Daniele Gatti dirige un Bellini conmovedor

Roma

29 / 01 / 2020 - Mauro MARIANNI - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena de la austera producción de Denis Krief © Teatro dell'Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Mariangela Sicilia y Vasilisa Berzhanskaya, como Julieta y Romeo © Teatro dell'Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
La aplaudida Julieta de Mariangela Sicilia junto al Fra Lorenzo de Nicola Uliveri © Teatro dell'Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Teatro dell'Opera

Bellini: I CAPULETI E I MONTECCHI

Mariangela Sicilia, Vasilisa Berzhanskaya, Iván Ayon Rivas, Nicola Ulivieri, Alessio Cacciamani. Dirección: Daniele Gatti. Dirección de escena: Denis Krief. 23 de enero de 2020.

Daniele Gatti decidió volver a dirigir las óperas del período belcantista con las que había iniciado su carrera y escogió I Capuleti e i Montecchi de Bellini, expresión purísima del estilo al que representa. Aparentemente el director debería aquí limitarse a acompañar a los cantantes, lo que es ciertamente fácil cuando acepta conformarse con la rutina, pero es mucho más difícil cuando se trata de encontrar los tempi, las dinámicas y los colores justos para que la orquesta se transforme en un impalpable halo sonoro que rodee y sostenga a las voces. Todo esto lo hizo Gatti de manera perfecta y así la serie ininterrumpida de tres largas cavatine y un dúo más largo aun en el primer acto no solo no resultó monótona, sino que se transformó en una continua maravilla que extasió al público, que hubiera querido que aquello no acabase nunca. Este gran director no cayó nunca en la tentación de erigirse en protagonista más allá de lo necesario, pero en las escenas más complejas empuñó discretamente el timón para conseguir al final del primer acto y en todo el segundo una coherencia musical y una profunda intensidad dramática que conducirían necesariamente al conmovedor final.

"La encantadora voz de la joven Mariangela Sicilia sirvió de manera ideal los momentos líricos y extáticos de Giulietta en el primer acto y acrecentar su dramatismo en el segundo"

Los cantantes, por su parte, estuvieron perfectamente a la altura de las exigencias belcantistas. La encantadora voz de la joven Mariangela Sicilia sirvió de manera ideal los momentos líricos y extáticos de Giulietta en el primer acto y acrecentar su dramatismo en el segundo, aunque sin caer en ningún momento en excesos ajenos al estilo. Vasilisa Bezhanskaya hizo alarde de un hermoso timbre oscuro en la cavatina de Romeo en el acto primero, todo un caballo de batalla para las grandes contraltos, y se superó aún en los pasajes líricos y en el trágico final, que dejó a los espectadores admirados y conmovidos.

Iván Ayon Rivas cantó Tebaldo con un hermoso timbre en plenitud pero también con delicadeza, exhibiendo una buena técnica aunque no sea todavía perfecta. Muy bien en los papeles de compromiso menor tanto Nicola Ulivieri (Fra Lorenzo) como Alessio Cacciamani (Capellio).

De la vertiente escénica no hay mucho que decir. Denis Krief, autor de la puesta escena, de la escenografía, el vestuario y el diseño de luces, optó por la máxima sencillez, en la misma línea adoptada por la dirección musical, pero que su caso se quedó en la banalidad las más de las veces. Muy pobre el decorado único, que mostraba un patio con pórtico realzado en contrachapado, y poco atractivo el vestuario, especialmente el del coro, dando la impresión que se estaba viendo un ensayo y que todos llevasen sus vestidos de diario. En el primer acto los intérpretes parecían haber sido dejados a su propio arbitrio y se refugiaron en una actuación convencional, pero las cosas mejoraron en el segundo, donde sí se llegó a la esperada simplicidad, pero esta vez en el mejor de los términos.