentos, la agilidad en la coloratura y la gracia teatral del trío redondearon una velada que conjugó con maestría la erudición con la emoción. * Eugenia GALLEGO, corresponsal en Mallorca de ÓPERA ACTUAL
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